Política | 06:45
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Fernanda Raverta, entre Máximo y Kicillof: el arte de jugar a 2 puntas sin romper con nadie
La senadora bonaerense busca conservar poder en Mar del Plata mientras mantiene diálogo con sectores enfrentados del peronismo.
La senadora bonaerense de La Cámpora (LC), Fernanda Raverta, quedó otra vez en el centro de la interna peronista bonaerense, pero no precisamente por una construcción ordenada o por una lealtad sin matices. Su nombre empezó a leerse como el de una dirigente que se mueve con demasiada comodidad entre 2 referencias que hoy compiten por el control político del Partido Justicialista (PJ) provincial: el gobernador Axel Kicillof y el diputado Máximo Kirchner.
En febrero de 2026, de hecho, Raverta integró la lista de unidad que llevaba a Kicillof al frente del PJ bonaerense y a Máximo Kirchner en la conducción del Congreso partidario, una foto que ya dejaba en evidencia la convivencia forzada entre ambos sectores.
El problema para Raverta es que esa doble pertenencia empieza a parecer más una maniobra de supervivencia que una definición política clara. Mientras el gobernador buscó consolidar su propio espacio con el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y ganó la mayoría de las internas partidarias en distintos distritos bonaerenses, la dirigente marplatense se aferró a su bastión local y logró imponerse en Mar del Plata con el respaldo del kirchnerismo duro.
Ese resultado la fortaleció en su territorio, pero también la dejó expuesta a una lectura incómoda: juega adentro de la estructura de Máximo, pero no se cierra del todo a los canales que abre Kicillof.
En política, esa ambigüedad suele presentarse como pragmatismo. Sin embargo, en Raverta empieza a tomar el aspecto de una estrategia de doble seguro: quedarse cerca de Máximo cuando conviene sostener la mística kirchnerista y, al mismo tiempo, no romper puentes con el gobernador para no quedar afuera de una eventual recomposición futura.
La interna bonaerense sigue atravesada por tensiones entre el kicillofismo y La Cámpora, y Raverta aparece como una de las dirigentes que mejor se acomodan a ese tironeo, aunque eso la deje cada vez más lejos de una conducción nítida y cada vez más cerca de la especulación.
En Mar del Plata, además, su poder se sostiene más por el control de la estructura que por una proyección amplia hacia la ciudad. Su sector impulsó a Daniel Di Bártolo para la presidencia del PJ local, y la interna quedó directamente asociada a su esquema de influencia.
En términos políticos, Raverta conserva volumen partidario, pero también acumula una imagen de dirigente que prioriza la táctica antes que la definición, el equilibrio antes que la coherencia y la supervivencia personal antes que una línea clara para la oposición local.
Por eso, la sospecha de que estaría jugando a dos puntas no surge de una certeza judicial ni de una prueba pública de traición interna, sino de su propia forma de moverse: siempre cerca del poder que la contiene, pero nunca del todo comprometida con una sola vereda. En el peronismo bonaerense eso puede servir por un tiempo; fuera de ese tablero, suele leerse como oportunismo.
