Opinión | 19:09

Análisis económico histórico

Crónica de un saqueo reincidente: de las botas de Videla al desgobierno Milei

A medio siglo del inicio de la última dictadura, el texto traza un paralelismo entre el modelo económico de Martínez de Hoz y la actual gestión, señalando continuidades en el endeudamiento, la transferencia de recursos y el impacto sobre la estructura productiva y social del país.

Por Nicolás Hourclé

A 50 años del zarpazo genocida, la Argentina asiste a la resurrección de un cadáver económico que creíamos desterrado. No estamos ante un "ajuste" más; estamos frente a la consumación de un plan de negocios diseñado por el capital financiero transnacional, ejecutado por figuras que actúan más como liquidadores de una quiebra que como administradores de un Estado. Las simetrías entre el terrorismo económico de José Alfredo Martínez de Hoz y el fundamentalismo de Javier Milei y Luis Caputo no son casuales: constituyen la prueba de un hilo conductor que busca la disolución de la Nación Argentina.

  1. El fetiche del endeudamiento: el mecanismo de la "deuda eterna"
    El plan de 1976 utilizó la deuda externa como una soga al cuello para aniquilar la soberanía política. Martínez de Hoz recibió un país con un endeudamiento manejable de 7.800 millones de dólares y lo entregó con 45.000 millones, un salto del 350 por ciento que inauguró la era de la sumisión al FMI.

Hoy, la dupla Milei-Caputo opera bajo la misma lógica de "quemar las naves". Caputo, el "Messi" de las finanzas, que ya hipotecó el futuro del país a 100 años durante el macrismo, regresa para profundizar el abismo. Con un pasivo que ya roza los 400.000 millones de dólares, el actual gobierno recurre al endeudamiento no para la producción, sino para sostener una bicicleta financiera que habilita la fuga de capitales de sus propios aliados. Es el mismo asalto, solo que ahora se celebra en redes sociales.

  1. La socialización de las pérdidas: del 82 al Bopreal
    El punto de mayor obscenidad técnica de la dictadura fue la estatización de la deuda privada en 1982, bajo la firma de Domingo Cavallo. En aquel entonces, las obligaciones de las grandes corporaciones pasaron a ser pagadas por el pueblo argentino.

El gobierno de Milei ha perfeccionado este esquema. Mediante la emisión de los Bopreal, el Banco Central asume los pasivos en dólares de importadores y grandes empresas, transformando compromisos privados en deuda soberana. Mientras el discurso oficial pregona que "no hay plata" para comedores o universidades, el Estado se hace cargo de las facturas en dólares de las multinacionales. Es el mismo mecanismo de 1982, pero con un barniz de "transparencia de mercado".

  1. El genocidio industrial: la "plata dulce" vs. la apertura suicida
    Para Martínez de Hoz, la industria nacional era una anomalía que debía ser extirpada. La apertura indiscriminada de importaciones en los años 70 llenó el país de productos extranjeros, mientras las persianas de las fábricas bajaban definitivamente.

Milei ha radicalizado esta postura. Al combinar una recesión planificada, el tarifazo energético y la desregulación total del comercio, el objetivo es claro: convertir a la Argentina en una colonia proveedora de materias primas sin valor agregado. Si Martínez de Hoz pretendía un país de "servicios", Milei apunta a un enclave extractivista de litio, petróleo y granos, donde el trabajo argentino sea un costo descartable.

  1. La represión por hambre: el orden de los cementerios
    La dictadura disciplinó a la clase trabajadora mediante el terror y la desaparición. El actual gobierno libertario ensaya una variante: el disciplinamiento a través de la miseria. La licuación deliberada de las jubilaciones, el congelamiento de salarios y la destrucción del consumo interno buscan que el trabajador argentino acepte condiciones de esclavitud moderna por temor al desempleo.

No necesitan los Falcon verdes si pueden asfixiar al ciudadano mediante la inflación y la quita de derechos. El "protocolo antipiquetes" de Patricia Bullrich es el complemento necesario para este plan económico: saben que la única forma de que este modelo cierre es mediante la fuerza, porque la democracia y la justicia social son obstáculos para el saqueo que pretenden consolidar.

 

Conclusión

La historia no se repite, pero rima de forma aterradora. El plan Milei-Caputo representa la fase final de aquel proyecto que se inició en marzo de 1976. Es la transferencia de ingresos más violenta de la historia desde los sectores populares hacia la oligarquía financiera. Ante este escenario, la memoria no es solo un ejercicio del pasado, sino una herramienta de supervivencia nacional.

COMENTARIOS