Opinión | Ayer

Debate público

El pádel de Villarruel y el escándalo que no fue

Una reflexión sobre los límites entre el control ciudadano de los funcionarios y la construcción de polémicas basadas en situaciones cotidianas de la vida personal.

Por Fernando López Duhour

Yanina Latorre esta vez erró el camino.

No porque Victoria Villarruel necesite defensores. Tampoco porque esté exenta de críticas. Como cualquier dirigente política, sus decisiones, sus posiciones y hasta sus silencios pueden ser cuestionados.

Pero una cosa es discutir política y otra muy distinta es fabricar un escándalo donde no lo hay.

La escena que relató fue simple: la vicepresidenta jugando al pádel a las once y media de la mañana junto a tres custodios. Y a partir de ahí apareció la insinuación. El país está como está. ¿Por qué no está trabajando?

La pregunta parece fuerte. El problema es que se cae sola.

Porque entonces habría que preguntarse cuántos empresarios juegan al golf un martes por la mañana. Cuántos periodistas hacen gimnasia al mediodía. Cuántos conductores de televisión almuerzan durante horas en restaurantes. Cuántos jueces se retiran antes de horario. Cuántos sindicalistas aparecen más en un estudio televisivo que en sus lugares de trabajo.

 

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