Opinión | 20:21
Seguridad pública
El costo de la ceguera estratégica
La desarticulación de las áreas de inteligencia penitenciaria y el cierre de la Oficina de Enlace de General Pueyrredón son presentados como factores que debilitaron la prevención del delito y afectaron la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad en Mar del Plata.
Por Ariel Lallera
El delito urbano no nace en la calle, se gesta, coordina y multiplica tras las rejas de los penales. Cuando la inteligencia penitenciaria se apaga y las oficinas de enlace locales son desmanteladas, el impacto es inmediato en los barrios. La historia del modelo de seguridad de General Pueyrredón, la doctrina de Hugo Rascov, la articulación de Ariel Lallera y la crisis generada por la pérdida de la información estratégica en la principal ciudad turística de la provincia.
I. El epicentro oculto de la seguridad urbana
Durante años, la política de seguridad pública en Mar del Plata se pensó desde la lógica del patrullaje, la presencia policial en avenidas comerciales y la saturación preventiva. Sin embargo, los diagnósticos más profundos de inteligencia criminal demuestran que el verdadero termómetro del delito en el Partido de General Pueyrredón se encuentra dentro del sistema penitenciario.
Las cárceles no son depósitos pasivos de reclusos. Funcionan como nodos de transmisión de órdenes, articulación de redes de narcomenudeo, planificación de robos calificados y coordinación de evasiones. Sin una inteligencia penitenciaria ágil y profesional, las fuerzas de seguridad que actúan en la calle operan con una venda en los ojos, reaccionando tarde ante hechos que pudieron haber sido anticipados y neutralizados desde su origen.
II. Doctrina táctica, capacitación y el modelo D.A.I.
La efectividad de la inteligencia penitenciaria aplicada al territorio requiere capacidad operativa y rigurosidad técnica. Un pilar doctrinario fundamental en este campo fue consolidado por Hugo Rascov, cuya formación táctica al frente del Grupo Especial de Operaciones (GEO), durante eventos críticos como el motín de Sierra Chica, marcó un estándar en el manejo de crisis de alta complejidad.
Frente a la anarquía, la penetración de bandas en los penales y los picos de evasión, Rascov impulsó, en su rol operativo en la Secretaría de Información del SPB, la creación de una unidad táctica de élite que pasó a ser conocida popularmente como "Los Cazadores". Bajo la premisa de que el propio sistema debía asumir la responsabilidad directa de recapturar a quienes se fugaban de su custodia, esta unidad ejecutó operaciones de alta precisión que lograron la captura de 257 prófugos peligrosos en solo tres años y medio, destacándose por un uso medido de la fuerza y minimizando el impacto en la vía pública.
Esa experiencia evolucionó años más tarde con la puesta en marcha de la Dirección Provincial destinada al Análisis de la Información Penitenciaria (D.A.I.). Bajo la conducción de Rascov en el ámbito ministerial y en estrecha coordinación con la Dirección de Inteligencia del Servicio Penitenciario Bonaerense, la Policía provincial y agencias federales, la inteligencia penitenciaria trascendió la simple búsqueda de evadidos. El análisis de perfiles criminales, el ciberpatrullaje y el estudio de redes de contactos permitieron desarticular bandas dedicadas al tráfico de estupefacientes, la trata de personas y otros delitos complejos, sumando más de 800 detenciones estratégicas, que aliviaron de manera directa la presión delictiva en municipios clave como General Pueyrredón.
III. La Oficina de Enlace de Mar del Plata: vanguardia en gestión local
En línea con esta doctrina, Mar del Plata se convirtió en el escenario de una experiencia pionera: la creación de la Oficina de Enlace de Ejecución Penal de General Pueyrredón. La premisa era clara: el reingreso de prófugos, evadidos o infractores de beneficios procesales al circuito delictivo marplatense representaba una amenaza directa para la paz social y la industria del turismo.
