Opinión | 12:44

Análisis

Una de nuestras gestas de la nacionalidad argentina

Y en ese marco aparece la frase. Solemne, inflada, como salida de un manual de épica nacional: "Una de nuestras gestas de la nacionalidad argentina".

Por Fernando López Duhour

En el Monumento a la Bandera, en Rosario, un 20 de junio. Día de la Bandera. Lugar cargado de historia, de símbolos, de lo que supuestamente nos une.

Y en ese marco aparece la frase. Solemne, inflada, como salida de un manual de épica nacional: "Una de nuestras gestas de la nacionalidad argentina".

Suena grande. Pero también suena desconectado. Porque hay momentos en los que el lenguaje no acompaña, sino que se impone, como si la realidad necesitara ser forzada para entrar en un relato.

Y ahí empieza el problema.

No es solo una cuestión de estilo. Es el modo en que se está contando la Argentina. Todo es gesta, todo es ruptura, todo es refundación. Como si el país viviera permanentemente en una película de grandes momentos históricos, cuando en realidad la vida cotidiana va por otro carril bastante más áspero.

Mientras tanto, lo que no cambia es lo de fondo: la Argentina sigue atada a condicionamientos externos fuertes. Deuda, falta de dólares, restricciones que no desaparecen por más épica que se le ponga al discurso.

Y en ese contexto, el gobierno de Milei marca un alineamiento claro con Estados Unidos e Israel. No como comentario lateral, sino como decisión política sostenida, visible en la agenda internacional, en las posiciones públicas y en la orientación general del gobierno.

El problema no es el posicionamiento en sí. El problema es cuando ese posicionamiento se envuelve en un discurso de grandeza permanente, como si la política fuera un escenario donde todo se define con frases grandes.

Porque mientras se habla de gestas, la realidad es menos grandilocuente: un país condicionado, negociando todo el tiempo, con márgenes que existen pero que no son ilimitados.

Y ahí es donde aparece la distancia.

Entre lo que se dice desde el atril en un lugar como el Monumento a la Bandera, y lo que se vive todos los días en la calle.

Entre la épica y la economía.

Entre el relato y la Argentina real.

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