Opinión | Ayer

Se gesta el G-5

Movimiento geopolítico global de suma trascendencia

Su desplazamiento al museo de la geopolítica mundial parece inexorable.

Por Alberto Asseff

Todo indica que el glamoroso G-20 se debilita. Su desplazamiento al museo de la geopolítica mundial parece inexorable.

Washington está analizando promover la creación del G-5, un club más exclusivo. Selecto. El de los 20 es demasiado multicolor. Podría haber ayudado a mejoras globales, pero no consiguió esos objetivos.

Los 5 (además de Estados Unidos y China) estarían completados por Rusia, India y Japón. Esta composición tiene su lógica. El mundo (desde la óptica geopolítica) se divide en esferas de poder norteamericano (su flamante "Estrategia de Seguridad Nacional" lo pone de manifiesto sin rodeos) se enseñorea en el hemisferio Occidental, las Américas, más los 2 polos.

Nada nuevo, sólo que, dos siglos después, abandona para los libros de historia su nombre inicial ("Doctrina Monroe"). Ahora no posee identificación nominal. Menos, el peyorativo "patio trasero". Simplemente, Occidente.

En rigor, esto encierra todo un mensaje: seríamos en el mapa geopolítico contemporáneo el nuevo Occidente, sobre todo si es real que la Europa atlántica estaría experimentando "un proceso incivilizatorio" (Whashinton dixit). No deja de ser un fuerte desafío.

¿Por qué Rusia estaría incluida? 2 motivos tan objetivos como decisivos: sus once husos horarios que dan cuenta de su enorme superficie bicontinental y que si no se la integra se la empujaría a los brazos de China. En vez de compelerla hacia el Lejano Oriente, reconocerle su condición europea, Que esté Pekín no requiere explicitar motivos.

China habla por su propio peso... ¿Por qué la India? Objetivamente, cualquier reordenamiento geopolítico global (o un intento de promover un nuevo orden) no tiene licencia para ignorar al país más poblado de la tierra que además está avanzando manifiestamente, primero en su compleja integración social interna, luego en su tecnología y en tercer término en su participación en el PB mundial.

Y como si esto no bastase, es un contrapeso natural. para la expansión del poder chino en el Sudeste asiático, en el Índico ¿Y Japón, que está relativamente estancado? Con sus problemas, entre los que resalta, no ya el envejecimiento poblacional, sino su decrecimiento demográfico, Tokio sigue y continuará siendo una fortísima economía altamente tecnologizada y es un muro para evitar que China se proyecte hacia el Pacífico.

Estados Unidos quiere contener a China

Para contener a Pekín en Oceanía ya está implantado EEUU con Hawaii, Guam, Marianas y Samoa y está Australia, y sus alianzas en Micronesia. Estas islas (Marianas, Guam) fueron españolas hasta 1900 y hoy configuran el "arco de seguridad" norteamericano.

No se puede negar que la idea del G-5 no fue pensada en una ensoñación estival. Tiene sentido y criterio y sobre todo imagina un orden mundial nuevo que aseguraría la hegemonía norteamericana, energizada por 2 factores, la vieja civilización europea (a la que Washington cataloga como decadente) pero que todavía puede dar mucho y la esplendidez de la América nuestra (la Iberoamericana y el Caribe) que posee un potencial humano y material incalculable.

Frustrada, claramente, por haberse apeado prematuramente del modelo político confederativo, fragmentándose infantilmente en más de 27 Estados.

Los Brics se debilitaron

La respuesta que impulsó China al desorden y a la notoria labilidad del G-20, los BRICS, se contaminó por la sobrecarga ideológica (se debe apartar en lo posible ideología de geopolítica) y por heterogeneidad de sus componentes.

Se debe prestar especial atención a 2 documentos, uno norteamericano y el otro chino. El de nuestro vecino septentrional es la ya mencionada "Estrategia de Seguridad Nacional".

El del país que habla mandarín es el Programa número 15 desde la Revolución, para el lapso 2026-2030. Refirma su estrategia de manejarse como un creciente "poder blando" (rara vez desenvaina, eso que Washington hace habitualmente), asigna el 8,3 por ciento del presupuesto a Ciencia y Tecnología (172 mil millones de dólares, apenas 20 mil menos que Estados Unidos, que sumados a la inversión privada como la de Huawai alcanza a los 723 mil millones de dólares) y buscará desarrollar aún más su comercio (hoy con un superávit superior a un billón de dólares) apelando al yuan digital y al crecimiento de sus manufacturas agregándole ciencia y tecnología.

