Historia | 09:42

¡De no creer!

Pol Pot, el dictador que convirtió a Camboya en un infierno y dejó una nación marcada por el genocidio

Prometió construir una sociedad perfecta y terminó convirtiendo a Camboya en un infierno: ejecuciones, torturas, hambre, trabajos forzados y persecución sistemática dejaron cerca de 1,7 millones de muertos bajo uno de los regímenes más brutales del Siglo XX.

Durante apenas cuatro años, Pol Pot y los Jemeres Rojos llevaron adelante uno de los experimentos políticos más brutales y devastadores del Siglo XX. Bajo la promesa de construir una sociedad revolucionaria, agraria y supuestamente igualitaria, el régimen de Kampuchea Democrática terminó provocando la muerte de aproximadamente 1,7 millones de personas, cerca del 21 por ciento de la población camboyana de la época.

Pol Pot, cuyo verdadero nombre era Saloth Sar, llegó al poder en abril de 1975 después de la victoria de los Jemeres Rojos en la guerra civil camboyana. Fue secretario general del Partido Comunista de Kampuchea y primer ministro de Kampuchea Democrática. El propio tribunal extraordinario respaldado por Naciones Unidas (ONU) estableció que ejerció el poder decisorio máximo dentro del régimen junto con otros integrantes de la cúpula.

Lo que siguió fue una pesadilla.

La revolución que prometía crear un supuesto paraíso igualitario terminó destruyendo ciudades, familias, instituciones, libertades y vidas humanas a una escala extraordinaria.

El delirante intento de crear una sociedad desde cero

Uno de los aspectos más radicales del proyecto de Pol Pot fue su intención de borrar prácticamente todo vestigio del pasado.

Los Jemeres Rojos pretendieron construir una sociedad rural y autosuficiente. Para conseguirlo, vaciaron las ciudades y obligaron a millones de personas a trasladarse al campo. Phnom Penh fue evacuada después de la llegada de los revolucionarios al poder, y una enorme cantidad de personas fue enviada a trabajar en cooperativas agrícolas.

La población quedó sometida a una economía de producción colectiva, jornadas extenuantes y objetivos agrícolas que frecuentemente resultaban imposibles de cumplir.

El resultado fue devastador: hambre, enfermedades, agotamiento y muerte.

La educación y el conocimiento también fueron vistos con sospecha. Los intelectuales, profesionales, religiosos y distintos sectores considerados vinculados con la antigua sociedad fueron perseguidos. Yale documentó que entre los grupos atacados estuvieron monjes budistas, minorías étnicas y sectores educados considerados "nuevas personas".

En nombre de la revolución, estudiar podía convertirse en una condena.

La paranoia como método de Gobierno

El régimen de Pol Pot no solamente persiguió a quienes consideraba enemigos externos. También desarrolló una obsesión enfermiza con los supuestos traidores infiltrados dentro de la propia revolución.

La dirigencia de los Jemeres Rojos comenzó a buscar enemigos en prácticamente todos los niveles del aparato estatal y partidario. Cuando determinadas regiones no alcanzaban los objetivos de producción de arroz, el sistema no necesariamente revisaba sus propias políticas: muchas veces buscaba culpables.

Esa lógica desembocó en purgas internas.

El propio tribunal camboyano estableció que Pol Pot participó en una empresa criminal conjunta destinada a llevar adelante una revolución socialista acelerada y defender al Partido frente a enemigos internos y externos "por cualquier medio". También determinó que ejerció el poder decisorio máximo, formuló la línea política del partido y ordenó purgas en la Zona Este.

La revolución terminó devorando a sus propios revolucionarios.

Torturas, prisiones y ejecuciones

Uno de los capítulos más estremecedores de aquella dictadura fue la creación de una red de centros de detención, interrogatorio y exterminio.

La prisión S-21, instalada en una antigua escuela de Phnom Penh y posteriormente conocida como Tuol Sleng, se convirtió en uno de los símbolos más terribles del régimen.

