Curiosidades | 14:02

Internacional

El Partido de los Rinocerontes: cuando la política canadiense se convirtió en una broma oficial

Existe, participa de elecciones y está oficialmente registrado...

En Canadá existe un partido político que propone feriados todos los meses, convertir las escuelas en franquicias de Tim Hortons, vender embajadas al mejor postor y hasta recuperar un polo magnético que, según su extravagante plataforma, habría "migrado" de Canadá a Rusia. No es una sátira inventada para una película: el Partido de los Rinocerontes existe, participa de elecciones y está oficialmente registrado.

El Parti Rhinocéros Party nació como una experiencia de sátira política destinada a ridiculizar las promesas, los discursos y las contradicciones de la política tradicional canadiense. Su inspiración fue un rinoceronte brasileño llamado Cacareco, que en 1958 obtuvo una enorme cantidad de votos en una elección municipal de São Paulo, pese a que obviamente no podía ejercer el cargo.

La idea prendió en Canadá y rápidamente adquirió vida propia. El movimiento llegó incluso a designar como su líder espiritual a Cornelius I, un rinoceronte que vivía en el zoológico de Granby, Quebec. La elección del animal tampoco era casual: para los fundadores, el rinoceronte representaba a la perfección a determinados políticos, por su piel gruesa y su capacidad para avanzar sin demasiadas preocupaciones.

La política del absurdo

Desde sus comienzos, el Partido de los Rinocerontes decidió competir utilizando una fórmula tan sencilla como provocadora: prometer cosas imposibles, absurdas o directamente ridículas.

Mientras los partidos tradicionales elaboraban extensos programas electorales sobre economía, salud, seguridad o infraestructura, los Rinocerontes podían aparecer prometiendo abolir la ley de gravedad porque nunca había sido aprobada por el Parlamento.

También llegaron a plantear soluciones imposibles para problemas ambientales, propuestas relacionadas con la caza de focas y juegos de palabras destinados a burlarse de las ideologías políticas tradicionales.

El objetivo no era necesariamente conseguir el poder. La verdadera apuesta consistía en convertir la campaña electoral en una gigantesca parodia y utilizar el voto como una forma de protesta contra la clase política.

El partido llegó incluso a utilizar el término "marxistas-lennonistas" como una mezcla deliberadamente absurda entre Karl Marx y John Lennon.

El rinoceronte contra la burocracia

La historia del partido también tuvo un capítulo digno de una comedia burocrática. En 1993, la organización decidió no presentar candidatos en las elecciones federales como forma de protesta contra las nuevas exigencias electorales. Posteriormente fue eliminado del registro oficial.

Pero el problema apareció cuando las autoridades quisieron cerrar definitivamente la historia y recuperar los bienes del partido. Charlie "le Concierge" McKenzie, vinculado a la organización, se negó a entregar los activos y devolver el dinero. Durante años recibió comunicaciones de las autoridades electorales y terminó convirtiéndose, con absoluta naturalidad rinocerontesca, en una especie de "fugitivo menos buscado" de Canadá.

La organización fue refundada en 2006 y volvió a obtener reconocimiento oficial de Elections Canada en 2007. Desde entonces, el rinoceronte volvió a las boletas.

Un programa imposible de tomar en serio... Y justamente por eso funciona

La plataforma del Partido de los Rinocerontes parece diseñada para hacer colapsar cualquier comité político serio. Entre sus propuestas aparecen ideas como entregar teléfonos celulares de alta gama al personal militar, privatizar el Senado, colocar publicidad en el Parlamento, convertir las escuelas en franquicias de Tim Hortons y reemplazar a profesores ausentes por figuras de cartón de personalidades famosas.

También propuso crear un feriado pago mensual, convertir el 1 de abril en feriado nacional, hacer de "Sorry" el lema oficial canadiense y transformar determinados cargos políticos en una especie de mercado público. Incluso aparece la propuesta de convertir el analfabetismo en una tercera lengua oficial de Canadá.

El programa también juega con cuestiones geográficas, económicas y culturales, incluyendo la idea de redibujar las provincias para que tengan forma rectangular y nacionalizar el famoso "back bacon". El partido lleva el absurdo hasta tal punto que algunas de sus propuestas parecen una competencia para descubrir cuál es capaz de resultar más ridícula.

Dos Maxime Bernier y una elección surrealista

Una de las mejores jugadas del partido ocurrió durante las elecciones de 2019. En Beauce, Quebec, se presentó como candidato del Partido de los Rinocerontes un hombre llamado Maxime Bernier.

El problema (o la genialidad de la situación) era que el líder del People's Party of Canada, Maxime Bernier, también competía en esa misma circunscripción. De repente, los electores tenían delante de sus ojos a dos candidatos llamados exactamente igual, pero pertenecientes a espacios políticos completamente diferentes.

El candidato rinoceronte no ganó, pero logró convertir una elección parlamentaria en una situación digna de un sketch político.

Cuando la sátira se mete en la boleta

La existencia del Partido de los Rinocerontes plantea una pregunta bastante más profunda que sus propias bromas: ¿La sátira política puede convertirse en una forma legítima de participación democrática? Para sus detractores, la respuesta puede ser negativa. Desde esa mirada, presentar candidatos que prometen disparates banaliza el voto y transforma una elección en un espectáculo.

Pero sus defensores pueden argumentar exactamente lo contrario. En un sistema donde los partidos tradicionales presentan promesas electorales que muchas veces resultan difíciles de cumplir, el Partido de los Rinocerontes lleva esa lógica hasta el extremo y la convierte en una caricatura.

Si un candidato tradicional promete solucionar todos los problemas del país, el rinoceronte promete algo todavía más imposible. Si un partido promete bajar impuestos, el rinoceronte puede prometer abolir el dinero.

Si un gobierno promete eficiencia administrativa, el rinoceronte puede prometer vender el Parlamento por internet. La exageración se convierte así en una forma de crítica.

Un partido que nunca llegó al poder

A pesar de décadas de presencia electoral, el Partido de los Rinocerontes nunca consiguió elegir un diputado federal. Sin embargo, logró algo que muchos partidos tradicionales jamás consiguen: convertirse en parte de la cultura política canadiense.

En distintas elecciones presentó candidatos y llegó a competir seriamente en determinadas circunscripciones, aunque sin conseguir representación parlamentaria. Su importancia, por lo tanto, no puede medirse solamente en cantidad de bancas. Su verdadero territorio es el de la provocación.

El rinoceronte como espejo de la política

La extravagancia del partido es precisamente su herramienta. El Partido de los Rinocerontes no necesita convencer a los canadienses de que sus propuestas son razonables. Todo lo contrario: cuanto más absurdas son, más clara resulta la intención de ridiculizar determinados comportamientos de la política tradicional.

Y allí aparece la paradoja. Un partido que promete cosas imposibles puede terminar dejando en evidencia a aquellos que prometen cosas aparentemente posibles pero que luego tampoco cumplen.

En lugar de esconder el absurdo, los Rinocerontes lo exhiben. Lo convierten en bandera, programa electoral y estrategia de campaña. La experiencia canadiense demuestra que incluso dentro de una democracia consolidada existe espacio para una política basada en el humor, la provocación y la ironía.

Y mientras los grandes partidos discuten presupuestos, impuestos, tratados internacionales y políticas públicas, el Partido de los Rinocerontes continúa haciendo su propia revolución: entrar a la política para demostrar que, a veces, lo más absurdo de una elección no es el partido que promete un teléfono celular para cada soldado.

Lo verdaderamente absurdo puede ser que alguien prometa algo serio y después consiga que todos le crean.

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