Opinión | 18:26
Crisis doctrinaria
La gran capitulación: cómo la socialdemocratización del peronismo engendró a Milei
El abandono del trabajo digno, la expansión industrial y la autonomía económica marcó una transformación del justicialismo hacia una lógica asistencialista y alejada de su doctrina histórica.
De
El trabajo digno y la expansión industrial dejaron de ser el eje vertebrador del justicialismo. La cultura del esfuerzo y el ascenso social mediante el empleo formal fueron erradicados y sustituidos por una lógica asistencialista que redujo al Estado a un mero gestor de la pobreza y distribuidor de anestesia social. La dirigencia contemporánea cometió la mayor de las traiciones doctrinarias: sustituyó el mandato de «gobernar es crear trabajo» por la contención social de la marginación.
Esta mutación ideológica desmanteló la matriz soberana del movimiento. Mientras la doctrina histórica exigía desarrollo industrial, autonomía económica e integración territorial, el peronismo en el poder capituló ante una socialdemocratización metropolitana. Se priorizaron agendas ajenas al interés de la clase trabajadora para complacer los consensos de usinas internacionales.
1. El vaciamiento doctrinario: del sujeto trabajador al cliente asistido
El justicialismo histórico construyó su legitimidad sobre una premisa ontológica: el sujeto político central era el trabajador organizado. El empleo no constituía solo una variable económica, sino también un vector de dignidad humana, articulación comunitaria y soberanía nacional. El Estado funcionaba como promotor del capital nacional y del desarrollo industrial masivo, garantizando que el ascenso social fuera el resultado directo del esfuerzo productivo dentro de la formalidad.
La deriva socialdemócrata invirtió esta ecuación. Al admitir implícitamente la incapacidad del sistema para generar empleo formal y productivo, la dirigencia contemporánea adoptó el modelo de la «red de contención». El sujeto central dejó de ser el trabajador en la fábrica para pasar a ser el beneficiario del plan. Esta metamorfosis transformó un movimiento de liberación nacional en una burocracia dedicada a administrar la escasez, institucionalizando la pobreza estructural como un dato permanente de la realidad, en lugar de considerarla un problema a erradicar.
2. La captura progresista metropolitana y la ajenidad territorial
La socialdemocratización del peronismo implicó también una colonización cultural. La agenda económica basada en la soberanía de insumos y energética, la infraestructura estratégica y la industrialización fue desplazada por el consenso de agendas globales redactadas en usinas metropolitanas y ONG internacionales.
Este desplazamiento generó un divorcio irreparable entre la conducción política y la base popular:
Desconexión valórica: mientras los sectores populares del Gran Buenos Aires y del interior profundo mantenían demandas concretas vinculadas a la seguridad, la estabilidad presupuestaria, la educación de calidad y el trabajo digno, la oferta política se concentró en batallas simbólicas de la clase media urbana.
Terciarización de la política: la intermediación de la política social quedó en manos de estructuras de movimientos sociales e interlocutores burocráticos que terminaron actuando como gestores de feudos asistenciales, obturando cualquier posibilidad de representación directa de los trabajadores informales.
3. La rebelión del trabajo informal frente al «Estado impeditivo»
En las últimas dos décadas, las transformaciones en la estructura productiva crearon una enorme masa de trabajadores informales, cuentapropistas, repartidores, choferes de aplicaciones y pequeños emprendedores. Para esta nueva clase trabajadora, la retórica del «Estado presente» se tradujo en una experiencia cotidiana diametralmente opuesta:
Supervivencia sin protección: el Estado no ofrecía salud ni educación de calidad, ni garantizaba seguridad en las calles, pero sí imponía un cerco regulatorio y tributario estrangulador.
Asimetría percibida: para el trabajador precarizado que sostiene su hogar mediante jornadas de doce horas sin subsidios, el modelo distributivo contemporáneo empezó a percibirse como un esquema extractivo: impuestos altos para financiar una casta de intermediarios y una estructura burocrática ineficiente.
El «Estado presente» dejó de ser visto como un escudo protector para convertirse en un obstáculo punitivo para el progreso personal.
4. El nacimiento de Milei como reacción dialéctica
Javier Milei no es un fenómeno exógeno ni un mero producto de las redes sociales; es la consecuencia dialéctica y el hijo no deseado de la capitulación socialdemócrata del peronismo.
Al abandonar las nociones de mérito, esfuerzo individual, producción, autoridad y soberanía monetaria, el peronismo le regaló a la derecha liberal el monopolio del discurso de la libertad y del trabajo. Milei logró capturar el resentimiento legítimo de los sectores precarizados que, asfixiados por la inflación constante y la falta de horizonte, vieron en la narrativa anarcocapitalista la única herramienta de impugnación contra un sistema que los condenaba a la subsistencia administrada.
La renuncia a la doctrina productiva generó un vacío ético y material. Al sustituir la justicia social basada en el trabajo por la caridad burocrática del Estado, el peronismo terminó pavimentando el camino para el desmantelamiento del propio Estado a manos de la propuesta ultraliberal.
