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Gremiales
Después de años de silencio judicial, UATRE vuelve a quedar envuelta en una batalla que no logró cerrar
La decisión de la Corte Suprema reactiva un expediente que involucra denuncias por desplazamientos y presuntas irregularidades.
El expediente número 33651/2021 no se movió por casualidad ni por un repentino ataque de vocación republicana. Se movió porque el agua les llegó al cuello y hasta la esposa del principal implicado tuvo que sacar los pies del charco.
El Movimiento de Recuperación de la UATRE destapó la olla y lo que salió hirviendo es la foto de un sindicalista que se cree dueño de la justicia, un patrón de campo con nombre de estancia y una jueza que guardaba papeles como quien esconde facturas truchas.
José Voytenco, el mismo que se autoproclamó heredero de Momo Venegas y después lo borró del mapa como si fuera un error de tipeo, enfrenta ahora el momento más incómodo de su carrera de usurpador. Porque la causa que ganaron Dávalos, Castro y Petrochi contra el desplazamiento arbitrario que orquestó con el juez Baric de La Pampa, ese que falla como si el Código Procesal fuera un almanaque, había quedado enterrada en vida en el escritorio de Elenita Nolasco Highton.
Casada con Jorge Gianni, dueño de El Surco SA y socio silencioso de la movida, la señora hacía de archivera de la impunidad mientras el mono relojero seguía manejando la UATRE como si fuera un quiosco de su propiedad.
Pero la estrategia de guardar causas judiciales como quien guarda vino añejo tiene fecha de vencimiento. La vocalía número 4 ya tiene el expediente y Carlos Rosenkrantz, el cortista que suele desempatar, deberá mojarse.
Y ahí empieza el verdadero baile. Porque si el procurador Abramovich Cosarin ya se pronunció en noviembre del 2022 a favor de que el juicio vuelva al Juzgado Nacional del Trabajo número 43, la pregunta que retumba no es jurídica sino política: ¿van a dejar que la verdad corra o van a estirar el expediente hasta que se pudra de nuevo?
Porque el modus operandi de esta dupla siniestra tiene manual: pagar jueces de provincia, comprar fiscales como Marijuán, usar el Juzgado de Comodoro Py como si fuera una extensión de su mesa de luz. Pero la plata no compra todo y menos cuando el legado de Momo Venegas, ese viejo zorro del sindicalismo rural, pesa más que los bolsillos de un empresario que cree que puede manejar un gremio a control remoto.
Voytenco se comportó peor que Judas desde que Venegas y Ayala cerraron los ojos y eso no se lava ni con pericia judicial ni con silencios cómplices. Porque ser traidor es un oficio que se nota: se nota en la forma de purgar dirigentes, en la forma de esconder expedientes, en la forma de sentarse en un sillón que no te corresponde y hacerte el dueño de una historia que no escribiste.
La purga más salvaje que recuerde la UATRE, la OSPRERA y la RENATRE tiene nombre y apellido y ahora tiene una causa que se niega a seguir durmiendo la siesta eterna.
El MRU no baja los brazos y eso es lo único que le debe doler al mono relojero. Porque sabe que el despertador suena y que esta vez no hay juez de La Pampa que alcance para comprar otro sueño.
La verdad no triunfa por arte de magia, triunfa porque hay tipos que se cansaron de que les roben el legado, el trabajo y hasta la memoria de los viejos luchadores. Y contra eso, ni los mejores abogados pagos con cheques de campo.
Falta poco, dicen. Y cuando llegue, que se preparen los que creyeron que un expediente archivado era un título de propiedad.
