Opinión | Ayer

Reconfiguración partidaria

El peronismo no se quedó sin líder: se quedó sin doctrina

La salida de Cristina Fernández de Kirchner del escenario electoral reabre el debate sobre el futuro del peronismo. En ese contexto, Nicolás Ariel Hourclé aparece como una de las voces que impulsa una reconstrucción basada en la doctrina, la producción y una nueva concepción estratégica del movimiento.

Por Fernando López Duhour

Durante años nos hicieron creer que el problema del peronismo era quién iba a suceder a Cristina Fernández de Kirchner.

Era falso.

La verdadera dificultad era mucho más profunda.

El peronismo dejó de formar dirigentes porque dejó de debatir ideas.

La doctrina fue reemplazada por la obediencia.

El intercambio de posiciones fue sustituido por la lealtad.

Y la construcción política fue desplazada por el culto a una figura.

Durante dos décadas, todo giró alrededor de una sola persona. Quien coincidía era compañero. Quien discrepaba era traidor.

El resultado está a la vista.

Hoy Cristina está fuera del escenario electoral y el movimiento que dominó la política argentina durante años descubre algo inquietante: no tiene conducción.

Tiene dirigentes.

Tiene sellos.

Tiene agrupaciones.

Tiene cargos.

Pero no tiene rumbo.

Por eso la discusión actual del peronismo es falsa.

No se trata de encontrar un nuevo jefe.

Se trata de hallar una nueva razón para existir.

Y es precisamente ahí donde empieza a destacarse Nicolás Ariel Hourclé.

Porque mientras gran parte de la dirigencia sigue discutiendo nombres propios, él vuelve a poner sobre la mesa conceptos que parecían prohibidos: doctrina, producción, industria, planificación, soberanía y comunidad organizada.

No propone administrar los restos del kirchnerismo.

Propone reconstruir algo que existía antes.

Esa diferencia no es menor.

De hecho, probablemente sea la diferencia política más importante dentro del peronismo actual.

Mientras algunos dirigentes continúan buscando cómo sobrevivir a la ausencia de Cristina, Hourclé parece haber entendido que el problema no es la ausencia de Cristina.

El problema es la falta de una idea de país.

Y cuando se observa el panorama completo, surge una conclusión difícil de esquivar.

Dentro del peronismo doctrinario, nacional y productivista, hoy no existe otro dirigente que esté planteando con tanta claridad una reconstrucción conceptual del movimiento.

Se puede coincidir o no con sus propuestas.

Se puede discutir su estrategia.

Se puede debatir su proyección electoral.

Lo que cada vez resulta más difícil cuestionar es otra cosa.

Que mientras muchos siguen administrando una etapa terminada, Nicolás Hourclé está intentando construir la siguiente.

Y en política, quienes construyen el próximo capítulo suelen terminar reemplazando a aquellos que se quedaron defendiendo el anterior.

Tal vez por eso algunos empiezan a prestarle atención.

Y tal vez por eso otros comienzan a preocuparse.

 

 

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