Editorial | 09:00

Cuando la "continuidad" fracasa

Operación Clamor

La gestión del interino Agustín Neme en Mar del Plata deja mucho que desear.

La política local se mueve por ruidos y urgencias: cuando los gobiernos transitorios acumulan errores, el clamor por un regreso conocido crece con la misma intensidad.

En ese sentido, la posibilidad de la vuelta del Guillermo Montenegro como intendente de Mar del Plata no aparece como un deseo vacío, sino como una operación política que toma fuerza ante la percepción de vacíos de gestión y contradicciones en el Ejecutivo municipal.

El diálogo público ya registra versiones y pronósticos que alimentan esa expectativa; voces tanto internas como externas hablan de una maniobra para volver a poner en escena a quien, hasta hace poco, fue el eje de la gestión local.

El interinato de Agustín Neme, a poco más de 2 meses de asumir, lidia con problemas concretos: un presupuesto que sigue trabado, designaciones que generaron rechazo y denuncias sobre el accionar de fuerzas municipales que avivan la controversia pública. Estas tensiones no son solo internas del Concejo: se reflejan en notas de prensa, en el reclamo de sectores sociales y en el desgaste comunicacional que achica el margen político para cualquier administración en formación.

Esa suma de fallos administrativos y resquebrajamientos institucionales explica por qué el regreso de un liderazgo sólido (o al menos familiar) suena hoy (y no por casualidad) como la solución más plausible para parte del electorado y de la coalición.

Pero volver a lo conocido tiene costos. La "Operación Clamor" prescinde de debates sobre renovación y se apoya en la lógica del remedio rápido: si la gestión actual se deshilacha, mejor traer de nuevo la figura que prometía orden.

Ese razonamiento, eficaz en titulares y en encuestas relámpago, puede profundizar la sensación de política circular en la que quien se va y quien vuelve parecen intercambiar roles sin reparar en autocrítica ni en cambios de fondo. Mar del Plata necesita soluciones estructurales (transparencia en el presupuesto, control sobre los cuerpos municipales y un plan claro para seguridad y obra pública) y no solo un recambio simbólico que calme coyunturas.

La ciudad y sus vecinos merecen que el debate se corra de las urgencias partidarias hacia decisiones verificables. Si efectivamente se concreta una maniobra que coloque a Guillermo Montenegro otra vez al frente, la pregunta central seguirá siendo la misma: ¿Será un regreso capaz de enmendar los errores que hoy se le imputan a la gestión interina, o nada cambiará salvo los nombres en la puerta del palacio comunal?

Hasta que quienes toman decisiones pongan por delante a la ciudadanía y no a la táctica, la "Operación Clamor" quedará, más que como solución, como síntoma del problema.

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