Opinión | 18:11

Análisis

Sam Altman (OpenAI) y aquel "extremo cuidado" en las Naciones Unidas

La responsabilidad social es necesaria.

Por Leandro Cuellar

Lo que acaba de plantear Sam Altman ante la ONU, en el día de ayer, me hace volver sobre una preocupación que vengo teniendo: el problema de la IA no es solamente qué puede hacer, sino quién termina teniendo el poder de decidir qué hacemos con ella.

Sam Altman habla de no perder el control humano, de evitar que el poder quede concentrado. Siempre digo que: "El que domina la información, domina el resultado". Esto se debe a una impresión sobre una de mis máximas retóricas que cada vez siento más interesantes: "la presidencia es un puesto menor". Orson Welles ilustra con Citizen Kane.

Y, más allá de aquel miedo humano a una IA “fuera de control”, me pregunto: ¿Qué pasa cuando el verdadero problema no es que la máquina tenga demasiado poder, sino que unas pocas personas tengan demasiado poder sobre la máquina?

Esa es la dueñidad epistemológica. Aquel que logra que la información circulante sea considerada como real. Está claro que la verdad se construye. Altman profetiza desde la responsabilidad ética.

Sin embargo, también hay algo paradójico: quienes construyen estas tecnologías son quienes ahora advierten sobre la necesidad de regularlas. La IA está siendo cada vez más legitimada, como aquel famoso eslogan para dummies: "científicamente comprobado".

Aún así, hay que reconocer que sus mejoras nos muestran que podemos confiar en ella. Además... ¿Si los sesgos se ven, serían sesgos? La dueñidad epistemológica no te dice cómo pensar, sino qué, cómo y con quién pensar. El algoritmo no entiende de neutralidad.

La responsabilidad social es necesaria. La clase dominante precisa legitimar sus intereses desde la constitución moral y nosotros como clase dominada hacer que esas creencias sean propias y sentirnos bien con ellas.

Se puede hablar del apocalipsis del ser humano desde el mismo lugar que se puede hablar sobre la barbarie y la posible pérdida del poder de creación.

Nadie está a salvo.

Ni tiene porqué estarlo.

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