Policial y judicial | 21:40

Expedientes abiertos

Comerciantes, vecinos y turistas vuelven a quedar atrapados por la contaminación que rodea a las harineras

Vecinos, comerciantes y trabajadores del sur de Mar del Plata denuncian desde hace años un combo de olores insoportables, impacto sobre la salud, caída de la actividad turística y presuntas irregularidades ambientales en torno a las plantas harineras.

En el Puerto de Mar del Plata, el problema de los olores provenientes de las harineras continúa siendo una de las principales preocupaciones para quienes viven o trabajan en la zona. A pesar de tratarse de un conflicto que se arrastra desde hace décadas, vecinos y comerciantes aseguran que la situación persiste y en algunos momentos se vuelve prácticamente insoportable.

Las quejas se repiten sobre todo en áreas cercanas al puerto, pero también alcanzan a Punta Mogotes, Faro Norte, Villa Lourdes, Colinas de Peralta Ramos, Las Avenidas e incluso sectores cercanos a Alem y San Carlos. Según relatan quienes conviven a diario con esta situación, el olor se intensifica cuando los camiones transportan restos de pescado en avanzado estado de descomposición hacia las plantas harineras.

“El olor se impregna en la ropa y en la piel”, contó un empleado de una empresa ubicada en el puerto. Otra trabajadora agregó que el problema no tiene horario fijo: “Puede aparecer en cualquier momento del día, pero se vuelve más fuerte cuando llegan los camiones con la materia prima”.

Impacto en el comercio y el turismo

El fenómeno no sólo genera molestias a quienes viven en la zona. Comerciantes de Punta Mogotes aseguran que el olor también afecta la actividad gastronómica y turística.

Un encargado de un local del sector explicó que en determinados días los clientes directamente se quejan de no poder comer en las terrazas. “Tenemos que cerrar puertas y ventanas porque el salón se llena de olor y es irrespirable”, describió.

Las condiciones climáticas también influyen. Cuando soplan determinados vientos desde el puerto, el olor se expande y vuelve difícil permanecer en la zona. En verano, cuando la actividad turística aumenta, la situación se vuelve aún más evidente.

“Hay turistas que llegan al hotel y terminan vomitando por el olor”, relató una vecina que vive cerca de Mogotes. Otros residentes señalan que en algunos días ni siquiera pueden colgar la ropa al aire libre porque queda impregnada con olor a pescado.

Barrios vulnerables y problemas de salud

El impacto de la actividad pesquera no es igual en todos los sectores. En zonas como Villa Vértiz, uno de los asentamientos más cercanos al área industrial portuaria, las condiciones sociales agravan la situación ambiental.

Un informe interdisciplinario realizado por equipos sociales y presentado ante la justicia federal señaló que allí la precariedad habitacional, la falta de servicios básicos y la contaminación industrial se combinan en un mismo escenario.

Según testimonios recogidos en el relevamiento, entre las enfermedades más frecuentes aparecen problemas respiratorios, dolores articulares, bronquiolitis en niños, asma, infecciones cutáneas y trastornos vinculados a condiciones ambientales deficientes. También se mencionan focos de contaminación asociados a basurales, aguas servidas y desechos de la industria pesquera.

El mismo informe advierte que gran parte de la población depende laboralmente de la actividad portuaria, muchas veces en condiciones precarias o informales, lo que dificulta los reclamos y expone a las familias a un doble problema: contaminación ambiental y vulnerabilidad económica.

Investigaciones judiciales y acusaciones de contaminación

Las denuncias por contaminación no son nuevas. En distintas investigaciones judiciales se analizó el funcionamiento de plantas dedicadas a la producción de harina y aceite de pescado.

En uno de esos casos, impulsado por el fiscal federal Daniel Adler, se investigó el vertido de efluentes industriales que habrían llegado al mar a través del sistema pluvial del puerto. Los análisis detectaron altos niveles de materia orgánica, coliformes fecales, sulfuro, nitritos y otros contaminantes, lo que podría afectar la vida marina y representar riesgos sanitarios.

Especialistas explicaron que la presencia de coliformes fecales en el agua puede indicar contaminación cloacal y la posible existencia de bacterias patógenas capaces de generar enfermedades en humanos y animales.

La investigación consideró que podría tratarse de un caso de “criminalidad empresarial con afectación al medio ambiente”, al señalar que las descargas de residuos superaban reiteradamente los límites establecidos por la legislación ambiental.

Denuncias por presuntas irregularidades ambientales

A lo largo de los años también se han denunciado posibles incumplimientos en los controles ambientales y en los permisos de operación de algunas industrias del sector.

Entre los cuestionamientos planteados se mencionan la falta de monitoreo de emisiones gaseosas en chimeneas, ausencia de sensores obligatorios, presuntas irregularidades en el manejo de efluentes líquidos y el uso de tecnologías consideradas insuficientes para cumplir con los parámetros ambientales.

Informes técnicos también advirtieron sobre la presencia de compuestos odorantes y sustancias químicas que pueden generar efectos como náuseas, dolores de cabeza, irritación en mucosas, tos o problemas respiratorios cuando se liberan en altas concentraciones.

Un conflicto sin solución

Pese a las denuncias, estudios técnicos e investigaciones judiciales, el problema de los olores y la contaminación vinculada a las harineras continúa sin una solución definitiva.

Vecinos del puerto sostienen que el conflicto se repite desde hace años y reclaman mayores controles, inversiones en tecnología y sanciones cuando corresponda. Mientras tanto, quienes viven y trabajan en la zona aseguran que siguen conviviendo con un problema que afecta la calidad de vida, la salud y la actividad económica de uno de los sectores más emblemáticos de la ciudad.

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