Opinión | 17:19
Pandemias, clima y control político
La ONU y el Apocalipsis
Pandemias, clima y crisis globales: ¿hacia un nuevo orden mundial?
Por Pablo Lenz
Después de analizar la reciente declaración política de las Naciones Unidas sobre prevención, preparación y respuesta frente a pandemias, los planteos de los doctores Mario Borini y Ramiro Salazar —resumidos aquí por razones periodísticas— y la información pública sobre geoingeniería e intervención ambiental, llegué a una conclusión inquietante: las grandes crisis de nuestro tiempo podrían estar convergiendo en una transformación profunda del orden político, económico y social.
Pandemias, conflictos bélicos, inestabilidad económica y emergencias climáticas aparecen como fenómenos diferentes, pero sus consecuencias pueden confluir en una misma dirección: mayor concentración de poder, más coordinación supranacional y creciente dependencia de estructuras tecnológicas y financieras alejadas del control directo de los ciudadanos.
La pregunta es quién administra las emergencias, quién define las soluciones y qué libertades quedan cuando la excepción comienza a convertirse en regla.
Para facilitar el análisis directo de las fuentes, el texto completo de la declaración de las Naciones Unidas se encuentra adjunto a este artículo. Su lectura permite contrastar los compromisos asumidos, las prioridades establecidas y los mecanismos de cooperación internacional con las interpretaciones desarrolladas en esta nota. Se incorpora como material de consulta para que cada lector pueda examinar el documento y formar su propio juicio.
La emergencia como instrumento de poder
La declaración de la ONU refuerza la cooperación internacional y el papel coordinador de la Organización Mundial de la Salud frente a futuras pandemias. La cooperación sanitaria es necesaria, pero también corresponde preguntar dónde termina la coordinación y dónde comienza la dependencia de decisiones tomadas en ámbitos alejados del control ciudadano.
La experiencia de la COVID-19 dejó restricciones, cierres, campañas de vacunación y controversias sobre la proporcionalidad de las medidas. Para algunos críticos, aquella pandemia fue instrumentalizada para acelerar cambios políticos y económicos. La seguridad de las vacunas, sus posibles efectos adversos y la transparencia de las decisiones públicas también deben formar parte de una discusión abierta, distinguiendo los riesgos médicos documentados de las afirmaciones que no cuentan con evidencia suficiente.
El problema de fondo no es prepararse para futuras emergencias, sino impedir que la emergencia se transforme en una justificación permanente para ampliar el poder.
El blindaje ideológico: la vulnerabilidad como arma política
Hay otro aspecto que considero significativo: la selección preferencial de mujeres, jóvenes y personas con discapacidad para participar en la defensa de determinadas políticas.
Desde mi interpretación, esa elección puede funcionar como una estrategia de legitimación. Si una posición queda asociada a colectivos históricamente vulnerables, quien la cuestione corre el riesgo de ser señalado como discriminador, homofóbico o enemigo de los derechos humanos. Así, el debate deja de centrarse en las pruebas y las consecuencias de una política para convertirse en un juicio moral contra sus críticos.
Ese es el blindaje ideológico: convertir la crítica a una política en una supuesta agresión contra las personas que la respaldan.
No se trata de cuestionar el derecho de esos colectivos a participar, sino de advertir sobre su posible instrumentalización política. La comparación con Hamas, acusado de utilizar infraestructura civil con fines militares, apunta a una lógica de aprovechamiento de la vulnerabilidad para condicionar la respuesta del adversario. Son escenarios diferentes, pero la analogía que propongo es la utilización de una protección legítima para elevar el costo político o moral de la oposición.
Cuando una posición no necesita ser defendida con argumentos porque basta con descalificar a quien la cuestiona, la libertad de debate comienza a deteriorarse.
El clima y la frontera de lo posible
El cambio climático se ha convertido en un eje central de la política internacional. A su vez, la geoingeniería abre interrogantes sobre la capacidad tecnológica de intervenir deliberadamente en procesos ambientales. Existen propuestas de intervención climática, pero su existencia no demuestra que los fenómenos extremos actuales estén siendo provocados intencionalmente.
El interrogante político, sin embargo, es ineludible: si esas capacidades avanzan, ¿quién decidirá cuándo y cómo utilizarlas? ¿Quién asumirá las consecuencias si una intervención perjudica a países que no participaron de la decisión?
Elon Musk ha planteado públicamente ideas sobre el uso de satélites y tecnologías de intervención a gran escala para influir sobre la temperatura terrestre. Peter Thiel, por su parte, ha advertido sobre el riesgo de un Estado totalitario de alcance mundial. Ninguna de estas declaraciones demuestra la existencia de un plan coordinado, pero ambas permiten introducir preguntas sobre el poder tecnológico y los límites de su control.
La preocupación no consiste únicamente en qué tecnologías existen hoy, sino en quién podría controlarlas mañana y con qué mecanismos de supervisión.
El Gran Reinicio
En 2020, Klaus Schwab impulsó el Great Reset, o Gran Reinicio, una iniciativa pública del Foro Económico Mundial que proponía repensar el sistema económico y social tras la pandemia.
Su existencia no demuestra por sí misma una conspiración mundial. Pero sí plantea una cuestión legítima: ¿quién define el modelo de sociedad hacia el que debemos avanzar? Cuando gobiernos, organismos internacionales, grandes empresas y actores financieros convergen en torno a sistemas de datos, salud, energía y tecnología, la transparencia y la rendición de cuentas se vuelven indispensables.
No hace falta suponer que cada crisis fue creada deliberadamente para advertir que sus consecuencias pueden ser aprovechadas para reorganizar la sociedad. La convergencia de intereses y la concentración de recursos también pueden producir transformaciones profundas.
El Apocalipsis como advertencia
El título de esta nota no pretende anunciar literalmente el fin del mundo. El Apocalipsis también puede entenderse como revelación: el momento en que aquello que permanecía oculto se vuelve visible.
Mi hipótesis es que las sucesivas crisis pueden estar acelerando una reorganización global que reduzca el margen de decisión de los ciudadanos y concentre poder en estructuras cada vez más difíciles de controlar. Para demostrar una coordinación deliberada entre todos esos fenómenos harían falta pruebas específicas; pero esa exigencia no debería impedir que investiguemos quién se beneficia de las transformaciones, qué intereses las impulsan y qué límites se imponen a quienes toman las decisiones.
La cooperación internacional puede salvar vidas; la ciencia puede resolver problemas y la tecnología puede mejorar nuestra capacidad de respuesta. Pero ninguna de ellas debe quedar exenta del escrutinio público.
La cuestión decisiva no es si debemos cooperar, sino bajo qué condiciones. No es si debemos proteger a los vulnerables, sino cómo impedir que esa protección sea utilizada para silenciar a los disidentes. No es si debemos prepararnos para futuras emergencias, sino cómo evitar que el estado de excepción se convierta en una forma permanente de gobierno.
Porque el peligro más profundo no consiste solamente en que exista un plan secreto. También consiste en que, bajo la presión de crisis sucesivas, terminemos aceptando como inevitables transformaciones que nunca tuvimos la oportunidad de debatir libremente.
Y cuando una sociedad deja de preguntar quién decide, en nombre de quién y con qué límites, lo que está en juego ya no es solamente el orden mundial. Es la libertad.
