Historia | 16:16
Internacional
Jobbik, del ultranacionalismo a la marginalidad: la transformación de la derecha radical húngara
Volviendo desde la agenda regional...
El histórico partido ultranacionalista húngaro Jobbik atraviesa en septiembre de 2026 una etapa muy diferente de aquella que lo convirtió, durante la década de 2010, en uno de los principales exponentes de la derecha radical europea. La organización que alguna vez disputó el electorado nacionalista a Viktor Orbán y fue asociada con sectores de extrema derecha perdió buena parte de su peso electoral y hoy intenta reconstruirse como una fuerza nacional-conservadora, mientras que el espacio más radical quedó progresivamente en manos de Mi Hazánk.
El cambio no es menor. Jobbik nació como una expresión fuertemente nacionalista y antisistema y llegó a incorporar posiciones contra la inmigración, un discurso particularmente duro contra la población gitana y elementos que fueron denunciados como antisemitas. Su entorno también estuvo relacionado con la Magyar Gárda, la denominada Guardia Húngara, una organización de características paramilitares que fue disuelta judicialmente.
Durante años, esa identidad permitió a Jobbik crecer hasta convertirse en una fuerza electoral de peso. En las elecciones parlamentarias de 2010 consiguió alrededor del 16,7 por ciento de los votos y 47 bancas, mientras que en 2014 superó el 20. En 2018 volvió a ubicarse como segunda fuerza nacional en votos, aunque ya comenzaba a evidenciarse el proceso de transformación ideológica que terminaría modificando por completo su identidad política.
La gran paradoja de Jobbik es que su propia moderación terminó contribuyendo a la fragmentación de la derecha radical húngara.
La metamorfosis de Jobbik y la pérdida del electorado más duro
A partir de mediados de la década pasada, la conducción de Jobbik impulsó un proceso conocido como néppártosodás, una transformación destinada a convertir al partido en una organización más amplia, institucional y competitiva electoralmente.
El objetivo era abandonar las posiciones más extremas y presentarse como una alternativa nacional-conservadora capaz de disputar el poder tanto a Viktor Orbán como a los partidos tradicionales de la oposición. La estrategia generó fuertes tensiones internas porque una parte de la militancia consideraba que la conducción estaba abandonando las raíces originales del movimiento.
La transformación fue analizada posteriormente como uno de los casos más importantes de reconversión de una fuerza de derecha radical europea. Investigaciones recientes sobre la derecha radical húngara continúan utilizando a Jobbik como uno de los principales ejemplos de ese proceso de transformación, junto con la posterior aparición de Mi Hazánk como heredero de buena parte del espacio ultranacionalista.
El resultado terminó siendo particularmente complejo para Jobbik. Mientras intentaba correrse hacia posiciones más moderadas, una parte del electorado radical encontró nuevas opciones. Allí apareció con fuerza Mi Hazánk, el partido encabezado por László Toroczkai, que conservó una identidad mucho más dura y se convirtió en la principal referencia electoral de la extrema derecha húngara.
La situación quedó expuesta con claridad en las elecciones parlamentarias del 12 de abril de 2026. La formación de Péter Magyar, TISZA, consiguió una victoria histórica y desplazó a Viktor Orbán y Fidesz del Gobierno. Fidesz quedó con 55 bancas, mientras que TISZA obtuvo 138. En ese nuevo Parlamento, Mi Hazánk consiguió conservar representación con seis escaños.
Mi Hazánk ocupa el lugar que alguna vez tuvo Jobbik
El dato político más significativo para comprender la actualidad de Jobbik es que la derecha radical no desapareció de Hungría: cambió de partido. Mi Hazánk se convirtió en el principal representante parlamentario del ultranacionalismo húngaro. Durante la campaña electoral de 2026 fue presentado como una fuerza de derecha dura capaz incluso de transformarse en un eventual actor decisivo en la formación de mayorías parlamentarias.
Esta evolución permite distinguir dos fenómenos que muchas veces son confundidos desde fuera de Hungría. Por un lado está el Jobbik actual, que intenta consolidarse como una fuerza nacional-conservadora y democrática. Por otro, Mi Hazánk, que conserva buena parte de la identidad política radical que caracterizó al Jobbik de sus primeros años.
En consecuencia, hablar actualmente de Jobbik como "el partido ultranacionalista de Hungría" resulta históricamente comprensible, pero políticamente impreciso. El calificativo describe mucho mejor su pasado que su presente.
El propio recorrido electoral muestra la magnitud del retroceso. Jobbik había logrado más de un millón de votos tanto en 2010 como en 2014 y en 2018 volvió a ubicarse cerca del 20% en la elección de lista nacional. Para 2026, su influencia electoral se redujo drásticamente y el partido quedó relegado frente a las nuevas fuerzas que reorganizaron el sistema político húngaro.
Una derecha radical que sobrevivió a Jobbik
La historia de Jobbik, sin embargo, no puede interpretarse simplemente como la desaparición de la extrema derecha húngara. Lo que ocurrió fue una redistribución del espacio político. Parte del nacionalismo radical fue absorbido por Fidesz durante los años de gobierno de Orbán. Otra parte se mantuvo en Jobbik después de su transformación. Y un sector considerable encontró en Mi Hazánk una alternativa mucho más cercana al viejo discurso ultranacionalista.
La elección de 2026 terminó de consolidar esa nueva arquitectura. TISZA logró desplazar a Fidesz del poder con una amplia mayoría parlamentaria, mientras que Mi Hazánk sobrevivió como una fuerza ubicada claramente a la derecha del nuevo gobierno. Jobbik, en cambio, dejó de ser el gran protagonista de la disputa por el electorado nacionalista que había sido durante la década anterior.
En septiembre de 2026, por lo tanto, la noticia más importante alrededor de Jobbik no es el regreso de aquella organización ultranacionalista que alguna vez sorprendió a Europa, sino precisamente lo contrario: su transformación y pérdida de centralidad.
Durante la última semana no aparece un acontecimiento internacional de magnitud comparable a una ruptura partidaria, un cambio de liderazgo o un salto electoral que modifique esa tendencia. Las novedades más recientes se inscriben en una etapa de reconstrucción política y territorial, mientras que los análisis publicados durante 2026 continúan colocando a Jobbik dentro de la historia de transformación de la derecha radical húngara y a Mi Hazánk como su principal expresión ultranacionalista contemporánea.
El caso húngaro deja así una enseñanza política de alcance europeo: moderar una fuerza radical no necesariamente elimina el espacio que ocupaba. Puede abrirlo para que otra organización lo ocupe.
Eso es, precisamente, lo que ocurrió con Jobbik. El partido que alguna vez llevó el ultranacionalismo al centro de la política húngara intentó convertirse en una fuerza más moderada y competitiva. Pero mientras realizaba ese giro, perdió parte de su identidad original y dejó disponible un electorado que encontró una nueva casa política en Mi Hazánk.
En la Hungría de septiembre de 2026, Jobbik es entonces menos el símbolo de la extrema derecha que fue y más el ejemplo de lo que sucede cuando una fuerza radical intenta abandonar sus posiciones más extremas para sobrevivir dentro del sistema. Su historia continúa siendo relevante, pero el protagonismo de la derecha ultranacionalista ya pasó a otro actor.
