Opinión | 17:27

Mirada crítica local

Ariel Aguilera cuestionó con dureza la gestión de Lucas Ghi en Morón

El concejal expuso una opinión cargada de críticas sobre la situación política, la seguridad, el funcionamiento del municipio y las internas del PJ local.

Por Ariel Aguilera

Los desafíos que afronta el Municipio de Morón son infinitos; la gestión socialista de Lucas Hernán Ghi llega al 2026 nuevamente sin presupuesto, con arcas municipales vacías, por efecto de años de falta de políticas claras y concretas, populismo, planes y crecimiento indiscriminado de la estructura estatal para ubicar a la llamada militancia.

El quiebre entre el intendente Ghi y su mentor político, Martín Sabbatella, ha planteado un constante estado de puja e incertidumbre interna sobre la continuidad del gobierno municipal y su dirección.

Sin lugar a dudas, la principal demanda de los moronenses se dirige hacia la gestión de seguridad, lo que ha llevado a los vecinos a generar reclamos públicos frente al Palacio Municipal, siendo la respuesta política el cambio de figurita a cargo de la Secretaría de Seguridad.

Los vecinos de Morón que caminamos y conocemos nuestras calles sabemos que el garantismo de Lucas Ghi no puede maquillarse ni ocultarse con un secretario que intenta, por medios de propaganda, demostrar que está combatiendo al delito. Nada es real. El montaje escénico y los excesivos videos que genera el Municipio sobre la materia no pueden tapar el sol. Los delitos en Morón son incesantes y se han cobrado gran cantidad de víctimas, pero el negacionismo de Ghi y su equipo es sorprendente, a pesar de que las mismas fuerzas policiales del distrito reconocen en el intendente un garantista y que el Poder Judicial hace lo suyo a la hora de liberar a los detenidos; un verdadero sistema que no incentiva el accionar policial.

El secretario de Seguridad, Damián Cardoso, creó en el año que está al frente del cargo una GUARDIA URBANA, que básicamente son personas con escasa o nula capacitación en seguridad, que caminan por las calles. Obviamente, al ser civiles, no portan armas, pero poco pueden hacer a la hora de combatir al delito. Lo único que generó la Guardia Urbana es el crecimiento de la planta municipal con sueldos miserables y nula gestión. Hace pocos días, los moronenses nos enteramos (y fue noticia a nivel nacional) que en uno de los Centros Descentralizados de Monitoreo (en el caso de Plaza Alsina, Villa Sarmiento), también creados durante la gestión de Cardoso, operaba la extorsionadora Karen Yael Cufŕe (perteneciente al Movimiento Evita, referenciado en la concejal Vanina Moro y el secretario de Desarrollo Productivo, Santiago Muñiz), quien habría utilizado las instalaciones del Estado municipal y, en vez de cumplir con su función de cuidar a los ciudadanos en su limitado monitoreo, integraba una banda extorsiva con delincuentes que operaban dentro y fuera de la cárcel. Dicha banda fue la encargada de inducir al suicidio, el pasado 16 de diciembre de 2025, al soldado Rodrigo Gómez (21), quien cayó en desgracia al ingresar a una app de citas manejada por esta banda delictiva. El soldado Gómez formaba parte del equipo de custodia de la Quinta de Olivos.

Los altos niveles delictivos de Morón no paran de crecer, es por eso que desde el Bloque TODO POR ARGENTINA logramos dictamen de mayoría en la Comisión de Seguridad Ciudadana, a través del Expte. 86920/25, para que el Sr. Intendente sea interpelado por seguridad por parte del Concejo Deliberante. Dicho expediente fue iniciado el 6/1/2025, a instancias del asesinato del vecino Franco Vera (22), acaecido el 2/1/2025, oportunidad en la que Vera regresaba a su hogar y, sin motivo, fue atacado a tiros por Patricio Correa, quien se encontraba en un búnker de drogas ubicado en la calle Santa Catalina 800 de Morón, lugar que operaba bajo la fachada de una verdulería. Ni el Municipio ni la Policía sabían que eso no era una verdulería, a pesar de las denuncias efectuadas por los vecinos de que allí funcionaba un búnker de narcomenudeo que generaba inseguridad en el barrio; lo cierto es que nadie del Municipio, de la Policía local ni del Poder Judicial se hizo cargo y los moronenses perdimos a un joven que ninguna conexión tenía con el mundo delictivo.

