Opinión | 19:21
Análisis geopolítico
El escenario internacional: fragmentación y doctrina de fuerza
Un repaso por el escenario internacional, las elecciones de medio término en Estados Unidos y el avance de las nuevas derechas en América Latina en un contexto marcado por la fragmentación global.
Por Nicolás Hourcle
La geopolítica global ha dejado atrás la ilusión del multilateralismo para operar bajo una lógica de "realismo duro" y fragmentación económica.
La disputa bipolar realineada: el eje Washington-Pekín sigue siendo el principal motor de la tensión global. Sin embargo, la estrategia de las potencias ya no es únicamente comercial, sino que apunta a asegurar cadenas de suministro críticas, como semiconductores, litio y tierras raras, bajo el concepto de friend-shoring (comerciar solo con aliados confiables).
Seguridad por encima de la economía: los conflictos bélicos globales y las recientes demostraciones de fuerza militar por parte de Occidente en el hemisferio occidental evidencian que el Derecho Internacional está supeditado a las esferas de influencia. Las potencias actúan de manera unilateral cuando perciben amenazas a su seguridad nacional o a sus recursos estratégicos.
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Donald Trump y las elecciones de medio término en EE. UU.
Estados Unidos se encamina hacia sus cruciales elecciones de medio término (noviembre de 2026), un proceso que funciona como el primer gran referéndum sobre el segundo mandato de Donald Trump tras su victoria en 2024.
El control del Congreso en juego: los republicanos defienden mayorías muy ajustadas en la Cámara de Representantes y el Senado. Históricamente, el partido del presidente en funciones suele perder escaños en las elecciones de medio término, con un promedio de 28 bancas en la Cámara baja. El equipo de Trump batalla intensamente contra esta tendencia mediante estrategias agresivas de rediseño de distritos (gerrymandering) en estados clave como Texas, Ohio y Carolina del Norte para blindar sus números.
Polarización extrema: aunque Trump conserva un control férreo sobre las bases del Partido Republicano, sus índices de aprobación general enfrentan desgaste debido al rumbo de la economía y la agresividad de su política exterior. La oposición demócrata ve en estos comicios la oportunidad de bloquear su agenda legislativa y judicial durante los últimos dos años de mandato.
La proyección hacia el sur (Monroe 2.0): para América Latina, el resultado de estas elecciones determinará si la Casa Blanca mantiene el respaldo político y financiero a los gobiernos afines de la región. Una derrota republicana debilitaría la capacidad de Trump para ejecutar sanciones o sostener presiones diplomáticas bilaterales.
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El "experimento de la derecha" en América Latina
América Latina vive una resaca evidente de la llamada "marea rosa" (los gobiernos de izquierda de inicios de la década). El mapa regional se ha teñido de azul, aunque bajo una categoría muy distinta de la derecha tradicional de los años 90.
Hoy conviven dos corrientes principales dentro de este fenómeno:
A. La derecha disruptiva y populista
Modelos como el de Javier Milei en Argentina, basado en un shock libertario y una desregulación estatal extrema, o el de Nayib Bukele en El Salvador, centrado en la seguridad autocrática y el control territorial, representan la vertiente más radical.
El motor: no llegaron al poder por un amor ideológico de las masas hacia el libre mercado, sino por el voto de protesta. Son el resultado del hartazgo ciudadano frente a la inflación, la corrupción y el fracaso de las izquierdas para resolver la inseguridad.
B. La derecha moderada e institucional
Líderes como Luis Abinader en República Dominicana o Daniel Noboa en Ecuador representan un giro más pragmático y tecnocrático, enfocado en la estabilidad económica y la lucha contra el crimen organizado sin romper por completo los marcos institucionales.
El futuro inmediato del continente (elecciones clave)
El año 2026 será el de las grandes definiciones para el Cono Sur y la región andina. Los procesos electorales en Brasil, Colombia y Perú, además de la instalación del nuevo gobierno en Chile con José Antonio Kast, medirán si este giro hacia la derecha se consolida como un ciclo prolongado o si constituye otra oscilación del péndulo.
En Brasil, las fuerzas ligadas al bolsonarismo intentan capitalizar el desgaste del gobierno de Lula da Silva, mientras que en Colombia y Perú las plataformas de "mano dura" contra el crimen lideran el debate.
Conclusión: ¿cómo queda Latinoamérica?
El "experimento" de la nueva derecha enfrenta su mayor prueba de fuego: pasar de la retórica de campaña a los resultados de gestión.
Si estos gobiernos logran estabilizar las economías y reducir los índices de violencia sin destruir el tejido democrático, podrían consolidar una hegemonía conservadora para la próxima década, fuertemente alineada con la doctrina de seguridad de Washington.
Sin embargo, América Latina sigue siendo el "continente péndulo". El votante latinoamericano actual es marcadamente pragmático y joven; no tiene lealtades ideológicas fijas. Si la promesa de prosperidad económica de la derecha no se materializa en los bolsillos de la población en el corto plazo, el electorado castigará al oficialismo de turno, reiniciando el ciclo de inestabilidad política que caracteriza a la región.
