Política | 15:15
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Milei y la batalla por controlar el relato político
El Gobierno combina redes, voceros propios y estructuras de comunicación paralelas para disputar agenda con los medios tradicionales.
El Gobierno de Javier Milei construyó buena parte de su identidad política alrededor de una premisa: no depender de los medios tradicionales para instalar su agenda. La estrategia nació en campaña y se convirtió en método de gobierno. El Presidente utiliza sus redes como plataforma central, mientras el oficialismo desarrolló un ecosistema propio de operadores, periodistas, influencers, streamings y think tanks. El objetivo no es solamente comunicar una gestión, sino disputar quién define qué es noticia.
En ese esquema, Santiago Caputo aparece como una de las piezas centrales. El informe sobre las redes de poder del Gobierno lo ubica al frente de un núcleo de funcionarios y operadores de bajo perfil, con influencia sobre la estrategia regulatoria y la comunicación digital. Juan Pablo Carreira, conocido como "JuanDoe", y Ezequiel Acuña, identificado como "El Pasante", aparecen vinculados a ese dispositivo y a La Derecha Diario.
La relación con los medios tradicionales, sin embargo, no desapareció. Cambió. El oficialismo los necesita para amplificar determinadas noticias, pero al mismo tiempo los enfrenta cuando considera que alteran el encuadre político que pretende imponer. En los últimos meses, esa tensión llevó incluso a revisar el esquema oficial de comunicación. En junio, el Gobierno incorporó a Adrián Ravier como vocero y a Fabián Fernández como secretario de Comunicación y Prensa, con la intención declarada de mejorar la llegada de la gestión y recomponer el vínculo con los medios.
El relato ya no depende de la televisión
La arquitectura comunicacional libertaria parte de una transformación del escenario mediático. Las redes sociales permiten que Milei hable directamente con sus seguidores, marque temas, responda críticas y convierta una publicación en noticia. El Gobierno puede prescindir parcialmente del filtro editorial tradicional porque una declaración presidencial en X puede convertirse en título, tendencia y contenido televisivo pocas horas después.
El documento sobre las redes de poder identifica además un dispositivo digital asociado al círculo de Santiago Caputo. La comunicación deja de ser solamente una tarea institucional y pasa a funcionar como una herramienta de construcción política permanente. Allí se mezclan funcionarios, operadores digitales y plataformas que buscan disputar el sentido de las noticias antes de que los medios tradicionales consoliden una interpretación.
El fenómeno también tiene una pata doctrinaria. Fundación Faro aparece en los documentos como uno de los principales espacios de respaldo intelectual del proyecto libertario, con Agustín Laje y Adrián Ravier como figuras destacadas. El informe señala que Faro destinó más de 1079 millones de pesos a publicidad política en Facebook e Instagram durante 2025-26, ubicándose entre los mayores anunciantes políticos de esas plataformas.
La pelea con los medios también construye identidad
La confrontación con el periodismo tradicional cumple una función política. Milei no solamente responde a una cobertura que considera negativa: transforma a determinados periodistas y medios en adversarios dentro de su propia narrativa. De esa manera, una crítica periodística puede ser presentada como evidencia de que existe una estructura de intereses enfrentada al cambio que propone el Gobierno.
La lógica quedó expuesta nuevamente durante agosto. Según un relevamiento publicado por La Nación, entre el 17 y el 23 de agosto Milei reprodujo 335 mensajes contra la prensa, escribió otros 26 y realizó 21 referencias al periodismo en discursos y entrevistas. La magnitud de la ofensiva muestra que la disputa mediática continúa ocupando un lugar importante en la estrategia presidencial.
Pero existe una contradicción. El oficialismo necesita de los medios tradicionales para alcanzar públicos que no consumen permanentemente redes políticas. Por eso, mientras el Presidente profundiza los ataques, la Casa Rosada busca recomponer canales de diálogo. La nueva dupla Ravier-Fernández fue presentada justamente como un intento de recuperar presencia pública de la gestión y producir un "reseteo" en la relación con la prensa.
La batalla por la agenda y el poder
La disputa comunicacional también refleja las internas del Gobierno. El documento de redes de poder describe una estructura de doble comando: por un lado, el núcleo asociado a Santiago Caputo; por otro, el dispositivo político de Karina Milei y los Menem. Esa competencia atraviesa distintas áreas del Estado y también alcanza el control de los mensajes, los voceros y las herramientas de construcción política.
El cambio de esquema comunicacional de 2026 expuso esa discusión. La designación de Ravier como vocero redujo el protagonismo de Manuel Adorni en la comunicación cotidiana, mientras Fabián Fernández llegó con experiencia en comunicación política y antecedentes profesionales vinculados a YPF. Infobae interpretó el movimiento como parte de una negociación interna sobre quién controla los mensajes oficiales y cómo se enfrenta la cobertura de los medios.
La conclusión es política: el Gobierno de Milei no intenta solamente convencer a través de los medios, sino construir un sistema capaz de competir con ellos. Redes sociales, plataformas de streaming, voceros, think tanks y operadores digitales forman un circuito paralelo que permite sostener el relato oficial y disputar la agenda. Los medios tradicionales siguen siendo necesarios, pero ya no tienen el monopolio de la interpretación. Esa es, precisamente, una de las transformaciones más profundas que produjo el modelo comunicacional libertario.
