Política | 07:56
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El bombero en las sombras: Santiago Caputo y la contención de una crisis libertaria que amenaza el 2027
El asesor presidencial busca que Javier Milei no pierda a sus aliados de la batalla cultural.
La reciente fisura en el núcleo duro de La Libertad Avanza (LLA) dejó al descubierto no solo la volatilidad emocional del presidente Javier Milei, sino también la dependencia absoluta del Gobierno hacia una figura central en su engranaje: Santiago Caputo.
El asesor presidencial debió intervenir de urgencia para apagar un incendio que amenazaba con destruir uno de los bastiones estratégicos y de recaudación del oficialismo, la Fundación Faro, tras un violento choque entre el mandatario y el referente intelectual Agustín Laje.
El detonante de la crisis fue una dosis de pragmatismo que Milei no toleró. Laje, encargado de liderar la autodenominada batalla cultural, deslizó en entrevistas recientes que la reelección en 2027 no está asegurada.
Apoyado en encuestas que marcan un 38 por ciento de aprobación, el politólogo advirtió que al oficialismo le faltan votos para ganar en primera vuelta, sugirió tender puentes hacia el centro político con figuras como Diego Santilli y alertó que, si no mejora la economía diaria de la gente, el péndulo político podría volver hacia la izquierda. La gente, sentenció Laje, no come de la batalla cultural.
La respuesta del jefe de Estado, recluido en la Quinta de Olivos, fue intempestiva. Según trascendió, Milei tomó su teléfono y despachó una ráfaga de insultos en mayúsculas contra su referente intelectual, tildándolo de traidor antes de cortar toda comunicación y bloquearlo. Fue en ese abismo institucional y personal donde emergió la figura de Santiago Caputo.
Caputo operó como el verdadero garante de la estabilidad interna. Con la mirada puesta en la supervivencia del proyecto político, el asesor estrella entendió rápidamente el daño colateral que significaría perder a Laje de sus filas. Su lectura no fue ideológica, sino estrictamente utilitaria. No se trataba solo de retener a un vocero del pensamiento de derecha, sino de resguardar la estructura de la Fundación Faro, una herramienta clave que el oficialismo utiliza para la recaudación de fondos y el armado de cara a las próximas campañas electorales.
La intervención de Caputo grafica a la perfección la dinámica de poder en la cúpula del Gobierno. Mientras Milei reacciona desde el dogmatismo y la ira ante cualquier atisbo de crítica interna, Caputo opera desde el hiperpragmatismo. Fue él quien debió descender al barro de las relaciones humanas para calmar los nervios, frenar la renuncia inminente de Laje y zurcir un vínculo que había quedado hecho añicos por los exabruptos presidenciales.
El asesor sabe que las palabras de Laje, aunque dolorosas para el ego presidencial, esconden una verdad ineludible. El arquitecto del relato oficialista es consciente de que los votos duros no alcanzan y que se necesita seducir al electorado moderado. Por eso, su rol fue el de un escudo protector: resguardar a los propios aliados de la furia del Presidente.
El episodio deja una lección clara para el armado libertario. La advertencia sobre la necesidad de ampliar la base electoral y mostrar resultados económicos concretos fue sofocada por el grito del Presidente, pero es una realidad que el propio Santiago Caputo lee a diario en sus encuestas. Sin la contención política y el pragmatismo que él mismo ejerce desde las sombras, los desbordes presidenciales podrían terminar dinamitando el camino hacia esa misma reelección que hoy, como bien marcó Laje, no está para nada asegurada.