Allí los detenidos eran interrogados y torturados para obtener confesiones. Muchos eran acusados de ser agentes extranjeros o traidores aunque no existieran pruebas reales contra ellos.

El sistema represivo se extendió por todo el país.

Las investigaciones del Programa sobre el Genocidio Camboyano de Yale identificaron cientos de prisiones y sitios de fosas comunes asociados al régimen. El tribunal respaldado por Naciones Unidas investigó más de un centenar de lugares vinculados con los crímenes de los Jemeres Rojos.

El saldo humano fue monstruoso.

Aproximadamente 1,7 millones de personas murieron entre 1975 y 1979 como consecuencia de ejecuciones, hambre, enfermedades y trabajos forzados.

Persecución étnica y religiosa

La brutalidad del régimen tampoco fue exclusivamente política.

Los Jemeres Rojos persiguieron a minorías étnicas y religiosas, entre ellas la población vietnamita y los musulmanes cham. También fueron perseguidos los budistas.

En 2018, las Cámaras Extraordinarias de los Tribunales de Camboya determinaron judicialmente que el régimen había cometido genocidio contra la población vietnamita y contra la población musulmana cham en los términos específicos establecidos por las sentencias. Nuon Chea y Khieu Samphan fueron condenados a prisión perpetua por esos crímenes, además de otros delitos contra la humanidad.

Así, la supuesta revolución igualitaria terminó utilizando también la persecución étnica y religiosa como instrumento de poder.

El ataque contra Vietnam y la caída de Pol Pot

La paranoia del régimen también se proyectó hacia el exterior.

Las relaciones con Vietnam se deterioraron hasta desembocar en un conflicto militar. La documentación del ECCC señala que Pol Pot ordenó el ataque contra Vietnam en 1977 y que había formulado una política extremadamente violenta contra los vietnamitas.

En diciembre de 1978, Vietnam lanzó una invasión contra Camboya y, en enero de 1979, sus tropas tomaron Phnom Penh.

El régimen de Pol Pot cayó, pero el dictador no terminó inmediatamente tras las rejas.

Los Jemeres Rojos continuaron actuando como fuerza guerrillera durante años y Pol Pot permaneció vinculado al movimiento. Murió en 1998, a los 72 años, mientras estaba en libertad en la frontera entre Camboya y Tailandia. Según el ECCC, murió de una insuficiencia cardíaca.

Una tragedia sin justicia completa

Existe una paradoja particularmente amarga en la historia de Pol Pot: el hombre que encabezó uno de los regímenes más sanguinarios del Siglo XX nunca fue juzgado personalmente por el tribunal internacionalizado que décadas después investigó los crímenes de los Jemeres Rojos.

El propio ECCC advierte que Pol Pot no fue acusado ni procesado ante ese tribunal y que, por lo tanto, sus conclusiones no pueden presentarse jurídicamente como una condena personal contra él. Sin embargo, el tribunal sí estableció hechos sobre su papel en la dirigencia del régimen y su poder dentro de la organización.

Los juicios posteriores permitieron, en cambio, condenar a otros altos dirigentes. Las investigaciones judiciales concluyeron que los Jemeres Rojos habían cometido genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.

El legado de una pesadilla

Pol Pot dejó detrás una Camboya devastada.

Su experimento político convirtió la ideología en una excusa para destruir derechos elementales, someter a la población al trabajo forzado, perseguir a quienes pensaban diferente y convertir la sospecha en una herramienta cotidiana de Gobierno.

El resultado fue una catástrofe humana que eliminó aproximadamente a una quinta parte de la población del país en apenas cuatro años.

Pol Pot murió sin responder ante un tribunal por aquella tragedia.

Pero la historia sí dejó su veredicto.

La experiencia de los Jemeres Rojos constituye una de las demostraciones más estremecedoras de lo que puede ocurrir cuando una dirigencia política pretende imponer por la fuerza una utopía absoluta, elimina los límites institucionales, transforma al adversario en enemigo y termina considerando prescindibles a millones de seres humanos.

En Camboya, la revolución prometió crear al "hombre nuevo". Terminó creando un país de sobrevivientes.

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