La próxima comisión que deberá tratar el expediente de solicitud de interpelación al intendente Ghi es la de LEGISLACIÓN y su resultado seguramente estará vinculado a las internas del PJ de Morón que se llevarán a cabo el próximo 15 de marzo, en la que, por primera vez, medirán fuerzas los candidatos del intendente y de su ex socio político, Martín Sabbatella. Es una disputa de larga data que comenzó con el reemplazo masivo por parte del intendente de dirigentes que ocupaban distintos cargos en el Departamento Ejecutivo Municipal y que responden a Sabbatella, lo que fue denominado por los propios como una verdadera “caza de brujas”. Otro escándalo que azotó la estabilidad del jefe comunal durante 2025 fue el vinculado al encubrimiento de la violencia de género y denuncias de gravedad que pesaban sobre el secretario de Legal y Técnica, Hernán Sabbatella (hermano de Martín y distanciado del mismo), que culminara en una licencia indefinida con el mantenimiento del salario, por una función que no cumple y que, con los tiempos judiciales, podría llegar a estirarse hasta el fin del mandato de su amigo Lucas Ghi. El sabbatellismo le había sacado a un alfil muy cercano al intendente y este no lo perdonó y fue por más funcionarios aliados a Martín Sabbatella: no quedó ni uno.

El concejal Aguilera ya había advertido en una sesión del 2025 que veía con claridad la intención de Ghi de disputar un mano a mano contra Sabbatella, opinión que no pasó desapercibida por algunos medios periodísticos que citaron parte de su discurso.

Una vez que el intendente se sacó de encima a quienes veía como adversarios internos por no comulgar con el Movimiento de Derecho al Futuro, comenzó a desligarse de la gestión, empoderando a su jefa de Gabinete, Estefanía Franco, a quien muchos visualizan como la verdadera titiritera. Una simbiosis similar a la que se visualiza a nivel nacional entre el presidente y su hermana Karina Milei; nadie votó a Franco ni a Karina, pero gobiernan desde las sombras en función de un poder delegado por sus titulares. Seguramente el caso de Estefanía Franco sea una suerte de carta que se juega Ghi para posicionarla como posible candidata de su espacio en 2027, en el caso de que la Legislatura bonaerense no habilite la reelección indefinida de intendentes, en cuyo caso Ghi quedará fuera de la contienda en la que Martín Sabbatella ya adelantó que se presentará como candidato en busca de la intendencia.

Yendo a lo inmediato, un triunfo del sabbatellismo en la conducción del PJ de Morón podría implicar una reestructuración del esquema político y reorganización de fuerzas dentro de la conducción comunal, incluyendo el avance en la interpelación y hasta en el pedido de comisión investigadora para el actual intendente.

El poco conocimiento de Ghi en el área de seguridad, su negación de las víctimas por hechos de inseguridad en el distrito, su frialdad y esquive ante los reclamos vecinales y su ferviente garantismo zaffaronista han trabado hasta el momento la concreción de la interpelación, pero tengo firmes esperanzas de que este año pueda concretarse si pierde las mencionadas internas.

Lucas Ghi es un intendente debilitado, sin rumbo, sin militancia, sin territorio ni afiliación partidaria, sin carisma ni entusiasmo, una especie de De la Rúa de izquierda. Él mismo se cataloga como kirchnerista, pero sigue los pasos del gobernador Kicillof, lo que implica una inexcusable contradicción.

Además del delito, Morón tiene basurales a lo largo y ancho del distrito, calles destruidas e intransitables, sin que en dos años se hayan efectuado reparaciones frente a los numerosos pedidos realizados por casi todos los bloques que integran el Concejo Deliberante.

El Hospital de Morón prácticamente no cumple la función sanitaria que justifica su existencia: existen largas colas de espera por turnos, falta de insumos, deterioro edilicio, falta de higiene, ratas que transitan por todas las instalaciones, techos que se caen a pedazos, baños sin funcionamiento, falta de mantenimiento y seguridad en todas las áreas, falta de reactivos, personal de la salud con sueldos que no alcanzan a cubrir la canasta básica y todo lo peor que uno se pueda imaginar de un servicio de salud. Es lamentable, pero es una realidad… nadie quiere atenderse en el Hospital de Morón por miedo a una mala praxis o contraer una enfermedad intrahospitalaria.

En cuestión educativa, los establecimientos presentan serias deficiencias edilicias que condicionan el desenvolvimiento tanto de los docentes como de los estudiantes.

Morón está envuelto en un verdadero caos político que puede recrudecer según cuál sea el resultado de las internas del PJ local el 15 de marzo.

En diciembre pasado, cuando la intendencia se atrasó en el pago de salarios de los trabajadores municipales, se generaron disturbios y, por boca de los propios trabajadores, salió el número de 9.000 empleados, de los cuales 6.000 serían ñoquis. Un dato alarmante que muestra cómo el socialismo parasita el Estado con cargos de militancia que nada hacen por mejorar las prestaciones que los vecinos pagan con sus tributos.

Actualmente existen reclamos de periodistas y comerciantes que son perseguidos por personal jerárquico de la Intendencia para silenciar sus quejas. A los periodistas no se les pagan las pautas convenidas y a los comerciantes se los aprieta con el clásico recurso del envío de inspecciones a sus locales.

