Política | 15:57

Interior del país

Marcos Juárez: el peronismo cordobés recuperó el Municipio y golpeó al símbolo del PRO

Germán Font se llevó la elección comunal.

El peronismo cordobés volvió a conquistar la Intendencia de Marcos Juárez después de 53 años, en una elección que tuvo como otro de sus datos salientes un récord de ausentismo. El triunfo de Germán Font, candidato de Generación MJ y dirigente cercano al gobernador Martín Llaryora, produjo además un fuerte impacto simbólico: el Municipio que en 2014 fue presentado como la "cuna de Cambiemos" dejó de estar en manos del espacio que durante más de una década convirtió a la ciudad en uno de sus principales bastiones.

Font se impuso con alrededor del 46,3 por ciento de los votos, muy por encima de Pedro Dellarossa, histórico dirigente de Propuesta Republicana (PRO) y ex intendente de la localidad, que obtuvo cerca del 20,2. En tercer lugar quedó Gerardo Pasquali, con aproximadamente entre el 16 y el 17.

El resultado adquiere una dimensión histórica porque un dirigente identificado con el peronismo vuelve a ocupar la Municipalidad de Marcos Juárez después de más de medio siglo. La última victoria del Partido Justicialista (PJ) en la ciudad había ocurrido en 1973, antes de una extensa etapa en la que el distrito quedó prácticamente fuera del alcance electoral del peronismo.

Sin embargo, la construcción electoral de Font tuvo una característica particular. No compitió formalmente con la tradicional boleta del Partido Justicialista ni bajo el sello Hacemos por Córdoba, sino mediante Generación MJ, una estructura de identidad local alineada políticamente con el cordobesismo que encabeza Llaryora. Luego de la elección, el gobernador felicitó al vencedor y ambos mantuvieron una conversación de cara a la transición municipal.

El resultado también estuvo condicionado por una marcada fragmentación del voto opositor. Dellarossa compitió desde Marcos Juárez Puede, mientras que Pasquali y otros candidatos representaron distintas alternativas. La Libertad Avanza (LLA), además, no consiguió convertirse en el eje ordenador del electorado no peronista.

A esa fragmentación se sumó otro fenómeno: la participación electoral fue particularmente baja. Sobre un padrón cercano a los 24.800 electores, la concurrencia se ubicó alrededor del 60-63 por ciento, según los datos difundidos durante el escrutinio, lo que marcó uno de los niveles de participación más bajos registrados en la historia electoral de la ciudad.

La caída resulta significativa si se la compara con la elección municipal de 2022, cuando había concurrido aproximadamente el 69 por ciento del padrón. En otras palabras, una porción considerable del electorado decidió no concurrir a las urnas, en una señal que puede vincularse con el desgaste político, el desinterés o las particularidades de una elección municipal desdoblada de los grandes comicios provinciales y nacionales.

Pero el dato que convirtió a Marcos Juárez en noticia nacional fue la dimensión simbólica de la derrota del PRO. En septiembre de 2014, Pedro Dellarossa había ganado la intendencia encabezando una alianza integrada por el PRO, la Unión Cívica Radical (UCR) y sectores del Frente Cívico. Aquella elección fue considerada por Mauricio Macri y sus dirigentes como una experiencia política decisiva: el macrismo demostraba que podía competir y ganar fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), articulando con el radicalismo y otros sectores opositores.

Macri viajó entonces a Marcos Juárez para celebrar personalmente el triunfo junto a Oscar Aguad. La ciudad comenzó a ser presentada como un laboratorio político y, con el tiempo, quedó instalada como la "cuna de Cambiemos" o el "kilómetro cero" del macrismo.

El simbolismo se profundizó en las elecciones presidenciales de 2015. Macri obtuvo allí alrededor del 47 por ciento en la primera vuelta y cerca del 71 en el balotaje frente a Daniel Scioli. Marcos Juárez se transformó así en una de las postales electorales más contundentes del ascenso del PRO y de la posterior construcción de Cambiemos.

Durante años, la localidad fue asociada directamente con aquella identidad política. Dellarossa se convirtió en una de las figuras del PRO cordobés y el municipio funcionó como una suerte de vitrina de la expansión territorial del macrismo. Por eso, la elección de 2026 produce una paradoja política difícil de ignorar: el mismo municipio que había servido como punto de partida para la construcción nacional de Cambiemos terminó siendo escenario de una derrota contundente de uno de sus principales referentes.

El peronismo cordobés consiguió recuperar el poder municipal después de 53 años y lo hizo en una elección en la que sus adversarios llegaron divididos. Font no necesitó reconstruir completamente la histórica estructura peronista de Marcos Juárez para imponerse: la combinación entre una candidatura local competitiva, el respaldo político del cordobesismo y la fragmentación del voto opositor terminó siendo suficiente para cambiar el signo político de la Municipalidad.

Para Martín Llaryora, el resultado representa también una victoria territorial de relevancia. Marcos Juárez es una ciudad vinculada a una región de fuerte actividad agroindustrial y con una tradición electoral históricamente distante del peronismo. Que una estructura cercana al gobernador haya conseguido quedarse con la intendencia fortalece al oficialismo provincial y le permite exhibir una nueva capacidad de penetración en territorios donde el PJ cordobés tradicionalmente tuvo dificultades.

De todos modos, el resultado debe ser interpretado con cautela. Se trató de una elección estrictamente municipal y Font compitió bajo una estructura local, no como candidato de una elección nacional. Por lo tanto, no puede trasladarse automáticamente el resultado hacia una conclusión sobre el comportamiento del electorado cordobés en una eventual elección provincial o presidencial.

La señal política, sin embargo, resulta imposible de ignorar. Marcos Juárez dejó de ser un bastión inexpugnable del espacio que alguna vez encabezaron Macri y el PRO. La ciudad que en 2014 fue presentada como el laboratorio donde nació la alianza que luego se transformaría en Cambiemos acaba de protagonizar el movimiento inverso: un triunfo del peronismo cordobés después de más de cinco décadas.

La fotografía electoral de 2026 muestra, además, un escenario político muy diferente al de 2014. El PRO ya no ocupa el mismo lugar que durante el ascenso de Cambiemos, mientras que La Libertad Avanza disputa buena parte del electorado que anteriormente se concentraba en el macrismo y en el radicalismo.

En ese nuevo mapa, la histórica identidad política de Marcos Juárez parece haber perdido parte de su capacidad para ordenar el voto. Y el peronismo cordobés aprovechó esa transformación para quedarse con un municipio que durante décadas había parecido fuera de su alcance.

El dato histórico queda así acompañado por otro de enorme valor simbólico: después de 53 años, el peronismo volvió a gobernar Marcos Juárez. Y lo hizo precisamente en la ciudad que había quedado grabada en la memoria política argentina como la cuna del proyecto que llevó al PRO desde una experiencia municipal cordobesa hasta la Presidencia de la Nación.

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