Política | 16:51
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Nardini cambia de juego: del acercamiento a Gebel a candidato de unidad del peronismo bonaerense
El intendente de Malvinas Argentinas sería el elegido.
El intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo "Leo" Nardini, comenzó a ocupar un lugar cada vez más visible en la discusión por la sucesión de Axel Kicillof y, de cara a 2027, su nombre empieza a circular con una hipótesis política cada vez más ambiciosa: convertirse en una candidatura de síntesis capaz de reunir a distintas vertientes del peronismo bonaerense. En paralelo, el dirigente habría comenzado a tomar distancia de la posibilidad de quedar atado exclusivamente al armado nacional que busca impulsar Dante Gebel.
Por ahora, no existe una confirmación pública de una ruptura entre Nardini y Gebel. De hecho, el vínculo entre ambos fue real y llegó a alimentar versiones sobre una eventual fórmula política para 2027. En agosto, incluso, trascendió que Nardini podría ser el elegido de Gebel para disputar la Gobernación bonaerense si el pastor y conductor finalmente avanzara con su candidatura presidencial. La propia versión periodística aclaraba que no existía confirmación oficial.
Sin embargo, el escenario comenzó a adquirir otra dimensión. Mientras Gebel continúa explorando una construcción presidencial por fuera de las estructuras tradicionales, Nardini mantiene una fuerte inserción territorial dentro del peronismo y comenzó a ser mencionado como uno de los dirigentes que podrían disputar la sucesión de Kicillof. La diferencia no es menor: una cosa es ser el candidato bonaerense de un outsider presidencial y otra muy distinta es convertirse en un candidato propio del Partido Justicialista (PJ) con capacidad de dialogar con sus diferentes sectores.
El intendente de Malvinas Argentinas parece estar intentando mantener abiertas ambas puertas.
Una candidatura que busca escapar de la interna
Nardini tiene una ventaja política que otros aspirantes a la Gobernación no necesariamente poseen: puede reivindicar su pertenencia peronista sin quedar encerrado en una única terminal interna. Su trayectoria está vinculada al justicialismo y al kirchnerismo, pero durante los últimos meses también protagonizó encuentros y conversaciones con dirigentes de diferentes procedencias.
En abril, el propio Nardini planteó públicamente que había que "sentarse con todos", incluyendo a dirigentes como Miguel Ángel Pichetto, Emilio Monzó y Dante Gebel. La definición reflejó una estrategia que excede la tradicional disputa entre las distintas tribus del peronismo y busca construir puentes con sectores que podrían terminar confluyendo en una alternativa más amplia para 2027.
Esa capacidad de interlocución puede transformarse en uno de sus principales activos electorales. En un peronismo bonaerense atravesado por las diferencias entre el kicillofismo, La Cámpora, los intendentes, el sindicalismo y otros sectores territoriales, un candidato capaz de no aparecer como propiedad exclusiva de ninguna de esas estructuras podría convertirse en una salida negociada.
De allí surge la posibilidad de que Nardini intente instalarse como una suerte de línea intermedia: peronista, territorial y con experiencia de gestión, pero al mismo tiempo dispuesto a conversar con sectores externos al núcleo tradicional del PJ.
El antecedente Gebel
La relación con Dante Gebel no fue una especulación inventada desde cero. Ambos mantuvieron un encuentro que tuvo repercusión política y que alimentó la posibilidad de una futura construcción conjunta.
Gebel viene explorando desde hace meses la posibilidad de competir por la Presidencia en 2027. El armado que impulsa su eventual candidatura reúne dirigentes provenientes del peronismo, sindicalistas, exlibertarios y sectores que buscan construir una alternativa por fuera de las estructuras partidarias tradicionales.
En abril, además, Gebel profundizó sus contactos con dirigentes políticos, sindicales y empresariales. La Nación informó que el pastor estaba explorando acuerdos y que su decisión sobre una eventual candidatura presidencial quedaría para después del Mundial de fútbol.
Infobae también describió aquella etapa como una búsqueda de alianzas para un proyecto presidencial propio, con contactos que incluyeron a la CGT y al gobernador cordobés Martín Llaryora.
En ese contexto apareció Nardini como una figura territorial potencialmente atractiva para el proyecto. Un dirigente con estructura propia, conocimiento del conurbano y experiencia ejecutiva podía aportarle a Gebel algo que una candidatura presidencial de carácter outsider necesita: territorio.
Pero el vínculo político entre ambos también tiene un límite. Nardini tiene una historia dentro del peronismo y una estructura política que no necesariamente necesita quedar subordinada a una candidatura presidencial externa al PJ.
Por eso, la versión sobre un eventual alejamiento de Gebel puede leerse menos como una ruptura abrupta y más como una redefinición de prioridades. Nardini podría haber utilizado aquel acercamiento para explorar una alternativa, mientras paralelamente fortalecía su propia posición dentro del peronismo bonaerense.
El territorio empieza a hablar
La candidatura de Nardini tampoco se sostiene únicamente en reuniones y versiones de dirigentes. En los últimos meses comenzaron a aparecer señales territoriales que buscan instalar su nombre para 2027.
En mayo, dirigentes de la Primera Sección participaron de un encuentro destinado a posicionar al intendente como candidato a gobernador. Posteriormente, comenzaron a multiplicarse las referencias a una construcción provincial alrededor de su figura.
La agenda de Nardini también comenzó a exceder con mayor frecuencia los límites de Malvinas Argentinas. En agosto se destacó su creciente actividad en clave provincial y su intención de colocar temas como la educación dentro de una agenda bonaerense más amplia.