El próximo 2 de marzo a las 10:30 hs el intendente Ghi se presentará ante el Concejo Deliberante para iniciar la apertura de sesiones ordinarias, pero su discurso estará cargado de tensiones, porque en primera fila estarán los dirigentes sabbatellistas del Partido Nuevo Encuentro que comanda Martín Sabbatella, con sus miradas atentas y expectantes a cada párrafo de su discurso; se viene la interna tan esperada y gestada por ambos dirigentes (Ghi - Sabbatella) y cualquier error, tanto para uno como para otro bando, puede ser decisivo y definitorio para quedarse con la presidencia del PJ Morón. Será un recinto colmado de alta tensión política y de militancia que, a esta altura, representa intereses totalmente opuestos. ¿Qué te pasa, Lucas Hernán Ghi? ¿Estás nervioso? Pero en política todo es posible y nadie puede garantizar una ruptura K del 100%, aunque ha corrido tinta y declaraciones explosivas de ambos lados del mostrador que, a esta altura, parecerían insuperables e irreconciliables, más aún cuando uno de los dos termine por definir su liderazgo. Lucas Ghi se juega la última ficha de esta ruleta política, que puede nivelar su gestión o llevarlo a la debacle final, después de la agonía que viene transitando; para Martín Sabbatella es mucho más que una interna: necesita sí o sí el triunfo para volver a posicionarse frente a su militancia, demostrarle con un hecho concreto a Lucas Ghi quién es el elegido para conducir y tratar de enfilar la tropa y, hasta quizás, volver a sumar gente naufragando en el mar del luquismo y comerle fichas en el Concejo Deliberante.

 

La decadencia del gobierno de Lucas Ghi está en su punto cumbre, con una caída de imagen que lo posiciona como uno de los intendentes del conurbano con los peores niveles de popularidad; su última esperanza es aferrarse a un triunfo en la interna del PJ Morón, ya que la derrota lo dejaría vacío de poder y sin capacidad de negociación, incluso con el propio gobernador Kicillof. Un gobierno que se diluye de a poco, como todo su discurso, su incoherencia, su falta de tacto político y empatía con los moronenses y los trabajadores municipales. El pueblo moronense está sufriendo el desgobierno de Ghi, pero nada será gratis para la mala praxis socialista que nos ha llevado a esta debacle como municipio; todo es cuestión de tiempo y la gestión de Ghi parece tener las horas contadas. Nada mejor para las nuevas fuerzas políticas que se sumarán a la discusión por acceder al poder municipal que se refuerce la conducción de Sabbatella, porque es la figura que representa al comunismo y polariza perfectamente por contraposición con el republicanismo; todos ya lo conocen, saben que es un ferviente seguidor de la condenada Cristina Fernández de Kirchner, que se ha cansado de reclamar por su libertad argumentando proscripción y falta de pruebas en su contra para ser condenada y permanecer detenida en San José 1111 CABA, que proclama su libertad desconociendo la gravedad del saqueo a los argentinos y la corrupción desplegada con métodos sistemáticos perfectamente definidos por la Justicia durante los años en que Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Alberto Fernández estuvieron en el poder (Martín finge demencia y lo hace muy bien); es un adorador de Hugo Chávez y su régimen totalitario que tanta muerte, miseria y migración ocasionó a los hermanos venezolanos, régimen que hoy está en retirada desde la captura y prisión en EE. UU. de su sucesor, el dictador Nicolás Maduro. Martín Sabbatella es portador de un discurso político monótono, chato, esquematizado, en el que siempre se refiere con añoranza a su paso por el municipio de Morón, a la condenada, a los grupos concentrados, grupos hegemónicos de poder y cualquier otro grupo que, en su pensamiento comunista, pretenda reducir poder estatista y afianzar las libertades individuales sin depender del Estado. Un personaje que nunca hay que subestimar: sabe cómo hacer territorio, adoctrinar y generar “conciencia de clase” para todos aquellos que están dispuestos a que su mente se alimente de las ideas marxistas de 1890. Cualquier ciudadano que se precie de republicano y democrático le quiere competir y ganar a Martín Sabbatella. Si trasladamos este panorama al ámbito futbolístico, el domingo 15 de marzo se define la semifinal: quien pase podrá jugar sus cartas en 2027 y, en esa oportunidad (muy lejana aún), se definirá el fin de una época marcada por la imposición, las peores prácticas políticas, el garantismo, la mala praxis de la gestión, el populismo, los sueldos de miseria para los trabajadores municipales, el abandono de escuelas y del Hospital Municipal, la inseguridad, el socialismo en su estado puro a costa de los contribuyentes, el control estatista, la excesiva burocracia, la militancia rentada, el súper Estado, el abandono del vecino y los espacios públicos, los privilegios políticos y el pan y circo. La batalla cultural de esta época indica que ni Lucas Ghi (o cualquier integrante de su fans club) ni Martín Sabbatella serán el camino a seguir para construir un Morón como el que soñamos todos los ciudadanos de bien. Las cartas están echadas, llegó el momento de las definiciones y la oposición tiene una responsabilidad histórica para ponerle cierre definitivo a una etapa de intendencias fracasadas.

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