Política | 09:29

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Daniel Hadad y la mesa que empieza a mirar a 2027: empresarios, peronistas, macristas y libertarios en un mismo armado

El hombre de los medios recala en la carrera por el Sillón de Rivadavia.

El empresario de medios Daniel Hadad comenzó a ocupar un lugar cada vez más visible en las conversaciones sobre la elección presidencial de 2027. Aunque todavía evita confirmar una candidatura, sus movimientos, los dirigentes que aparecen cerca suyo y la diversidad de sectores con los que mantiene contacto alimentan una hipótesis cada vez más concreta: la construcción de una alternativa de centroderecha que busque diferenciarse tanto del kirchnerismo como del mileísmo más confrontativo.

Hadad, fundador y CEO de Infobae, cuenta con un activo poco habitual para un dirigente que pretende ingresar a la política: una extensa red de relaciones construida durante décadas entre empresarios, periodistas, dirigentes políticos, sindicalistas, jueces y funcionarios. En los últimos meses esa red comenzó a adquirir una lectura electoral.

El empresario sostiene públicamente que no tiene definida una candidatura presidencial. Sin embargo, tampoco clausura la posibilidad. Esa ambigüedad le permite avanzar en un proceso de exploración política sin quedar atado todavía a una estructura partidaria ni asumir formalmente el costo de una campaña.

La estrategia parece ser sencilla: medir cuánto espacio existe para una figura de derecha moderada, institucional y dialoguista, capaz de conservar algunas de las transformaciones económicas impulsadas por Javier Milei pero con un estilo político menos confrontativo.

La particularidad del eventual proyecto Hadad es que no parece estar construyéndose desde un partido. Por ahora, la estructura es una red de relaciones. Una red transversal que empieza a llamar la atención.

El empresario que intenta juntar mundos enfrentados

Una de las fotografías políticas más significativas se produjo durante la presentación del cortometraje "El Libertador" en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. La actividad estuvo vinculada con la tecnología y la inteligencia artificial, pero la composición de los invitados terminó convirtiendo el encuentro en una suerte de radiografía del círculo de relaciones de Hadad.

Por allí pasaron dirigentes y figuras pertenecientes a sectores muy diferentes de la política argentina. Mauricio Macri compartió espacio con dirigentes peronistas, referentes vinculados al oficialismo libertario, empresarios, sindicalistas y figuras del Poder Judicial. Entre los nombres mencionados aparecieron Mayra Mendoza, Gerardo Martínez, Ariel Lijo, Ernesto Kreplak, Diego Kravetz, entre otros.

El dato político no fue solamente quién asistió, sino la capacidad de Hadad para reunirlos. En un escenario nacional caracterizado por la fragmentación y la polarización, el empresario parece estar jugando una carta diferente: hablar con todos antes de decidir con quién competir.

La misma lógica había aparecido meses antes en la Universidad Nacional de La Matanza, cuando Hadad recibió el Doctorado Honoris Causa. En aquella oportunidad también confluyeron dirigentes de procedencias políticas diversas, entre ellos Sergio Massa, Juan Manuel Abal Medina, Víctor Santa María, Sergio Berni, Federico Achával y Juan Martín Mena, junto a figuras de Propuesta Republicana (PRO) como Cristian Ritondo y Guillermo Montenegro.

La escena volvió a mostrar que el capital político de Hadad no está construido sobre una identidad partidaria sino sobre una red transversal.

Brito, Monzó y Kravetz, los nombres que aparecen en la conversación

Dentro de esa red hay tres nombres que adquieren especial relevancia cuando se analiza la hipótesis de una eventual candidatura presidencial.

El primero es Jorge Brito. El empresario y presidente de River Plate aparece mencionado en las conversaciones vinculadas a una eventual construcción de centroderecha. El propio Hadad habló públicamente de Brito en términos elogiosos y llegó a considerar que podría ser un gran candidato presidencial.

En paralelo comenzaron a circular versiones sobre una eventual articulación entre ambos. No existe, hasta el momento, una fórmula confirmada ni un espacio formal denominado Hadad-Brito. Pero la posibilidad alimenta una hipótesis interesante: que empresarios con capacidad de gestión, llegada pública y vínculos con distintos sectores intenten ocupar un espacio político que hoy no tiene dueño claro.

El segundo nombre es Emilio Monzó. El dirigente tiene una característica que podría resultar estratégica para cualquier proyecto de estas características: capacidad de diálogo con sectores políticos diferentes. Su trayectoria incluye vínculos con el macrismo, el peronismo no kirchnerista y distintos sectores parlamentarios.

Por eso, las versiones que lo ubican cerca de las conversaciones alrededor de Hadad resultan políticamente relevantes. Si el empresario decidiera finalmente competir, necesitaría mucho más que exposición mediática. Necesitaría estructura territorial, legisladores, intendentes, dirigentes provinciales y operadores capaces de transformar una red de contactos en una maquinaria electoral. Y allí el perfil de Monzó podría resultar especialmente útil.

El tercer nombre es Diego Kravetz. Su trayectoria también tiene una particularidad transversal. Pasó por el peronismo porteño, tuvo vínculos con el macrismo y actualmente ocupa un lugar relevante dentro del esquema de inteligencia estatal.

Su aparición en actividades relacionadas con Hadad alimenta la lectura de que el empresario mantiene puentes con sectores políticos y estatales que trascienden una sola fuerza. Por ahora, ninguno de estos nombres permite afirmar que exista una mesa política formal conducida por Hadad. Pero sí forman parte de un entramado que merece seguimiento.

