Opinión | Ayer
Debate encendido en redes y tensión social
La grieta nos salva de ser lo mismo que Galperin
La intervención del empresario en una discusión sobre la situación de una jubilada muestra que la grieta es moral.
Por Gustavo Zandonadi
Una publicación en redes sociales, firmada por el fundador de Mercado Libre, Marcos Galperin, generó una fuerte repercusión pública, aunque también sirve para demostrar que no somos todos iguales. Cuando alguien del otro lado tiene este tipo de actitudes, uno no puede más que celebrar la grieta, porque sería muy desagradable quedar equiparado a este individuo.
El episodio se originó a partir de la circulación de un contenido en el que una jubilada describe, con crudeza, las dificultades que atraviesa para afrontar gastos básicos, incluidos los medicamentos. La reacción del empresario fue interpretada, sin dudas, como una burla inadmisible.
El hecho puntual volvió a poner en el centro de la agenda una problemática estructural: las dificultades que enfrenta una parte significativa de la población pasiva para cubrir necesidades esenciales en el actual contexto económico.
¿Cuál es el límite? ¿Por qué habría que tolerar que alguien que tiene la panza llena, en buena hora, se burle de una persona que la está pasando mal? Lo de Galperin es, como mínimo, de muy mal gusto. Militar la crueldad de un régimen que redujo a quienes transitan sus últimos años a una situación miserable habla mucho de quien lo hace. Para decirlo con claridad, es algo que merece el más enérgico rechazo.
A decir verdad, nada puede esperarse de un “patriota” que se radicó en Uruguay para no pagar impuestos en la Argentina. Partiendo de una premisa falsa, que los impuestos son un robo, se llega a una conclusión equivocada: que la justicia social es aberrante. Lo dicen con una liviandad que los deja en ridículo.
La grieta es moral. La discusión es, cara a cara, entre quienes militamos la justicia social y quienes sueñan con que la Argentina vuelva a ser esa “potencia” que el doctor Juan Bialet Massé desnudó como nadie frente a Julio Argentino Roca. El 30 por ciento de la primera camada de conscriptos de la colimba fue rechazado por desnutrición. ¿Esa es la Argentina grande a la que quieren volver?
Un auténtico Señor Presidente, sí, en mayúsculas, dijo una vez que en la Argentina había hambre no porque faltaran alimentos, sino porque sobraba inmoralidad. Lo dijo hace cuarenta años, pero parece una definición escrita para el presente. Ese presidente fue el doctor Raúl Alfonsín, un caballero cuya memoria funciona como escudo frente a personajes de este tipo.
Internet es maravilloso, entre otras cosas, porque ofrece herramientas para expresar lo que sentimos de manera contundente. En medio de ese festival de libre expresión, vale citar aquella imagen que resume el sentimiento de muchos: “MENOS MAL QUE EXISTE LA GRIETA, SINO PARECERÍA QUE SOMOS TODOS COMO ESTOS...”.
