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Debate político

La vuvuzela sigue sonando en Mar Chiquita ¿pero alcanza con eso?

La imagen de Jorge Paredi y Fabián Jarquet durante los festejos por la victoria de la Selección reavivó cuestionamientos sobre las prioridades de la dirigencia frente a los problemas que atraviesan los vecinos de Mar Chiquita.

Las imágenes tienen un enorme poder simbólico. A veces dicen más que un discurso, un comunicado o una entrevista. La fotografía del senador Jorge Paredi celebrando la victoria de la Selección Argentina con una vuvuzela en la mano, rodeado de dirigentes y militantes, entre ellos Fabián Jarquet, delegado de Santa Clara del Mar y señalado por muchos como el dirigente que Paredi impulsa para suceder al actual intendente de Mar Chiquita, invita a una reflexión política que trasciende el fútbol.

Nadie puede cuestionar el derecho a celebrar un triunfo de la Selección. El fútbol une a los argentinos y genera momentos de alegría compartida. El inconveniente no es el festejo. La cuestión surge cuando quienes ejercen el poder parecen celebrar sin registrar el contexto que atraviesan miles de vecinos.

Mar Chiquita enfrenta desafíos concretos que forman parte de la conversación cotidiana. Los vecinos expresan preocupación por el costo de la energía eléctrica y señalan que las tarifas que paga el distrito se encuentran entre las más elevadas del sudeste bonaerense, pese a tratarse de una región comprendida dentro del régimen de zona fría, donde la calefacción deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad durante buena parte del año. A eso se suman las dificultades económicas de muchas familias, el crecimiento de la inseguridad y los reclamos por mayores recursos e insumos para la Policía Bonaerense.

En ese escenario, también resulta inevitable que algunos ciudadanos pongan el foco en la relación entre la política y la Cooperativa Arbolito. Diversos integrantes del gabinete municipal forman parte de la comisión directiva de la cooperativa eléctrica, una situación que, aunque pueda ser legal, genera interrogantes entre quienes esperan una clara separación entre quienes toman decisiones públicas y quienes administran un servicio esencial para toda la comunidad.

Las imágenes, entonces, adquieren otro significado. Muchos vecinos hacen cuentas para poder pagar la factura de la luz o enfrentan las dificultades propias de un invierno cada vez más duro, mientras la dirigencia aparece celebrando con una vuvuzela en la mano. No porque esté mal festejar un triunfo deportivo, sino porque la oportunidad y el mensaje que transmiten esas postales también forman parte de la responsabilidad política.

La política no se comunica solamente con discursos. También lo hace mediante gestos, prioridades y fotografías. Cada aparición pública envía un mensaje. Y cuando un dirigente ocupa un cargo institucional o aspira a gobernar un distrito, ese mensaje inevitablemente será interpretado por quienes esperan respuestas a problemas mucho más urgentes que un resultado deportivo.

Si Fabián Jarquet pretende convertirse en el próximo intendente de Mar Chiquita con el respaldo de Jorge Paredi, seguramente deberá convencer a los vecinos de que comprende cuáles son las verdaderas prioridades del distrito. Porque el debate no pasa por una vuvuzela ni por un festejo futbolero. Pasa por la sensación de que existe una distancia cada vez mayor entre la agenda de la dirigencia y la realidad cotidiana de quienes deben afrontar tarifas elevadas, salarios que no alcanzan y una creciente preocupación por la seguridad.

 

Las alegrías deportivas pasan. Las fotos quedan. Y muchas veces terminan convirtiéndose en el reflejo de una forma de ejercer la política. Mientras una vuvuzela sigue sonando, muchos vecinos esperan que también se escuchen otros reclamos: el de quienes no llegan a fin de mes, el de quienes necesitan seguridad, el de quienes sienten que pagan demasiado por un servicio esencial y el de quienes esperan que sus representantes estén más cerca de esos problemas que de una celebración circunstancial.

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