Política | Ayer
Concejo Deliberante
Cuestionaron a Gustavo Pulti en la Banca 25 por la inseguridad y le reclamaron mayor compromiso
Durante el inicio de la quinta sesión ordinaria del Concejo Deliberante de General Pueyrredon, vecinos expusieron su preocupación por la inseguridad y lanzaron duras críticas contra Gustavo Pulti y la gestión bonaerense de Axel Kicillof.
La quinta sesión pública ordinaria del Concejo Deliberante de General Pueyrredon arrancó con los tapones de punta y la temperatura política tan alta que ni el viento del sur logró bajarla. Apenas se abrió el recinto, la Banca 25 se transformó en el escenario perfecto para que los vecinos descargaran toda la bronca acumulada, esa misma que llevan meses guardando en el pecho mientras los patrulleros pasan de largo y las cámaras de seguridad parecen decoración urbana más que herramientas de disuasión.
Los testimonios se sucedieron uno tras otro con la crudeza de quien ya no tiene nada que perder y todo para exigir. Madres que no dejan salir a sus hijos después de las ocho, comerciantes que cuentan pérdidas antes de cerrar la persiana y jubilados que duermen con un palo al lado de la cama describieron un escenario dantesco que, según denunciaron, es observado con indiferencia por quienes tienen la responsabilidad de dar respuestas.
El plato fuerte de la jornada llegó cuando en la exposición pusieron el dedo en la llaga y señalaron directamente a Gustavo Pulti como uno de los principales responsables de esta situación. Según trascendió durante la intervencion, el concejal habría soltado una frase que le costará caro en términos políticos y que expone con crudeza el alma de una política que prioriza el rencor por sobre la necesidad ciudadana.
El exintendente habría dado a entender que los barrios que no le brindaron su respaldo electoral no merecen su atención ni su compromiso, una confesión que cayó como un baldazo de agua fría sobre los presentes y que dejó al descubierto una lógica tan perversa como transparente.
Los vecinos, que llegaron al Concejo con la paciencia gastada y el miedo a flor de piel, no tardaron en responder a esta lógica electoral con la única herramienta que les queda en tiempos de democracia herida.
Sus intervenciones dejaron claro que la inseguridad no discrimina entre peronistas, radicales o libertarios, que los robos no preguntan afiliación antes de ocurrir y que los proyectiles no distinguen entre militantes de base y opositores furiosos.
Pero el reproche no se quedó en las fronteras de General Pueyrredon y alcanzó con toda su fuerza al gobernador Axel Kicillof, ese otro eslabón de la cadena peronista que también recibió su cuota de responsabilidad durante la sesión.
Los vecinos dejaron claro que la seguridad en la provincia de Buenos Aires es un problema que trasciende los límites municipales y que tanto Pulti como Kicillof comparten el mismo espacio político, la misma lógica de poder y, según parece, la misma incapacidad para dar respuestas concretas a una problemática que no hace más que agravarse con el paso de los meses.
La conexión entre ambos resultó inevitable y los expositores no dudaron en establecer el vínculo que los une, ese matrimonio político que en los papeles suena a alianza estratégica pero que en la práctica se traduce en una política compartida de la negligencia.
El kirchnerismo local, que hasta ahora había mantenido un perfil bajo frente a las críticas, se encontró de repente en el ojo de la tormenta sin poder esquivar los proyectiles que llegaban desde la Banca 25.
La relación entre Pulti y Kicillof, ese abrazo político que alguna vez prometió soluciones integrales para la provincia, quedó expuesta como un acuerdo tácito para repartirse responsabilidades sin hacerse cargo de ninguna. Mientras el gobernador mira desde La Plata con la distancia de quien sabe que el fuego no le quema directamente, el concejal intenta desviar la atención hacia su jefe político con la torpeza de quien no encuentra otra salida.
El problema, sin embargo, es que los vecinos ya no compran ese discurso y exigen respuestas concretas, patrulleros en la calle y una política de seguridad que no se mida en términos electorales sino en vidas tranquilas.
