Opinión | 17:26
Nuevas formas
¿Puede existir trabajo sin empleo en la economía argentina presente?
El avance de las plataformas digitales modificó las formas de generar ingresos y volvió más difusa la frontera entre trabajo y empleo. El autor analiza cómo la fragmentación de las actividades laborales desafía categorías tradicionales y redefine la relación entre tiempo, autonomía y prosperidad.
Por Leandro A. Cuellar
Si uno se pregunta: ¿qué es el trabajo? Quizás la respuesta no sea tan simple como antes. En nuestro país, qué entendemos hoy por “tener un trabajo” es una cuestión compleja, con tantas variables y aleteos que aquí se explora un concepto nuevo.
El uso de plataformas digitales cambió hace tiempo, y de manera impresionante, el mercado laboral argentino y el de distintas regiones de Latinoamérica. La tecnología dejó de ser solamente una herramienta para trabajar mejor y comenzó a convertirse, para millones de personas, en una forma directa de generar ingresos.
El auge de las apps
Hoy muchos argentinos utilizan plataformas para complementar sus ingresos, construir una actividad económica propia o incluso reemplazar un empleo tradicional. Este fenómeno se profundiza cuando un único salario deja de alcanzar y obliga a buscar nuevas fuentes de dinero. Las horas laborales se vuelven inidentificables, la propuesta marxiana se coloca en tensión argumental cuando hay discontinuidad y fragmentación en la actividad laboral.
Der freie Arbeiter dagegen verkauft sich selbst, und zwar stückweise. Er versteigert 8, 10, 12, 15 Stunden seines Lebens, einen Tag wie den andern, an den Meistbietenden.“
Marx, K. (1849), Lohnarbeit und Kapital.
Se puede traducir de manera cercana como: “El trabajador libre, en cambio, se vende a sí mismo, y lo hace por partes. Subasta 8, 10, 12, 15 horas de su vida, un día como el otro, al mejor postor”.
La fragmentación posible y el common sense
Si nos detenemos en stückweise, se analiza la significación de “por partes”, “en fragmentos”, “pieza por pieza”. Y es justamente eso lo que interesa decir. En distintos puntos del país, una persona puede generar ingresos vendiendo objetos que ya no utiliza a través de Mercado Libre o Facebook Marketplace, repartiendo con Pedidos Ya, conduciendo con Uber, alquilando una propiedad o una habitación mediante plataformas digitales, revendiendo productos adquiridos en Temu o Shein, o realizando distintos trabajos que hasta hace algunos años simplemente no existían. Ahí entra la cuestión fragmentaria de la actividad laboral, aquella stückweise.
Aun así, no hay autonomía como se cree desde el common sense. El control no desaparece en el bosque: ahí hay luces y notificaciones. Las aplicaciones incentivan a partir de sus fines: controlan, vigilan y determinan comportamientos. Por ejemplo, Uber puede incentivar pagando mejor en horarios sin tanta demanda de conductores o incluso mediante el logro de premios. Quien conduce para esta plataforma no es libre por no ser un asalariado tradicional con sindicato. No posee libertad financiera ni es su propio jefe. Es autoempleado. Es decir, esto depende únicamente de su esfuerzo y, de ese modo, está lejos de ser dueño de un activo financiero. Hay quienes dicen que el mayor activo es el tiempo.
El juego de la apariencia y la distinción entre trabajo y empleo
Pero hay algo más interesante detrás del fenómeno de las apps. Las plataformas no necesariamente terminaron con el desempleo. Se han transformado las categorías y hoy los indicadores tradicionales tienen dificultades para captar las nuevas formas de trabajo con rigor. Así como no hay identidad humana fija, tampoco existe una unidad laboral fácil de identificar. Una persona ya no se identifica con una profesión como antaño. Un abogado hoy puede ser comunicador, marketer, periodista, entre otras actividades.
¿Tener ingresos equivale a tener “trabajo”? ¿El “trabajo” necesita un empleador, horario y lugar físico para ser considerado como tal? Una persona puede no tener un empleo formal y, sin embargo, estar generando ingresos todos los días. El trabajo es energía de la que se dispone para un fin, mientras que el empleo precisa de una relación laboral. Ahora bien, la generación de ingresos constituye el resultado económico de un trabajo o un empleo. La diferencia puede ser capilar y enorme a la vez.
Son necesarias nuevas formas de análisis. Hoy una persona puede tener tres o más actividades diferentes y no poseer ningún empleo. Puede ser repartidor por la mañana, vendedor por internet por la tarde y revendedor de productos durante la noche.
¿Está desempleado? La estadística tradicional podría responder que sí. La realidad económica, quizás, sea bastante más compleja. Está claro que hay categorías del marxismo real que ya no pueden utilizarse, aunque algunas cuestiones nos aportan elementos de reflexión para nuestros días.
¿Las piezas de la prosperidad?
Pensar en aquellas “piezas” del día a día y entender que el liberalismo, si no es próspero para una Nación, no es liberalismo. Si, en un mundo capitalista, el libre mercado refuerza ideales de cooperación, progreso en la competencia y libertad financiera, y estos son espurios y falsos, no hay libertad financiera, ni moral, ni política…
Y la economía no es neutral. Influye ampliamente en la cultura, esto es, en el terreno moral.
Conclusión: un “casi” que duele
Queda más que aclarado, por lo dicho, que sin la posibilidad de aquel ocio bien entendido no hay posibilidad de pensamiento.
Y pensar hoy es casi imposible.
Un “casi” que duele.
(*) Analista político y cultural. Presidente de Vilanova Group.
