Opinión | 17:15
Rumbo a la Elección 2027
¿El Peronismo en su laberinto?
A casi un cuarto de siglo de la crisis de 2001 y de cara a la Elección 2027, el texto plantea una autocrítica frente a los oficialismos insensibles y reivindica al Justicialismo como Movimiento y Proyecto Nacional.
Por Mauricio Silva
Parece una pesadilla, pero fue real: se cumple casi un cuarto de siglo del colapso político, económico, social e institucional de la Alianza de 1999, por entonces la gran esperanza de los votantes de todo el país, que luego derivó en el "Cacerolazo", el "¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!", la Crisis de Diciembre de 2001, la acefalía y, finalmente, la delegación del poder presidencial en la máxima autoridad legislativa constitucional. Fiel a los calurosos diciembres, 2001 es un fantasma que cada año azuza a los oficialismos, es decir, a los partidos políticos clásicos o tradicionales conducidos por caducos personalismos de respaldo restringido, que subestiman el voto joven y, por lo tanto, excluyen innovaciones de avanzada, alternativas regeneracionales y alternancias institucionales. Esa exclusión, de origen multicausal, es la génesis errante de expresiones electoralistas de alto impacto en los comicios; pero gestionar es otra cosa. El fenómeno político-mediático-electoral nacional de 2023 es el indolente punto medio superador de las fuerzas de siempre y de su disociación de la realidad. La reiteración histórica interpela: cara al sentimiento fundacional, la visión de futuro coopera si y solo si existe un consenso prístino y vigente.
De las demandas clásicas o tradicionales y de las nuevas o emergentes surgen liderazgos auténticos: inmigrantes, estudiantes, trabajadores, personas con discapacidad, ambientalistas, desocupados y jubilados promueven realidades inclusivas de enorme relevancia. Sorda a sus consignas, la clase dirigente oficialista no encabeza, menos aún representa, poco convoca y nada conmueve. Indiferente y contrapuesta, resta y excluye. Para pesar social, esas fuerzas fomentan conducciones de jefes cortoplacistas que persiguen fines propios y votantes-consumidores que se disipan en el mismísimo acto eleccionario, en lugar de referentes con mirada de largo plazo que se potencian en la diversidad para una trascendencia conjunta o una sociedad generalizada.
Con la temporada veraniega cerca y la inminente Elección 2027, urge una autocrítica beneficiosa y de laceración plausible, que busque persuadir a propios y extraños que, con angustia y con razón, ejercen la prudencia del desencanto. Ese sentimiento se traduce en frustración y reafirma las mañas de lo fallido, que no deberían repetirse: oficialismos fracasados e insensibles.
Nos proclamamos Movimiento porque somos acción: táctica y estratégica, ejecución y conducción.
Empáticos y comprometidos, garantizamos igualdad de derechos, dignidad, trabajo y oportunidades para todos, especialmente para los vulnerables. Probados y reconocidos por nuestra gestión, estuvimos y estaremos para socorrer, sostener y respaldar a la Nación Argentina ante el mundo.
Como Movimiento Nacional y Regional, nos debemos a la generosidad: brazos en alto y palmas abiertas, extendidas hacia la humanidad. Tenemos todo; por eso, la República Argentina y el planeta nos necesitan: acá estamos, sólidos en nuestras convicciones y resueltos ante toda crisis o tensión.
Del Proyecto Nacional cuestionamos qué, cuál, cuáles, quién, quiénes, cómo, cuán, cuánto, cuándo, dónde y adónde, pero jamás el PARA QUIÉNES ni el PARA QUÉ: eso lo tenemos bien claro. Comprendemos que nuestros aciertos y errores se cobran o se pagan en su justa y armoniosa medida; que la imposición de jefes choca la calesita y que los liderazgos, como las sandías, se acomodan al andar. Y como conducir es persuadir y hacer es realizar, nos une el espanto: si estar cerca es muy bueno, estar juntos es mejor.
En el sincretismo espiritual de nuestros valores cristianos, la sensibilidad es el Camino, y la Victoria, Nacional: alegría, igualdad, derechos, oportunidades, independencia económica, soberanía política, bienestar, dignidad, gestión, resolución, obra pública, urbanización, servicios, producción, gobernabilidad, certidumbre, flexibilidad, Justicia Social, Patria, Educación, Salud, Seguridad, Defensa, Justicia, Trabajo, Interior y Exterior.
En la adversidad, nuestra virtud es la lealtad al PARA QUÉ y al PARA QUIÉNES, que resolvemos con diligencia en cada gestión. La salida está en nuestras manos, que acarician las del balcón que nos abrazó: Justicialismo, Movimiento y Proyecto Nacional.
Entonces, ¿laberinto?
Peronismo… superador.
VOLVER A VOS: Camino a la Victoria Nacional.
