Opinión | 10/08
Reconfiguración del peronismo
El gran simulador
La disputa en el Senado dejó expuestas las tensiones entre el oficialismo, el kirchnerismo y los gobernadores, mientras José Mayans aparece como una figura capaz de articular una estructura de poder con proyección hacia 2027.
Por Nicolás Hourclé
La política argentina dejó esta semana una señal que merece ser observada con atención. No solamente por lo que ocurrió en el Senado, sino también por lo que puede estar comenzando a construirse detrás de una discusión legislativa que, en apariencia, terminó como una derrota del oficialismo.
Cuando el Gobierno impulsó modificaciones vinculadas con el régimen de extranjerización de tierras y el manejo del fuego, rápidamente apareció la resistencia política. El tema era demasiado sensible. Ningún sector quería quedar asociado a una decisión que pudiera interpretarse como una flexibilización sobre la propiedad de tierras argentinas.
El escenario empezó a complicarse en el Senado.
Patricia Bullrich necesitaba los votos para avanzar. El oficialismo buscaba mostrar fortaleza parlamentaria. Y Victoria Villarruel, como presidenta del Senado, tomó una decisión que terminó agregando un nuevo elemento a la disputa: habilitó el voto remoto de la senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti, quien no podía trasladarse debido a su avanzado embarazo.
Bullrich cuestionó el procedimiento y llevó la discusión a la Comisión de Asuntos Constitucionales, presidida por José Mayans.
Finalmente, Fernández Sagasti no participó de la votación y los capítulos referidos a la extranjerización de tierras y al manejo del fuego terminaron siendo retirados.
El resultado fue mucho más complejo que una simple derrota parlamentaria.
Javier Milei perdió la posibilidad de mostrar una victoria legislativa.
Patricia Bullrich tampoco consiguió imponer por completo su estrategia.
Victoria Villarruel quedó políticamente expuesta porque la decisión que había habilitado terminó sin producir el efecto esperado.
Y el kirchnerismo, aunque logró bloquear el avance del proyecto, quedó atrapado en una situación incómoda al haber impedido que una senadora embarazada pudiera participar de manera remota.
Pero mientras el oficialismo y la oposición se concentraban en la pelea visible, apareció otra dimensión del problema.
La política argentina tiene una larga tradición de dirigentes que entienden que el poder no siempre se ejerce desde el centro de la escena.
José Mayans pertenece a esa escuela.
No necesita grandes discursos ni exposición permanente para construir acuerdos. Conoce los tiempos del Senado, a los gobernadores y las necesidades de cada sector.
Y eso, en un escenario político fragmentado, puede convertirse en una herramienta de enorme valor.
Por eso resulta necesario preguntarse si lo ocurrido esta semana fue solamente una disputa puntual o si estamos viendo los primeros movimientos de una construcción política que todavía no tiene un nombre definitivo.
Porque hay algo que está cambiando.
El kirchnerismo ya no tiene la capacidad de ordenar automáticamente a todo el peronismo.
El Gobierno de Javier Milei tampoco tiene garantizada una mayoría propia para imponer su agenda legislativa.
Los gobernadores necesitan negociar.
Los senadores necesitan preservar sus territorios.
Y el peronismo tradicional comienza a buscar una alternativa que le permita sobrevivir más allá del liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner.
En ese escenario, Mayans puede convertirse en una pieza mucho más importante de lo que aparenta.
No necesariamente como candidato.
No necesariamente como conductor presidencial.
Sino como articulador de una estructura.
Una estructura que podría comenzar a hacerse visible durante 2027.
Y ahí aparece una pregunta que debería preocupar especialmente al peronismo bonaerense.
¿Dónde queda Axel Kicillof?
El gobernador de la provincia de Buenos Aires tiene territorio, estructura y capacidad electoral. Pero una candidatura presidencial requiere algo más que gobernar el principal distrito del país.
Requiere construir una mayoría nacional.
Requiere gobernadores.
Requiere dirigentes territoriales.
Requiere Senado.
Requiere sindicatos.
Requiere sectores productivos.
Y, fundamentalmente, requiere que buena parte del peronismo acepte que quien conduce puede hacerlo por fuera del esquema que durante años estuvo encabezado por el kirchnerismo.
Ese proceso todavía está abierto.
Pero sería un error pensar que el escenario presidencial de 2027 se va a definir solamente entre Javier Milei y el peronismo representado por Cristina Kirchner o Axel Kicillof.
Hay otros movimientos.
Hay dirigentes que todavía no muestran sus cartas.
Hay sectores que comenzaron a conversar entre sí.
Y hay una generación política que entiende que el próximo ciclo no se construirá necesariamente con las mismas estructuras del pasado.
Por eso llamo a esta dinámica El Gran Simulador.
Porque mientras algunos dirigentes muestran públicamente sus enfrentamientos, otros pueden estar construyendo acuerdos que todavía no tienen visibilidad.
Mientras algunos anuncian candidaturas, otros esperan.
Mientras algunos buscan protagonismo, otros acumulan poder.
Y mientras todos miran quién ganó la última votación, algunos ya están pensando en quién tendrá capacidad para ordenar el escenario que viene.
No afirmo que exista una estructura secreta.
Afirmo que existen movimientos políticos que todavía no muestran toda su dimensión.
Y que José Mayans puede estar jugando un papel importante en esa construcción.
Si esa estructura comienza a tomar forma durante 2027, habrá que observar quiénes se incorporan, quiénes quedan afuera y, sobre todo, quién termina ocupando el lugar que durante años ocupó el kirchnerismo dentro del peronismo.
Porque quizás la verdadera discusión no sea quién gana una votación.
Quizás sea quién queda en condiciones de construir el poder después de ella.
Y en política, muchas veces, quien parece haber perdido una batalla puede estar preparando la siguiente.
La pregunta es quién está jugando para ganar.
Y quién solamente está simulando que juega.
