Opinión | 05:28
¿Qué ocurre en el Partido Justicialista?
Axel Kicillof versus La Cámpora: la interna que puede definir el futuro del peronismo
El justicialismo aún no sabe a qué jugar.
Por Ulises Catriel Cuenca
La discusión más decisiva dentro del peronismo hoy no pasa solamente por la oposición a Javier Milei, sino por una pelea de fondo que ya ordena casi todo el tablero interno: la tensión entre el gobernador bonaerense Axel Kicillof y La Cámpora.
Ese conflicto, que combina poder territorial, liderazgo, identidad y proyección nacional, se volvió la verdadera disputa por la herencia del kirchnerismo.
Por un lado, Kicillof intenta consolidarse como una figura con volumen propio. No es un dato menor. El gobernador bonaerense dejó de ser solamente un hombre de confianza del núcleo duro del kirchnerismo para transformarse en un dirigente con peso institucional, presencia territorial y capacidad de hablarle a sectores del peronismo que no se sienten cómodos con la lógica más cerrada de La Cámpora (LC).
Su desafío, sin embargo, es enorme: crecer sin romper del todo, diferenciarse sin quedar aislado y construir autoridad sin ser leído como un factor de división.
Del otro lado aparece La Cámpora, que no resigna su papel central en la estructura política y simbólica del espacio. La organización que conduce Máximo Kirchner sigue siendo una de las piezas más influyentes del universo kirchnerista y busca preservar la conducción ideológica del espacio, además de controlar resortes clave de poder.
En esa lógica, la disputa con Kicillof no es solamente por nombres o cargos: es por quién interpreta mejor el legado de Cristina Fernández de Kirchner y quién queda en condiciones de ordenar el día después.
El Partido Justicialismo (PJ) bonaerense es una de las llaves de esa pulseada. El control de la estructura partidaria en la provincia más grande del país no es un detalle administrativo, sino una herramienta estratégica para cualquier proyecto que aspire a liderar el peronismo. Ahí se cruzan intendentes, dirigentes territoriales, terminales legislativas y espacios de poder que pueden inclinar la balanza.
Para Kicillof, ganar autonomía en ese terreno significaría dejar de depender de la tutela camporista. Para La Cámpora, conservar ese espacio es una forma de seguir marcando la agenda del peronismo bonaerense.
En el medio aparece Sergio Massa, que mantiene una relación de equilibrio inestable con ambos sectores. El ex ministro de Economía conserva su propia estructura, su experiencia de armado y su capacidad para intervenir como articulador cuando el peronismo necesita evitar una ruptura mayor. Massa suele moverse con pragmatismo: dialoga, contiene y espera. Pero también sabe que, en una interna tan sensible, cada definición puede reacomodar el mapa de poder hacia 2027.
Todo esto ocurre mientras el peronismo intenta resolver una pregunta más amplia: cómo construir un "anti Milei" que no quede encerrado en la nostalgia del pasado ni en la pelea interna permanente. Ese frente amplio, que algunos imaginan como una alianza de gobernadores, intendentes, sindicalismo, sectores del massismo y parte del kirchnerismo, todavía no tiene forma definitiva.
El problema es que para frenar a Milei no alcanza con sumar rechazo; hace falta ofrecer un liderazgo creíble, una narrativa clara y una renovación que no parezca una mera administración de viejas tensiones.
En ese escenario, la disputa entre Kicillof y La Cámpora no es un episodio más de la interna peronista. Es, probablemente, la gran discusión sobre quién manda, quién hereda y quién puede reconstruir una mayoría después de la crisis actual.
El peronismo sabe que necesita rearmarse. La incógnita es si podrá hacerlo sin partirse antes en la pelea por su propia sucesión.
