Opinión | 17:19

Florencia Peña, entre Moni Argento y el periodismo falopa

La falsa muerte de Jorge Messi y la decadencia de una comunicación que confundió popularidad con periodismo

La difusión de la falsa muerte de Jorge Messi abrió un debate sobre los límites de la improvisación en los medios y la responsabilidad de quienes comunican información sin verificar.

Por Gustavo Zandonadi

La noticia sobre la muerte de Jorge Messi, afortunadamente falsa, duró poco. Sin embargo, alcanzó para exponer la crisis que atraviesa la comunicación argentina. No fue un error, fue una falta de profesionalismo. Un error puede ser afirmar que Messi hizo menos goles de los que realmente tiene, pero inventar la muerte de alguien que está vivo puede responder a dos situaciones: o Florencia Peña, más Moni Argento que nunca, confía en un equipo de producción compuesto por inútiles, o no tiene la menor idea de la responsabilidad que implica trabajar frente a un micrófono.

Lo verdaderamente preocupante fue la liviandad con la que se manejó LUZU TV. Peña es responsable de haber lanzado al aire una información sin el debido chequeo, pero eso no elimina la responsabilidad de la producción, que vaya a saber cómo y por qué consideró que estaba en condiciones de dar por cierto algo que jamás ocurrió.

Jorge Messi morirá algún día, pero no existe ninguna razón para que alguien crea que hacer periodismo consiste en darlo por muerto antes de tiempo. La propia familia reconoció que el padre del jugador atraviesa una situación de salud que requiere atención. Quizás la noticia debía ser esa y no ir más allá. Al término del partido ante Argelia, Messi contó por qué lloró durante el festejo de su primer gol. Si él no fue más preciso, la obligación de la prensa es reproducir sus palabras sin añadir nada y sin especular sobre aquello que no se dijo.

Sin embargo, el episodio es bienvenido porque sirve para demostrar que el periodismo no es algo menor. Desde el poder se instaló la idea de que no se odia lo suficiente a los periodistas, pero no se pensó en las consecuencias de vivir en una sociedad sin ellos. Florencia Peña no es periodista y ayer quedó más que claro. Su producción tampoco demostró tener conocimientos sobre cómo debe realizar su tarea, si es que así puede llamarse al bodrio que hacen, dirigido a un público superficial que no exige demasiado.

Hace años se podía hacer periodismo a través de la radio y los diarios. Más tarde se sumó la televisión. Con el paso del tiempo llegó el ecosistema digital, que hizo lo que piden los choferes de colectivos: "correrse al fondo que hay lugar". Una camada de comunicadores jóvenes desembarcó en el streaming, que no es otra cosa que radio televisada, aunque despojada de la rigurosidad habitual. El problema aparece cuando quienes trabajan en espacios triviales quieren jugar a ser periodistas, porque ese juego casi siempre termina mal.

También hay que mencionar la responsabilidad de la gerencia del medio. Frente al rigor profesional, elige la espontaneidad de influencers, actores o celebridades de las redes sociales, tan pasajeras como mediocres, para ocupar el lugar natural de los periodistas. Eso es lo que convierte a buena parte de la oferta del streaming en contenido basura. Ayer quedó claro que el "periodismo falopa" es basura, pero, al mismo tiempo, representa el mayor acto de reivindicación del periodismo tradicional.

 
 
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