Espectáculos | 17:55
Reflexiones actuales
Jhosemaria De Niro cuestionó la censura en redes sociales y llamó a recuperar el valor del conocimiento
El artista abordó temas vinculados a la antropología, el funcionamiento de las redes sociales, el valor del conocimiento académico, la educación y los cambios culturales contemporáneos. Además, explicó por qué considera que las conversaciones sobre la conducta humana son hoy su principal interés.
En una extensa charla, Jhosemaria De Niro analizó la eliminación de una publicación suya en Facebook vinculada a cuestiones antropológicas, cuestionó el rol de las redes sociales en la construcción del debate público y compartió su mirada sobre la educación, la cultura y los fenómenos sociales contemporáneos. También explicó por qué actualmente prefiere conversar sobre la conducta humana antes que sobre su trayectoria artística.
—Nos ha sorprendido un comentario acerca de la supresión, por parte de Facebook, de una opinión tuya de carácter antropológico. ¿De qué se trataba?
—Se trataba de un recuerdo de la muerte de Calfucurá en junio de 1873.
Todos opinaban desde la ideología, aunque existe una ignorancia importante acerca de la cuestión estrictamente antropológica. Las redes sociales mezclan expresiones de eruditos con las de discutidores de café. La población autóctona, cualquiera sea su grupo cultural, es siempre anterior a la llegada del europeo y estaba allí antes de que existieran los estados nacionales emergentes en el siglo XIX. Con esta simple y obvia observación quedaría desacreditada la invocación de decir si tal pueblo es chileno, argentino, paraguayo, boliviano, brasileño, etc.
—¿Podrías extender un poco más el comentario?
—Sí. Yo dije, en base a mis estudios de etnografía y trabajos de campo realizados oportunamente, donde conviví con pueblos autóctonos, oportunidad en que además aprendí su lengua, que los distintos nombres que se daban a los grupos que habitaban el actual territorio argentino eran denominaciones que estos mismos grupos atribuían a sus vecinos.
La manera correcta de comprender las diferencias es agruparlos por el idioma. Vorogas, Ranqueles, Picunches, Huliches, etc., son nombres que definen regiones. Pero todos esos pueblos hablaban, y lo hacen aún, el mismo idioma. Los Guena-Kenk, Cheuache-Kenk y Aonin-Kenk, parientes del centro, sur de la provincia de Buenos Aires y Patagonia, son otra etnia que los mapuche hablantes bautizaron como Tehuelches.
Por otra parte, existen regiones que deben su denominación a lenguas autóctonas que se hablaban mucho antes de la llegada del europeo, Chascomús, Quequén, Chapadmalal, Melincué, etc. Eso demuestra que estaban allí antes que existieran los Estados Nacionales.
Precisamente fue Juan Perón quien en su juventud escribió el Diccionario Toponímico Araucano. Me consta que él conocía bastante bien la lengua tehuelche, Aonin-Kenk, que es en particular la de la provincia de Santa Cruz.
Agregué que ser araucano es una denominación española y no original de América, y eso engloba todo de manera incorrecta. Quien descifra este engorroso entramado, provocado por la ignorancia europea, es Rodolfo Casamiquela en su obra "Hacia un esclarecimiento del mapa etnográfico de la provincia de Buenos Aires, Patagonia y zonas adyacentes", muy difícil de hallar porque fue censurada por la cultura oficial de los años 60 y 70.
Yo la tenía y tuve que quemarla a causa de una requisa del Ejército en 1977. El mismo Casamiquela me la había enviado a Puerto Madryn. Un largo comentario que incluía estos conceptos, estrictamente académicos, deseaba tratar de hacer entrar en razón a las personas que, tal vez sin maldad, esgrimían argumentos emergentes del desconocimiento profundo de la etnografía argentina y la manipulación política que oculta oscuros intereses.
—Hasta aquí no veo nada punible en tu exposición.
—Tal vez, pero la empresa Facebook anuló esta publicación y allí reconocí la malsana censura que ejerce este medio. Mis colaboradores artísticos insisten en mantener abiertas estas páginas. Yo no creo en la utilidad de las redes sociales porque, en ellas, como dijo Discépolo en su tango Cambalache, es "lo mismo un burro que un gran profesor".
Ustedes dirán que permiten la opinión de la gran masa de seres anónimos.
Lo que yo digo puede parecer autoritario, pero no sé si está bien que cualquiera diga cualquier cosa sin ton ni son y desde el estómago, sin pasarlo por el cerebro.
Viendo el mundo que tenemos, los resultados no son buenos. Siempre se impone la violencia, que cancela la seria y buena conversación como intercambio de conocimientos e ideas.
Quienes han dedicado años de su vida a estudiar y formarse se encuentran insultados y acosados por ignorantes que, como tales, son portadores de una escandalosa soberbia y muchas veces con el poder que les confiere, además de las redes, el tener un micrófono en la mano.
—¿Pero tú no promueves sin querer otra forma de censura?
—Se me puede acusar de promover la censura desde otro lugar de la realidad, es verdad.
No estoy seguro de si es así, pero reconozcamos que la realidad nos muestra un mundo inquietante donde el conocimiento adquirido durante siglos de desarrollo de las ciencias está puesto en cuestión, pero no por razones de perfeccionamiento del conocimiento, sino por la simple negación ciega de todo lo aprendido gracias al genio de los investigadores del pasado.
El ejemplo más emblemático es la existencia de gente que cree, y trata de que todos compartan dicha creencia, que la Tierra es plana o que las vacunas crean enfermedades.
Yo sufrí un brote de poliomielitis en los años cincuenta. Fui afortunado en una década en la que vi caer a muchos niños bajo el yugo de la enfermedad hasta que las vacunas Salk y Sabin detuvieron el horror que azotaba al mundo entero.
—¿Por qué no hablamos de tu carrera artística y qué atraviesa en este momento?
—Ya hemos hablado bastante de todo ello. Hoy me interesan mucho más las conversaciones sobre la conducta humana. La música se ha convertido en un fenómeno sociológico mucho más intenso que en años pasados.
Sería interesante volver a ver el film de Rodolfo Kuhn de 1965 titulado Pajarito Gómez, donde se reflejó magistralmente la anomia de las masas detrás de un ídolo.
La actualidad de lo que se define como popular está relacionada con lo social más que con lo estético.
El arte es un hecho estético y en ello reside su carácter revolucionario. Al mismo tiempo, la estética actual que atrapa a las masas es bastante espantosa, aunque sus promotores y el periodismo institucional hagan apología de la calidad poética de tal o cual cantante o grupo.
Sucede con frecuencia que se aplauden ciertas adhesiones políticas por encima de la supuesta calidad de textos que, en general, no la tienen en absoluto.
Sería ofender a los grandes que hicieron de la poesía un arte mayor, Neruda, García Lorca, Robert Frost, Vallejo, Borges, y sigue la lista con poetas de canciones populares que dignificaron la canción, como Jaime Dávalos, Armando Tejada Gómez, Víctor Heredia, Ricardo Valladares, Homero Manzi, Homero Expósito y Catulo Castillo, entre otros.
Lo que cuestiono enfáticamente es la destrucción de la educación en beneficio de la barbarie generalizada.