Macri, Massa y los puentes con dos mundos

Mauricio Macri ocupa otro lugar particular dentro de esta historia. La presencia del expresidente en el evento organizado alrededor de "El Libertador" fue interpretada como una señal de cercanía, aunque no necesariamente como respaldo a una eventual candidatura.

Macri conoce como pocos las dificultades de construir una alternativa de centroderecha en la Argentina. El PRO atravesó una transformación profunda desde la llegada de Milei al poder y una eventual candidatura de Hadad podría competir precisamente por parte de ese electorado.

La relación con Sergio Massa, en cambio, abre otra puerta. Massa estuvo presente en la ceremonia en la Universidad Nacional de La Matanza y forma parte del universo político con el que Hadad mantiene vínculos.

No existe evidencia suficiente para afirmar que Massa esté detrás de una candidatura de Hadad ni que exista un acuerdo político entre ambos. Sin embargo, la posibilidad de que un eventual proyecto presidencial busque incorporar sectores del peronismo moderado resulta coherente con la estrategia transversal que el empresario viene mostrando.

Ese sería, justamente, uno de los mayores atractivos de la construcción: no intentar ser simplemente "el candidato de la derecha", sino construir una alternativa capaz de incorporar dirigentes provenientes del PRO, del peronismo no kirchnerista, del radicalismo y sectores empresarios. Una especie de centroderecha de geometría variable.

El desafío de competir contra Milei

La pregunta central es qué lugar podría ocupar Hadad en un escenario donde Javier Milei siga siendo el principal referente de la derecha argentina. Hadad no parece cuestionar todas las transformaciones económicas impulsadas por el Gobierno. Su crítica pasa más por el estilo, la confrontación y la idea de que el equilibrio fiscal, por sí solo, no alcanza para construir un proyecto nacional.

Su planteo apunta a una Argentina que necesita crecimiento, inversión, educación, desarrollo tecnológico y una épica política diferente. Ahí podría encontrarse el nicho electoral.

El eventual "hadadismo" buscaría representar a aquellos votantes que acompañaron inicialmente a Milei, comparten parte de su diagnóstico económico, pero no necesariamente quieren continuar con una política basada en la confrontación permanente. Sería una derecha más empresarial que partidaria, más institucional que disruptiva y más dialoguista que combativa.

Pero precisamente allí aparece el principal riesgo. Si Milei llega fortalecido a 2027 y conserva una base electoral amplia, Hadad podría terminar disputando un espacio demasiado pequeño. En cambio, si el Gobierno llega desgastado pero mantiene una importante porción del electorado de derecha, la aparición de una alternativa moderada podría adquirir mucho más sentido.

El verdadero problema: transformar contactos en estructura

Hasta ahora, el principal capital de Hadad es su red. Y también allí está su principal debilidad. Una cosa es reunir en una misma actividad a empresarios, dirigentes, jueces, sindicalistas y políticos de diferentes espacios. Otra muy diferente es convertir esa capacidad de convocatoria en una estructura electoral nacional.

Una candidatura presidencial necesita mucho más que reconocimiento público. Necesita dirigentes provinciales, intendentes, candidatos legislativos, fiscales, equipos económicos, equipos políticos, estructura territorial y una organización capaz de competir en todo el país.

Hadad tiene recursos, exposición y vínculos. Lo que todavía no tiene es un partido propio ni una estructura electoral consolidada. Ese será el verdadero test durante los próximos meses.

Si comienzan a aparecer dirigentes territoriales, referentes provinciales, equipos técnicos y operadores políticos trabajando de manera coordinada alrededor de su figura, la hipótesis de candidatura adquirirá otra dimensión. Hasta entonces, seguirá siendo una candidatura en etapa de exploración.

La mesa Hadad y una tercera vía que todavía no existe

La lectura más interesante de la rosca presidencial es que Hadad no parece estar intentando construir primero una candidatura para después buscar aliados. La secuencia podría ser exactamente al revés.

Primero construir la red. Después medir el espacio electoral. Finalmente decidir si esa red puede convertirse en una candidatura. En esa eventual mesa aparecen empresarios como Jorge Brito, operadores políticos de perfil transversal como Emilio Monzó, dirigentes con pasado peronista y macrista como Diego Kravetz, contactos con Mauricio Macri, vínculos con sectores cercanos a Sergio Massa y canales abiertos con referentes del oficialismo.

No significa que todos ellos formen parte de un armado común. Tampoco que exista una decisión tomada de competir en 2027. Pero sí revela algo políticamente significativo: Hadad logró construir un ámbito de interlocución al que llegan dirigentes que actualmente están enfrentados entre sí.

Y ese puede ser el verdadero experimento. En una Argentina acostumbrada a construir candidaturas desde partidos, sindicatos, movimientos sociales o estructuras territoriales, Hadad podría intentar algo diferente: empezar desde el poder de convocatoria de un empresario y transformar progresivamente esa red en una propuesta política.

Si lo consigue, la aparición de Daniel Hadad podría alterar el mapa de la rosca presidencial de 2027. Porque el verdadero desafío no sería solamente convertirse en candidato. Sería conseguir que aquellos que hoy se sientan en la misma mesa puedan, llegado el momento, sentarse del mismo lado de la boleta.

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