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Petróleo en Malvinas: ex combatientes y ambientalistas recurren a la Justicia para intentar frenar el proyecto Sea Lion

El desarrollo de la explotación hidrocarburífera en las aguas que rodean a las Islas Malvinas volvió a instalarse en el centro de la discusión política, ambiental y judicial.

Organizaciones vinculadas a la defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y entidades ambientalistas presentaron una acción judicial para intentar detener el avance del proyecto petrolero Sea Lion, que empresas británicas y de capitales israelíes proyectan desarrollar al norte del archipiélago. Advierten sobre los posibles riesgos ambientales y cuestionan que la explotación avance bajo autorizaciones de la administración británica de las islas.

El desarrollo de la explotación hidrocarburífera en las aguas que rodean a las Islas Malvinas volvió a instalarse en el centro de la discusión política, ambiental y judicial. Esta vez, el conflicto llegó a los tribunales argentinos a través de una presentación realizada por el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM) y la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas (AAdeAA).

Ambas organizaciones promovieron ante el Juzgado Federal de Río Grande una acción preventiva por presunto daño ambiental colectivo y solicitaron el dictado de una medida cautelar destinada a frenar las actividades vinculadas con el denominado proyecto Sea Lion, también conocido como León Marino.

La presentación apunta contra Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum Development, compañías que participan del desarrollo del proyecto petrolero en la Cuenca Malvinas Norte, ubicada aproximadamente a 220 kilómetros al norte de las islas.

El planteo judicial busca impedir que continúen las distintas tareas vinculadas con la iniciativa, incluyendo obras, perforaciones y otras actividades preparatorias para una explotación petrolera de gran escala.

La disputa no se limita al petróleo

El conflicto presenta una particularidad que excede ampliamente la discusión sobre la explotación de hidrocarburos. Para las organizaciones denunciantes, el desarrollo del proyecto también constituye una problemática vinculada directamente con la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y los recursos naturales existentes en las zonas marítimas circundantes.

Según el planteo presentado ante la Justicia, las empresas involucradas estarían avanzando con las actividades sin haber cumplido ante el Estado argentino con los procedimientos que, de acuerdo con la legislación nacional, deberían contemplarse para una explotación de estas características.

Uno de los principales cuestionamientos está relacionado con la evaluación del impacto ambiental. Las organizaciones sostienen que un proyecto petrolero offshore de semejante magnitud puede generar consecuencias sobre los ecosistemas marinos y que resulta necesario establecer mecanismos de prevención y control antes de avanzar con las operaciones.

A esto se suma la discusión sobre la legitimidad de las autorizaciones otorgadas por la administración británica de las islas. Para los denunciantes, esas autorizaciones no pueden sustituir las normas argentinas ni otorgar legitimidad frente al Estado nacional a la explotación de recursos naturales en un territorio cuya soberanía continúa siendo objeto de una disputa entre Argentina y el Reino Unido.

En ese contexto, también aparece en el planteo la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que insta a las partes a abstenerse de adoptar decisiones unilaterales que impliquen modificaciones en la situación mientras permanece abierta la controversia por la soberanía de las islas.

Un megaproyecto petrolero rumbo a 2028

El proyecto Sea Lion contempla una explotación offshore de dimensiones considerables. De acuerdo con los datos difundidos sobre la iniciativa, las primeras etapas del desarrollo contemplan la perforación de 23 pozos submarinos. Del total, 16 serían pozos productores, mientras que otros seis estarían destinados a la inyección de agua y uno tendría funciones relacionadas con la inyección o producción de gas.

El esquema proyectado también contempla la instalación de infraestructura en el lecho marino, incluyendo cañerías y distintos equipos necesarios para transportar y procesar los hidrocarburos extraídos.

Uno de los elementos centrales del proyecto sería una unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga de petróleo, conocida habitualmente como FPSO. Esta estructura permitiría procesar y almacenar el crudo producido en alta mar antes de su posterior traslado.

El emprendimiento también requeriría infraestructura en tierra y modificaciones vinculadas a Puerto Argentino, donde se prevén instalaciones destinadas al abastecimiento, almacenamiento y tratamiento de distintos materiales necesarios para las operaciones.

El cronograma previsto coloca a 2027 como un año clave. El objetivo informado por las empresas es comenzar con las perforaciones durante los primeros meses de ese año y alcanzar la producción de los primeros barriles durante el primer semestre de 2028. La explotación proyectada tendría además una duración de varias décadas, lo que convertiría a Sea Lion en un emprendimiento estratégico para la economía de las islas y, al mismo tiempo, en un nuevo foco de tensión para la Argentina.

El pedido de una medida cautelar

Frente a este escenario, los denunciantes solicitaron a la Justicia argentina que adopte medidas urgentes para impedir que el proyecto continúe avanzando mientras se analiza la cuestión de fondo. La pretensión incluye la suspensión de obras, perforaciones, movimientos del lecho marino y otras tareas vinculadas con la preparación de la explotación petrolera.

El pedido también apunta a bloquear determinadas operaciones económicas relacionadas con el emprendimiento. En particular, se planteó la necesidad de impedir nuevos contratos, desembolsos, transferencias o garantías financieras que puedan contribuir al avance del proyecto.

Los impulsores de la presentación pretenden además que la existencia de la causa sea comunicada a organismos vinculados con el control financiero y a los mercados en los que cotizan las compañías involucradas. La estrategia judicial busca así atacar distintos aspectos del proyecto antes de que la extracción comercial de petróleo se transforme en un hecho consumado.

Una disputa que vuelve a escalar

La explotación petrolera alrededor de Malvinas constituye desde hace años uno de los puntos de tensión dentro de la disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido. Sin embargo, el avance de Sea Lion le otorga una nueva dimensión al conflicto debido a la magnitud de las reservas y a las inversiones necesarias para desarrollar la producción.

Para las organizaciones argentinas que acudieron a la Justicia, permitir que el proyecto avance implica no solamente asumir riesgos ambientales potenciales, sino también aceptar una explotación de recursos naturales en un territorio cuya soberanía Argentina continúa reclamando.

Del otro lado, el desarrollo petrolero representa para las autoridades de las islas una oportunidad económica de enorme importancia, capaz de modificar sustancialmente sus ingresos y su posición estratégica en el Atlántico Sur. Con las primeras perforaciones previstas para 2027 y la producción proyectada para 2028, el calendario convierte a la acción judicial presentada en Río Grande en una disputa contrarreloj.

La Justicia deberá ahora analizar si corresponde adoptar las medidas cautelares solicitadas y, eventualmente, avanzar sobre los planteos de fondo formulados por los excombatientes y las organizaciones ambientalistas.

Mientras tanto, el petróleo vuelve a poner a las Malvinas en el centro de la escena. Esta vez, no solamente por la cuestión territorial, sino también por el valor económico de los recursos existentes bajo el mar y por las consecuencias ambientales, jurídicas y geopolíticas que podría generar su explotación durante las próximas décadas.

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