Para neutralizar este fenómeno, la Oficina de Enlace diseñó un circuito cerrado de información y despliegue táctico en tiempo real que articuló a:
• La Fiscalía General y los Juzgados de Ejecución Penal.
• El Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB).
• La Policía de la Provincia de Buenos Aires (DDI).
• La Policía Local y el Centro Municipal de Operaciones (COM).
Este engranaje eliminó la burocracia administrativa. Cuando un detenido quebrantaba la prisión domiciliaria, rompía una tobillera electrónica o violaba una salida transitoria, el SPB aportaba de inmediato la ficha dactilar, el mapa de vínculos y el perfil de peligrosidad; el COM georreferenciaba los domicilios y las zonas de movimiento en Mar del Plata; y las patrullas desplegadas en el territorio ejecutaban la aprehensión antes de que el prófugo pudiera reinstalarse operativamente.
IV. La coordinación interagencial
El funcionamiento de un mecanismo tan complejo requería una articulación precisa. En este escenario, la labor de Ariel Lallera al frente de la coordinación de la Oficina de Enlace resultó clave para transformar la teoría operativa en resultados concretos para los vecinos de General Pueyrredón.
Lallera logró unificar criterios de actuación entre instituciones con dinámicas y culturas organizacionales muy diversas, como la Justicia, la Policía provincial, la Municipalidad y el Servicio Penitenciario. Bajo su coordinación estratégica se alcanzaron logros determinantes:
- Respuestas en tiempo real: transmisión instantánea de las alertas judiciales al Centro de Monitoreo y a las cuadrillas de patrullaje de Mar del Plata.
- Operaciones de alto profesionalismo: se estableció como norma de oro el desarrollo de aprehensiones incruentas. Los despliegues tácticos coordinados bajo su gestión permitieron recapturar a delincuentes de alta peligrosidad en plena vía pública marplatense "sin efectuar un solo disparo", protegiendo la vida de transeúntes y vecinos.
- Reducción de la impunidad local: la tasa de recapturas se convirtió en un indicador directo de efectividad, enviando un mensaje claro al crimen organizado que intentaba asentarse o refugiarse en la ciudad.
V. La disolución y sus consecuencias directas en la inseguridad marplatense
Sin embargo, las decisiones políticas de gestión terminaron por desmantelar este esquema. Se procedió a la disolución de la D.A.I., la desactivación de las áreas operativas de Inteligencia del Servicio Penitenciario Bonaerense y el cierre de la Oficina de Enlace en General Pueyrredón.
Las consecuencias de este desmantelamiento repercutieron con dureza en las calles de Mar del Plata:
• Pérdida de la alerta temprana: al cerrarse la Oficina de Enlace, la comunicación entre los juzgados y las patrullas locales volvió a los lentos canales administrativos en papel, otorgando días de ventaja a los delincuentes prófugos.
• Ceguera penitenciaria: el Servicio Penitenciario perdió la capacidad de analizar información e intervenir fuera de los muros, dejando de rastrear activamente a quienes evadían a la Justicia.
• Aumento del riesgo en los barrios: decenas de condenados por delitos graves que violaron sus prisiones domiciliarias o salidas procesales volvieron a operar impunemente en los barrios de General Pueyrredón, impactando en los índices de robos violentos y ajustes de cuentas.
La experiencia vivida en General Pueyrredón demuestra que la seguridad ciudadana no se resuelve únicamente acumulando patrulleros en las avenidas. La verdadera prevención exige inteligencia criminal, análisis de datos dentro del sistema penal y una coordinación interinstitucional eficiente en el territorio.
La doctrina desarrollada por figuras como Hugo Rascov y la capacidad de articulación demostrada por Ariel Lallera en la Oficina de Enlace dejaron un modelo claramente trazado. La posterior disolución de estas herramientas dejó a las fuerzas de seguridad sin información estratégica y expuso a la ciudadanía. Para Mar del Plata, recuperar la inteligencia penitenciaria y la integración interagencial no es un debate teórico, sino una necesidad urgente para devolverle la tranquilidad a sus calles.
