Opinión | 19:22

Incómodo en primera fila

García Cuerva le habló al país, Milei tragó saliva

Con una oratoria elegante, García Cuerva expuso las miserias libertarias.

Por Gustavo Zandonadi

Hay momentos en los que una frase simple vale más que cien cadenas nacionales y mil posteos rabiosos escritos entre espasmos de ego. Monseñor Jorge García Cuerva lo demostró esta mañana. Su tribuna no fue otra que el Tedeum del 25 de Mayo, con Javier Milei sentado en primera fila y sin más remedio que quedarse quieto. Frente a ese presidente, que sin la soberbia que lo caracteriza queda reducido a la condición de un simple mortal, el religioso soltó un misil: “Basta de arengar la división y la polarización”.

El presidente tiene que entender que gobernar no es tuitear. Esto, claro está, no significa que no pueda expresarse, pero al menos debería hacerlo de manera más escueta y con un tono mesurado. ¿Alguien imagina cómo habría sido un perfil de Raúl Alfonsín en X? Puede gustar o no, pero el expresidente radical era un hombre que no le escapaba al debate y hacía oír su voz con firmeza, aunque siempre con respeto por la investidura presidencial y por los argentinos. Una cuenta de X en manos de Alfonsín sería una escuela en pequeñas dosis, mientras que en las de Milei se transforma en una cloaca.

Milei convirtió el insulto en método, el desprecio hacia quien piensa distinto en identidad política y la crueldad en un orgasmo político. Por supuesto, todo en nombre de una libertad que no es otra cosa que el desenfreno de un lumpen que encontró la oportunidad de su vida. El personaje desagradable que supo hablar de “ratas”, “mandriles”, “parásitos” e “hijos de puta” para referirse a todos, esta mañana estaba poniendo la otra mejilla. Eso sí, el lumpen no tuvo el coraje de responder, como sí lo hizo Alfonsín en el Tedeum de 1987.

García Cuerva hizo algo mucho más incómodo que gritar consignas: habló con sensatez. Lástima que en el mileísmo son muy pocos los que están en condiciones de comprender lo que eso significa. Frente a la idea planteada por el arzobispo de Buenos Aires, con un presidente enfermo de fanatismo, la sensatez aparece como un concepto revolucionario, por no decir subversivo.

Hoy quedó claro que el personaje anarco-rockstar de un Milei que vive en modo viaje de egresados, mientras millones de argentinos apenas sobreviven con salarios indignos, queda reducido a cenizas cuando se encuentra con alguien que tiene la hombría suficiente para decirle en la cara, al hombre que funge de presidente, lo que él y su entorno no quieren ver.

 

Lo más interesante de todo fue que el cura no cayó en la tentación de hablar para las cámaras de televisión ni predicó moral de sotana. Por el contrario, se metió en el barro de la política para cantarle la justa a un tipo de modales desagradables. En la Argentina de hoy, quizá para no incomodar a los trolls libertarios, verdaderos “comisarios del pensamiento”, faltan periodistas y dirigentes opositores que hagan lo mismo.

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