Opinión | Ayer
Economía real
La inflación baja, pero la construcción sigue en coma: la Rosca que no ves
El Gobierno celebra el 2,1 por ciento, pero la construcción acumula caídas, el crédito sigue ausente y miles de trabajadores esperan que vuelva la actividad.
Por Fernando López Duhour
Hoy a la siesta, el Gobierno difundió el número que estaba esperando. La inflación de mayo dio 2,1 por ciento. Cinco décimas menos que en abril. La inflación núcleo, esa que tanto cuida el Banco Central, rompió el piso del 2 por ciento y se ubicó en 1,9 por ciento.
Milei festejó en X. Caputo se dio una vuelta por el IAE Business School. En Balcarce 50 hubo sonrisas de esas que no se ven desde hace rato.
Ahora venga conmigo a otro lugar. No vaya a la Rosada. Vaya a cualquier obra en construcción, perdón, a cualquier exobra en construcción, de cualquier barrio de cualquier ciudad argentina. Toque timbre. Pregunte cuántos albañiles están trabajando hoy.
Le van a responder: "Fernando, acá no trabaja nadie desde hace meses".
La inflación baja. La construcción no.
Esa es la frase que el Gobierno no va a tuitear. Esa es la frase que la oposición, que está más perdida que turco en la neblina, tampoco va a gritar. Esa es la frase que duele porque es verdad.
La construcción cayó 2,1 por ciento en abril (el mismo número que la inflación de mayo, qué casualidad) y acumula una baja del 5% desde que Milei es presidente. Los materiales están por las nubes. La obra pública estatal es un recuerdo. El crédito hipotecario es un cuento que cuentan los bancos para que entres a la sucursal. Y el albañil, ese trabajador que vive el día a día, que no mira el dólar CCL ni lee los comunicados del INDEC, está parado en la esquina esperando que alguien lo llame.
Cuando el albañil no trabaja, no es solo un problema estadístico. Es un problema político. Porque el albañil vota. Y tiene familia. Y esa familia va al supermercado y ve que los alimentos subieron 2,5 por ciento en mayo, por encima del 2,1 por ciento general. Y ahí se arma la bomba: "la inflación baja, pero yo sigo sin trabajo y la comida sigue cara".
Esa grieta entre el dato oficial y la vida real es el territorio donde se pierden las elecciones.
Ahora viene la parte incómoda, la que nadie dice.
El Gobierno necesita que usted se sienta mejor. No necesita que usted esté bien. Necesita que perciba una mejora. Porque la política no se mide con índices, se mide con vísceras. Si la gente sigue sintiendo que la plata no alcanza, el 2,1 por ciento se lo meten en el puesto de diarios.
¿Y qué pasa con la construcción? Ocurre que es el termómetro más honesto que tiene este país. Cuando el argentino confía en su futuro, agarra los ahorros, los pocos que tenga, y pone un ladrillo. Construye un cuarto, levanta una pared, arregla el techo. Cuando no confía, deja todo como está. Y hoy la Argentina está llena de techos rotos y paredes sin revocar.
El Gobierno dice: "la economía comenzó a recuperarse". La construcción responde: "no, mentira". ¿A quién le cree usted?
El 8 de julio Sandra Pettovello mete mano en las jubilaciones.
Esa es otra. Los jubilados no construyen casas, pero construyen votos. Y con una canasta básica total de casi un millón y medio de pesos para una familia tipo, 34,9 por ciento interanual, festejar el 2,1 por ciento es como ponerle una curita a una puñalada. La desaceleración existe, sí, pero el daño ya está hecho. En términos acumulados, la inflación de los últimos dos años sigue siendo una máquina de licuar salarios.
La Rosca.
Usted quería que cerrara con esta palabra. Y cierro, pero no como un adorno. Cierro como un diagnóstico.
La Rosca que prometieron cortar con motosierra no se cortó. Se camufló. Ahora la Rosca son quienes festejan el 2,1 por ciento en los estudios de televisión mientras el ferretero baja la persiana. La Rosca son los analistas que miden la economía por el tipo de cambio paralelo y nunca vieron un ladrillo en su vida. La Rosca son los dirigentes que hablan de "desaceleración" y no pueden mirar a los ojos al hombre que se quedó sin changa.
La construcción está en coma porque la Rosca del poder adquisitivo congelado, del crédito ausente, de la obra pública desaparecida y de la confianza hecha trizas sigue girando con más fuerza que nunca. El 2,1 por ciento es un número. La Rosca es la realidad.
Y mientras la Rosca siga girando, el albañil va a continuar esperando el teléfono que no suena. Usted puede festejar. Yo, Fernando López Duhour, me siento a mirar el tablero. Y el tablero tiene muchas luces rojas.