Por eso la transición ya iniciada hacia la biomanufactura.

Distribución de esferas de influencia

El sustento del G-5 es una distribución de esferas de influencia: Estados Unidos, el Occidente geográfico con sus proyecciones al Atlántico, a Europa del oeste, al Pacífico y a Oceanía.

China, poderosa, pero encapsulada por Japón y la India como contrapoderes regionales. Rusia influyente en Europa oriental, asegurada sus inmensas fronteras, pero contenida en la posibilidad de ser atraída (por imperio de la necesidad) por China.

Un área de disputa geopolítica es África, donde China puso no sólo su mirada, sino sus yuanes. La balcanización política y el faccionalismo han facilitado que sea tierra fértil para el expolio (de los en general deplorables gobernantes y de los foráneos con añoranzas coloniales) pero también ha generado una geografía políticamente inestable, con permanentes y creciente conflictividad.

¿Es previsible que Estados Unidos y China se asocien en un nuevo grupo global? A diferencia del mundo post Segunda Guerra, ahora existe un fenomenal intercambio comercial y una enorme integración financiera. Washington debió rever su política arancelaria que pretendía ralentizar la economía china porque esas barreras dañaban y mucho a su economía doméstica.

Es sabido además que el primer acreedor externo del endeudado Estados Unidos es China. Hay rivalidad por el predominio, pero en los hechos existe una asombrosa articulación. Todo lo contrario de lo experimentado en la Guerra Fría.

Moscú estaba separado de Occidente no solo por la ‘Cortina de Hierro’. La disociación partía de dos modelos contrastantes: una economía de mercado versus otra planificada y estatizada. Capitalismo confrontado por el socialismo. Cuando en 1978 Deng Xiaoping inauguró, la nueva política económica produjo uno de los mayores acontecimientos de esta era: el nacimiento de la combinación del poder autoritario con una economía capitalista.

La China moderna. No es una distracción que la Estrategia de Estados Unidos afirme que "China no es un adversario". No es una expresión ligera de la diplomacia, sino una manifestación realista de cómo aspira Washignton que sea el mundo en el próximo medio siglo.

La Argentina en el tablero mundial

La asociación comercial del Mercosur con Europa es una buena iniciativa que lleva 30 años de demoras – por la tenaz oposición de los productores agroalimentarios del Viejo Continente, incapaces de competir con nuestros ruralistas innovadores como pocos. La situación nos señala el doble y simultáneo camino que tiene América del Sur y nosotros: estrechar vínculos estratégicos con Washignton y comerciales con Pekin. El tratado de Libre Comercio del Mercosur con China entra en el radar, está visible en el escenario y cada vez más cercano y necesario. Dos vecinos nuestros ya se anticiparon: Chile y Perú.

Suele creerse que si los grandes trazan un esquema del poder global, los medianos (nosotros lo somos) no tenemos arte ni parte. Craso error que cometeríamos. Nosotros también debemos trazar nuestra Estrategia de Seguridad y Defensa Nacional con alcances sudamericanos y más allá.

El Atlántico Sur (compartido con Brasil y Uruguay), la Antártida (asociados a Chile con quien tenemos un reconocimiento de soberanía recíproca añejo, como que data de 1947), el corazón de Sudamérica (Bolivia y Paraguay) donde tenemos que extremar nuestra imaginación hasta encontrar caminos de cooperación e integración profundos, y el Pacífico, que nos convoca a refirmar los antiguos y probados lazos con Perú y forjarlos definitivamente con Chile mediante una denodada labor de erradicación del antiargentinismo allende los Andes y de su contracara aquende.

Sin omitir todo lo que debemos realizar, aunados con Brasil, en el África atlántica, allí inclusive donde Buenos Aires tuvo una memorable jurisdicción heredada de Madrid.

La geopolítica mundial y las estrategias que inspira están más dinámicas que en varias décadas. Sería aconsejable que, en medio de nuestras querellas cotidianas, casi todas con un vuelo que no se eleva más allá del zócalo, los dirigentes, si no todos, por lo menos un puñado, se pongan a pensar al país a treinta años. Sería para plasmar la Argentina grande y protagonista otra vez.

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