A esto se suma un dato que puede resultar relevante en cualquier negociación futura: mediciones difundidas recientemente ubicaron a Nardini entre los intendentes del Gran Buenos Aires con mejor imagen positiva, un elemento que sus promotores seguramente buscarán utilizar para justificar una eventual candidatura provincial.
En política bonaerense, el volumen territorial es determinante. Y Nardini cuenta con una estructura municipal propia, un distrito de peso en la Primera Sección y una trayectoria ejecutiva que le permite presentarse como un dirigente con experiencia concreta de gestión.
La disputa que viene
El otro elemento que modifica el escenario es Santiago Cúneo. El dirigente se reincorporó formalmente al Partido Justicialista bonaerense en agosto y anunció que pretende competir por la Gobernación en 2027. Su ingreso fue acompañado por dirigentes vinculados al esquema de Axel Kicillof, entre ellos Andrés "Cuervo" Larroque y Mariano Cascallares.
Pero Cúneo no volvió al PJ para ocupar un lugar secundario. Desde el comienzo dejó claro que pretende disputar la candidatura y que considera que la definición debe producirse en las urnas.
Su encuentro posterior con Hugo Moyano reforzó esa estrategia. Cúneo comenzó a construir vínculos con el sindicalismo, a proyectar recorridas por los 135 municipios bonaerenses y a buscar apoyos dentro de las estructuras territoriales del justicialismo.
Incluso planteó que, si existe una interna, el PJ bonaerense debería tener un único candidato a gobernador surgido de las urnas. La idea supone un desafío directo a cualquier intento de resolver la sucesión de Kicillof mediante un acuerdo cerrado entre dirigentes.
Así, mientras Cúneo parece apostar a una candidatura disruptiva que obligue al peronismo a competir internamente, Nardini podría intentar ocupar el lugar exactamente inverso: el del candidato capaz de evitar una fractura y sintetizar diferentes sectores.
Nardini contra Cúneo, una interna con dos modelos
Si esta hipótesis finalmente se confirma, la interna bonaerense podría presentar una particularidad interesante. De un lado estaría Cúneo, dispuesto a disputar desde una posición de fuerte identidad política, con discurso propio, estructura partidaria y una estrategia basada en recorrer el territorio y reclamar una interna.
Del otro podría aparecer Nardini como una figura de mayor moderación interna, con estructura municipal, vínculos con intendentes y capacidad para dialogar con sectores que van desde el peronismo tradicional hasta espacios externos al PJ.
La diferencia sería entonces mucho más profunda que una simple competencia entre dos nombres. Cúneo buscaría que el peronismo se defina mediante una disputa abierta. Nardini podría intentar que los diferentes sectores encuentren una candidatura común antes de llegar a las urnas.
El intendente, además, podría presentar su candidatura como una solución intermedia frente a las distintas alternativas que hoy circulan dentro del peronismo bonaerense. No necesariamente enfrentado al kicillofismo, pero tampoco subordinado a La Cámpora; cercano a los intendentes, pero con capacidad de diálogo con el sindicalismo; peronista, aunque abierto a una construcción más amplia.
En esa ecuación, la experiencia con Gebel podría terminar funcionando como un activo y no como un lastre. Haber dialogado con un dirigente que busca construir por fuera de las estructuras tradicionales le permitiría a Nardini mostrar que tiene capacidad para hablar con sectores diversos.
Pero para consolidar una candidatura propia dentro del PJ, necesitará demostrar que esa transversalidad no implica abandonar su identidad peronista.
El desafío de ser el candidato de todos
La gran pregunta será si Nardini consigue convertirse en aquello que muchos sectores del peronismo bonaerense suelen buscar cuando la interna amenaza con fragmentar el espacio: un candidato que nadie considere completamente propio, pero que tampoco resulte inaceptable para nadie.
Esa puede ser su mayor fortaleza y, al mismo tiempo, su mayor debilidad. Una candidatura de unidad necesita que los distintos sectores resignen parte de sus propias aspiraciones. Y en la provincia de Buenos Aires sobran dirigentes con estructuras, ambiciones y terminales políticas que pretenden quedarse con el control del principal distrito electoral del país.
Nardini deberá competir, además, con otros nombres que ya circulan para la sucesión de Kicillof. Pero su estrategia parece diferenciarse porque no se limita a construir una candidatura desde un solo sector.
El intendente de Malvinas Argentinas parece apostar a otra lógica: hablar con todos, evitar quedar atrapado en una sola interna y esperar que el propio desgaste de las disputas internas convierta su nombre en una alternativa razonable.
La política bonaerense todavía está lejos de tener definido quién ocupará la boleta para gobernador en 2027. Pero el tablero comienza a ordenarse alrededor de dos caminos posibles: una candidatura surgida de un acuerdo entre las principales estructuras o una interna abierta donde cada sector mida su fuerza.
En ese escenario, Nardini puede terminar siendo el dirigente que intente construir el primer camino, mientras Cúneo se prepara para forzar el segundo.
Y allí aparece la verdadera incógnita de esta rosca: si Leo Nardini logra despegarse de cualquier candidatura nacional ajena al PJ y consolidarse como una opción propia, transversal y de unidad, podría dejar de ser simplemente uno de los nombres que suenan para la Gobernación para convertirse en el candidato alrededor del cual otros sectores tengan que sentarse a negociar.
Por ahora, no hay candidatura oficial, tampoco ruptura confirmada con Gebel ni acuerdo cerrado dentro del peronismo. Pero hay movimiento territorial, contactos políticos y una creciente instalación de su nombre. La carrera bonaerense de 2027 recién empieza. Y Nardini parece haber entendido que, antes de correr, primero hay que conseguir que todos miren hacia el mismo carril.
