Curiosidades | 14:02
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Screaming Lord Sutch: el rockero que convirtió la política británica en un circo de candidatos, disfraces y propuestas delirantes
David Edward Sutch se presentó por primera vez a una elección parlamentaria en 1963, cuando compitió en Stratford-on-Avon bajo la bandera del National Teenage Party. Apenas consiguió 209 votos.
Durante décadas, David Edward Sutch logró algo que parecía imposible: presentarse una y otra vez a elecciones británicas sin ninguna posibilidad real de llegar al Parlamento y, aun así, convertirse en una celebridad política. Bajo el nombre de Screaming Lord Sutch, el músico de rock creó un personaje extravagante que terminó fundando uno de los partidos más insólitos del Reino Unido: el Official Monster Raving Loony Party.
Sutch nació en Londres en 1940 y comenzó su carrera como cantante de rock, adoptando una estética inspirada en el terror, el espectáculo y el denominado shock rock. Sombrero de copa, maquillaje, vestuario extravagante y una personalidad deliberadamente exagerada fueron algunos de los elementos que construyeron al personaje que posteriormente desembarcaría en la política.
Pero detrás de aquella apariencia de bufón había una estrategia bastante clara: utilizar el humor y el absurdo para burlarse de la solemnidad de Westminster, llamar la atención de los medios y cuestionar aquello que los grandes partidos consideraban intocable.
El candidato que nunca dejó de perder
Sutch se presentó por primera vez a una elección parlamentaria en 1963, cuando compitió en Stratford-on-Avon bajo la bandera del National Teenage Party. Apenas consiguió 209 votos.
Lejos de abandonar la política después de semejante resultado, decidió convertir la derrota en parte de su identidad. En 1966 se presentó en Huyton, enfrentando nada menos que al entonces primer ministro Harold Wilson. Obtuvo 585 votos, una cifra insignificante frente a los grandes partidos, pero suficiente para mantenerlo dentro del radar de la prensa.
Sutch entendió algo que muchos políticos profesionales tardaron muchísimo más en descubrir: una elección no solamente se gana con votos. También puede ganarse espacio en los diarios.
Sus campañas eran espectáculos. Aparecía disfrazado, acompañado por músicos y personajes estrafalarios, pronunciaba consignas absurdas y transformaba los actos electorales en una suerte de teatro político.
En 1983 protagonizó una de sus campañas más recordadas cuando decidió presentarse en Finchley, el distrito electoral de Margaret Thatcher.
Para atacar simbólicamente a la denominada “Dama de Hierro”, apareció con una gigantesca lata de abrelatas, con la intención de “abrir” a Thatcher. El resultado electoral fue previsible: 235 votos.
El resultado mediático, en cambio, fue mucho mayor.
Nació el partido de los "locos"
La experiencia acumulada por Sutch terminó desembocando en la creación del Official Monster Raving Loony Party, cuyo nombre puede traducirse como Partido Oficial del Monstruo Chiflado.
El partido fue fundado en 1982 junto con Alan “Howling Laud” Hope, en una reunión celebrada en el Golden Lion Hotel de Ashburton, Devon. Desde entonces, la agrupación se convirtió en una institución peculiar dentro del folclore político británico.
Sus integrantes no pretendían ocultar que utilizaban el absurdo como herramienta política. Por el contrario, lo exhibían.
El partido presentó propuestas deliberadamente extravagantes, slogans imposibles y campañas destinadas a ridiculizar a los políticos tradicionales. Pero, paradójicamente, algunas de aquellas ideas que parecían disparates terminaron convirtiéndose en políticas reales.
Una de las más famosas fue la reivindicación de que los pubs pudieran permanecer abiertos durante todo el día. Años después, el Reino Unido flexibilizó las restricciones sobre los horarios de apertura. La broma política terminó anticipando la realidad.
Y ese fue uno de los elementos que hicieron que Sutch resultara mucho más interesante que un simple candidato excéntrico.
Contra Thatcher, con un abrelatas
La campaña contra Margaret Thatcher resume perfectamente el estilo de Screaming Lord Sutch. Mientras los candidatos tradicionales competían con discursos sobre economía, seguridad, empleo, impuestos y política exterior, Sutch apareció con un enorme abrelatas.
El mensaje era tan sencillo como absurdo: si Thatcher era la “Dama de Hierro”, él iba a intentar abrirla. No ganó la elección. Ni siquiera estuvo cerca.
Pero consiguió exactamente lo que buscaba: convertir una candidatura testimonial en un acontecimiento mediático. En otra elección parcial, en Bermondsey, propuso levantar una estatua en homenaje al cantante Tommy Steele. Obtuvo apenas 97 votos. Otra derrota.
Otra aparición en los medios. La derrota, para Sutch, nunca parecía ser verdaderamente una derrota.
Antes de la política estuvo la radio pirata
La extravagancia de Sutch tampoco comenzó con las elecciones. En 1964 participó en la creación de Radio Sutch, una emisora pirata que transmitía desde Shivering Sands Fort, frente a la costa de Essex.
La radio comenzó sus emisiones el 27 de mayo de ese año y posteriormente se convirtió en Radio City. Aquella aventura formó parte de la explosión de las radios piratas británicas y mostró otra característica de Sutch: la capacidad para transformar una provocación en un espectáculo capaz de llamar la atención de miles de personas.
