Política | 19:31

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Ferraresi mira la Gobernación, pero guarda un Plan B: volver a Avellaneda

El ex intendente de Avellaneda busca realizar su propio juego.

El ex intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, aparece entre los nombres que buscan posicionarse en la carrera por la Gobernación bonaerense. Sin embargo, ante la falta de definiciones y el posible achique de espacios para 2027, también toma fuerza una alternativa: conservar abierta la puerta para regresar al municipio y volver a disputar la Intendencia.

La rosca bonaerense de cara a 2027 comienza a incorporar una variable cada vez más importante: qué harán los intendentes y dirigentes que pretenden dar el salto provincial si finalmente no consiguen el lugar que imaginan en el armado electoral.

En ese escenario aparece Jorge Ferraresi, uno de los dirigentes del peronismo bonaerense que viene recorriendo distintos distritos y construyendo posicionamiento con la mirada puesta en la Gobernación. Su nombre forma parte de la discusión interna del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y del universo político que rodea a Axel Kicillof.

Ferraresi dejó la conducción cotidiana de Avellaneda para concentrarse en la construcción provincial, pero su principal capital político continúa estando en el territorio que gobernó durante años. Esa estructura representa, al mismo tiempo, su plataforma de lanzamiento y una suerte de seguro político frente a un escenario electoral todavía abierto.

La carrera por Dardo Rocha, por ahora, está lejos de tener un ganador definido. El peronismo bonaerense deberá resolver cómo ordenar sus distintas líneas internas, qué nombres tendrán prioridad y, fundamentalmente, cómo distribuir las candidaturas cuando llegue el momento de cerrar las listas. Ahí aparece el Plan B.

Si la candidatura a gobernador finalmente queda en manos de otro dirigente, Ferraresi podría analizar la posibilidad de regresar a Avellaneda y volver a disputar la Intendencia. La alternativa no necesariamente implicaría abandonar sus aspiraciones provinciales, sino preservar el poder territorial construido durante décadas.

El antecedente de Ferraresi resulta particularmente significativo porque ya atravesó una situación similar. En 2020 dejó la Intendencia para incorporarse al Gobierno nacional como ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat y posteriormente regresó a Avellaneda para retomar el control del Municipio.

Ahora la jugada sería diferente. La salida del distrito estaría vinculada a una construcción política provincial y no a un cargo nacional. Pero la lógica podría ser parecida: explorar un escenario superior sin resignar completamente la posibilidad de regresar al territorio propio. El problema es que Ferraresi no sería necesariamente el único dirigente pensando en esa posibilidad.

El efecto dominó de la rosca

La falta de definiciones sobre las candidaturas de 2027 genera un problema adicional para los intendentes que pretenden proyectarse hacia la Provincia. Muchos pueden comenzar a caminar el territorio, instalar su nombre y construir acuerdos, pero ninguno tiene garantizado que finalmente habrá lugar para todos.

La discusión tampoco se limita a la Gobernación. En el horizonte aparecen las candidaturas a diputados y senadores provinciales, las listas seccionales, los espacios para los distintos sectores internos y las negociaciones que deberán realizarse para contener a los intendentes.

Si el peronismo termina optando por un esquema de unidad, la necesidad de repartir lugares puede convertirse en un verdadero rompecabezas. Y cuanto menos lugares haya disponibles, mayor será la cantidad de dirigentes obligados a elegir entre avanzar con una candidatura propia o preservar el territorio que ya controlan.

En ese tablero, la posibilidad de que Ferraresi vuelva a Avellaneda puede transformarse en un antecedente para otros jefes comunales. El mensaje sería sencillo: jugar por arriba, pero no quemar el puente de regreso.

La estrategia podría ser especialmente atractiva para aquellos intendentes que tengan una estructura municipal sólida y que, al mismo tiempo, consideren que las posibilidades de conseguir una candidatura provincial dependen demasiado de acuerdos que todavía no están cerrados.

Porque una cosa es abandonar un municipio para ir en busca de la Gobernación cuando existe un consenso amplio detrás de la candidatura. Otra muy diferente es hacerlo cuando todavía hay varios dirigentes anotados, múltiples sectores negociando y una eventual reducción de espacios en las listas.

La pelea por los casilleros

El verdadero desafío para el peronismo bonaerense será ordenar las expectativas de todos sus protagonistas. La eventual discusión por la sucesión de Kicillof puede generar una larga lista de aspirantes, pero la boleta electoral tendrá una cantidad limitada de casilleros. Y allí comenzará la negociación más áspera.

Quienes hoy aparecen como posibles candidatos a gobernador podrían terminar aceptando otros destinos. Algunos buscarán una banca legislativa, otros podrían negociar lugares para sus dirigentes de confianza y otros intentarán garantizar la continuidad de sus estructuras municipales.

En ese contexto, la candidatura provincial puede convertirse también en una herramienta de negociación. Un intendente que se muestra como posible candidato a gobernador gana visibilidad, fortalece su posición interna y puede sentarse a negociar con mayor peso. Pero si finalmente la conducción partidaria decide que otro dirigente encabezará la boleta, la prioridad puede pasar a ser conservar el Municipio.

Ferraresi conoce perfectamente esa lógica. Avellaneda no es un distrito menor dentro del mapa político bonaerense. Se trata de un territorio con fuerte identidad peronista y una estructura política construida durante años. Por eso, perder esa plataforma para terminar sin candidatura ejecutiva ni lugar relevante en el armado provincial sería un riesgo demasiado grande.

El Plan B, entonces, aparece como una cuestión de supervivencia política.

La rosca recién empieza

La gran incógnita será qué sucederá cuando el tablero comience a cerrarse. Si Ferraresi consigue consolidarse como uno de los principales nombres para la Gobernación, la discusión será otra. Pero si el peronismo bonaerense termina inclinándose por otra figura, la alternativa de regresar a Avellaneda podría adquirir mayor peso.

Y lo mismo podría ocurrir con otros intendentes que actualmente miran hacia La Plata. La rosca de 2027, en definitiva, no solamente definirá quién intenta quedarse con el sillón de Dardo Rocha. También determinará quién consigue conservar el poder territorial que ya tiene.

En una elección donde las candidaturas pueden ser menos que las ambiciones, nadie parece dispuesto a quedarse sin ficha. Por eso, mientras algunos dirigentes ya comenzaron a caminar la Provincia con la mirada puesta en la Gobernación, otros empiezan a mirar de reojo el municipio que dejaron atrás.

Porque en la política bonaerense nunca está de más tener un Plan B. Y si la puerta de la Gobernación se cierra, siempre queda la posibilidad de volver a tocar el timbre de la Intendencia.

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