Opinión | 17:02
Sistema penitenciario
El modelo que baja la reincidencia
Los programas de formación, trabajo y acompañamiento dentro de las cárceles bonaerenses muestran resultados en la reducción de la reincidencia. Sin embargo, la superpoblación y la falta de infraestructura limitan su alcance.
Por Ariel Layera
El dato más importante de todo el contexto de encierro no es cuánta gente entra, sino cuántas personas no vuelven a ingresar.
La reincidencia en la provincia de Buenos Aires es del 29 por ciento. Casi una de cada tres personas que salen de la cárcel vuelve a ser detenida.
Ese número cambia cuando hay una intervención concreta dentro de los establecimientos penitenciarios.
El programa Espartanos es el caso testigo. Nació en la Unidad 48 de San Martín como un equipo de rugby y hoy está presente en 65 cárceles provinciales y nacionales. Combina deporte, espiritualidad, educación y trabajo. Además, mide resultados.
Entre quienes participaron de Espartanos, la reincidencia no alcanza el 29 por ciento, sino que es inferior al 5 por ciento. Uno de cada veinte vuelve.
No es el único modelo. Las cooperativas de liberados que surgieron dentro de las unidades penitenciarias y continúan funcionando afuera muestran el mismo patrón. Cuando hay acompañamiento laboral y sentido de pertenencia, la reincidencia disminuye.
El programa Más Trabajo Menos Reincidencia apunta a replicar esa lógica a gran escala. Actualmente, cuenta con 16.035 personas trabajando en nueve polos industriales. Todas cobran peculio, tienen un oficio certificado por el Ministerio de Trabajo y quedan registradas en una base de datos de empresas.
La Dirección de Acompañamiento a Liberados realiza el seguimiento fuera de las cárceles. Articula con el Patronato de Liberados y los municipios. El objetivo es garantizar que la actividad laboral iniciada durante el encierro tenga continuidad en cooperativas o empleos privados.
Entre 2020 y 2026 se incorporaron 32.000 internos a instancias de formación educativa y laboral. Representan más de la mitad de la población penitenciaria. Es la base para reducir la tasa del 29 por ciento.
El factor clave no es solamente aprender a fabricar un banco o coser un guardapolvo, sino también el régimen. Una persona que trabaja ocho horas, estudia y entrena no permanece todo el día en un pabellón superpoblado. Esto modifica la dinámica de la violencia interna y también la subjetividad.
Un pabellón donde se desarrollan actividades laborales registra menos sanciones, partes de indisciplina y consumo. El trabajo organiza el tiempo y aporta sentido.
Por eso, el contexto de encierro no se mide únicamente en plazas disponibles, sino también en horas de tratamiento efectivo. Una cárcel con 140 personas, de las cuales 60 trabajan y estudian, es distinta de otra con la misma cantidad de internos sin actividades para realizar.
El límite vuelve a ser material. Espartanos está presente en 65 cárceles, pero la Provincia cuenta con 74 establecimientos, y la reincidencia inferior al 5 por ciento corresponde a quienes participaron del programa. Por su parte, Más Trabajo Menos Reincidencia alcanza al 25 por ciento de la población.
Para que la tasa del 29 por ciento disminuya a nivel provincial, el modelo debe ampliar su cobertura del 25 por ciento al 100 por ciento. Esto requiere resolver el problema inicial: un déficit de 31.000 plazas y una superpoblación del 116 por ciento.
Sin espacio físico no hay talleres. Sin ellos, no hay trabajo. Y sin oportunidades laborales, la reincidencia no disminuye.