Su carrera musical, además, estuvo relacionada con importantes músicos británicos. Entre los artistas que trabajaron con él o participaron de sus proyectos estuvieron Jimmy Page, Jeff Beck, Keith Moon, Ritchie Blackmore, Charlie Watts y John Bonham.
Sutch era, en definitiva, un personaje que podía pasar del escenario de rock a una elección parlamentaria sin cambiar demasiado su vestuario.
Un “Lord” que no era precisamente un aristócrata
Incluso su nombre era parte de la puesta en escena. Sutch llegó a presentarse en Estados Unidos como “el sexto Earl of Harrow” y en 1977 incorporó oficialmente el “Lord” a su nombre mediante deed poll.
La imagen de aristócrata excéntrico terminó mezclándose con la del cantante de rock y candidato político. Sombrero de copa, maquillaje, nombre nobiliario, campañas delirantes y un partido llamado “Monster Raving Loony”.
Todo parecía diseñado para provocar. Y efectivamente provocaba.
¿Un payaso o un crítico político?
La gran discusión alrededor de Sutch fue precisamente esa. Para algunos, sus campañas eran simplemente una burla que convertía las elecciones en un espectáculo. Para otros, representaba una forma legítima de crítica política.
El argumento de Sutch era bastante sencillo: si los políticos tradicionales se tomaban demasiado en serio a sí mismos, alguien tenía que recordarles que la política también podía ser absurda.
Sus candidaturas ponían en evidencia el ritual electoral. Mientras los candidatos convencionales aparecían con trajes impecables y discursos preparados, Sutch podía aparecer vestido como una estrella de rock, lanzar una propuesta disparatada y conseguir que los periodistas hablaran de él.
Su lema resumía esa filosofía: “Vote for insanity, you know it makes sense”. “Vote por la locura, usted sabe que tiene sentido”. La frase podía parecer un simple chiste, pero contenía una crítica bastante profunda a la política tradicional.
Las polémicas alrededor del fenómeno Loony
La existencia de candidatos como Sutch también generó críticas. Una de las principales discusiones giraba alrededor de si los partidos satíricos podían perjudicar a las fuerzas tradicionales al restarles votos.
También existió el debate sobre el costo de presentarse a elecciones y las reglas destinadas a evitar candidaturas consideradas frívolas. Pero la propia lógica del sistema británico terminó favoreciendo indirectamente a personajes como Sutch: cuanto más intentaban tratarlo como una rareza, mayor era la atención que despertaba.
Su principal arma nunca fue el voto. Era la exposición. En un sistema político acostumbrado a discursos solemnes, Sutch había encontrado un nicho prácticamente perfecto: convertirse en el candidato que todos sabían que iba a perder, pero del que todos querían hablar.
La tragedia detrás del personaje
La historia de Screaming Lord Sutch también tuvo un capítulo mucho más oscuro. Detrás del personaje público existían problemas personales y períodos de depresión. La muerte de su madre, ocurrida poco antes de las elecciones de 1997, lo afectó profundamente.
El 16 de junio de 1999, a los 58 años, Sutch murió por suicidio. La noticia provocó una reacción particularmente fuerte porque obligó a mirar detrás del personaje.
Durante décadas, el público había visto al hombre del sombrero de copa, al rockero, al candidato que hacía campaña contra Thatcher con un abrelatas y al fundador del partido más disparatado del Reino Unido. Pero detrás de esa máscara existía una persona que había atravesado importantes dificultades.
La muerte de Sutch puso un punto final a una vida pública construida alrededor de la provocación, pero no terminó con su creación política.
El partido que sobrevivió a su fundador
El Official Monster Raving Loony Party sobrevivió a Sutch y continúa formando parte del paisaje político británico. La agrupación mantiene la tradición de presentar candidatos y realizar campañas satíricas, conservando la idea original de utilizar el humor para cuestionar la política convencional.
Lo curioso es que, con el paso del tiempo, algunas de las propuestas que alguna vez parecían ridículas dejaron de parecerlo. Esa es quizás la gran paradoja del legado de Sutch.
El hombre que se presentó como un “loco” terminó demostrando que algunas ideas consideradas absurdas podían convertirse en realidad, mientras que determinadas decisiones tomadas con absoluta solemnidad por los políticos tradicionales podían resultar bastante más disparatadas.
Screaming Lord Sutch nunca fue primer ministro. Nunca ocupó una banca en Westminster. Nunca estuvo cerca de gobernar el Reino Unido. Pero consiguió algo que muchos políticos profesionales jamás alcanzan: ser recordado.
Fue cantante de rock, conductor de una radio pirata, candidato eterno, provocador, aristócrata inventado, enemigo electoral de Margaret Thatcher y fundador de un partido deliberadamente absurdo. Y quizás ahí radique su verdadera importancia.
Sutch entendió que la política también podía ser un escenario. Que una derrota podía transformarse en publicidad. Que un disfraz podía conseguir más titulares que un discurso. Y que, a veces, para desnudar el absurdo de la política tradicional no hacía falta un tratado de ciencia política.
Alcanzaba con ponerse un sombrero de copa, agarrar un abrelatas y pedirle al electorado que votara por la locura.
